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Las mujeres abortan “con o sin permiso»: tres queretanas narran su experiencia

Reportaje: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Nadia, Teresa y Marcela narran a EnLaLupa.com como vivieron sus abortos fuera de Querétaro. Las 3 tuvieron acompañamiento y un trato médico digno y piden lo mismo para cualquier mujer que tenga que enfrentarse a la decisión de interrumpir un embarazo no deseado, porque las mujeres abortan “con o sin permiso, la pregunta es en qué condiciones lo hacen”.

Querétaro ocupa entre el 5 y 6 lugar nacional entre las mujeres que acuden a realizarse un aborto a la Ciudad de México, pero hay muchas más que lo hacen de manera clandestina con o sin asistencia médica por el miedo a ser procesadas. Ante la discusión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la despenalización del aborto, todas coinciden en que garantizar los derechos de las mujeres permite avanzar en la igualdad y la salud.

El activista del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) y la Red Nacional por la Justicia Reproductiva, Saúl Hernández, subrayó que Querétaro y Guanajuato se mantienen como los dos estados más restrictivos para la interrupción legal del embarazo con sólo 2 causales, cuando otras entidades tienen hasta 5.

Desde que se despenalizó el aborto en la Ciudad de México, en abril de 2007, a la fecha, más de 600 mujeres de Querétaro han acudido a las clínicas de ese lugar a interrumpir legalmente su embarazo “porque aquí no pueden ni siquiera por violación ni porque esté en riesgo su vida”. Esto supone un acto de discriminación y desigualdad frente a todas aquellas mujeres que no pueden asumir los costos de traslado o su alimentación.

“En México te imponen la maternidad”, lamentó Teresa. “Te condenan por ser mujer y por vivir tu sexualidad”, agregó Marcela. Para Nadia, despenalizar el aborto sacaría de la clandestinidad a muchas mujeres y generaría igualdad para todas, sin importar sus condiciones personales, porque “las mujeres abortamos, eso es una realidad, el problema es en qué condiciones lo vamos a hacer”.

La profesionista recién egresada

Nadia tenía 25 años cuando supo de su embarazo. Acababa de terminar su licenciatura, no vio posibilidades de recibir el apoyo de su familia y no tenía empleo. Tampoco sabía cuál sería el futuro con su pareja que también estaba desempleado. Encontró ayuda en una organización de Querétaro, la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos, donde le informaron que tenía diferentes opciones.

“Cuando tienes información sobre todas tus posibilidades es menos difícil tomar una decisión. Mi embarazo se dio en un momento muy complejo, te pones a pensar si la persona que viene en camino va a tener una vida digno a tu lado, tenía el apoyo de mi pareja y entre los dos decidimos que no podíamos tener un hijo, no recibíamos el apoyo de nuestras familias, hicimos un sondeo, tal vez hoy suene tonto, pero preguntamos en mi casa y en su casa qué pasaría si yo estuviera embarazada. Mi mamá contestó: no, tú estás loca, ¿cómo crees? Te irías de la casa. Lo mismo sucedió en su casa”, recordó.

Sin trabajo, Nadia se decidió por interrumpir el embarazo. “No quería pedir prestado para leche, para pañales o pedir regalada ropa. No es que no quisiera formar una familia, yo sigo con mi pareja, vivimos juntos, no era una relación pasajera y fue muy difícil, pero hasta hoy creemos que fue la mejor decisión, en ese momento sentíamos que estábamos solos y que no íbamos a tener qué ofrecerle”, insistió.

Nadia acudió a una clínica en Iztapalapa, en la Ciudad de México, donde recibió atención gratuita y mucha ayuda, aunque recuerda que en la entrada había mucha gente, “afuera te decían que no lo hicieras, que por qué ibas a matar a tu hijo, que Dios te lo mandaba por algo, pero en mi caso fue una decisión muy pensada, muy meditada, tenía 9 semanas cuando acudí a realizarme el procedimiento”.

Todo se realizó un día y en la clínica le informaron que pudo interrumpir el embarazo con Misoprostol, pero al final le hicieron una aspiración manual. Entró por la mañana y a la tarde pudo salir del lugar. Hoy tiene 36 años, su familia no sabe que pasó por un aborto y no se arrepiente, aunque a veces piensa que “si hubiera recibido una respuesta diferente de mi familia, tal vez habría tomado una decisión distinta, pero no me arrepiento de mi decisión, no me hubiera gustado que un niño pasara por una situación de necesidad, de carencia económica”.

Trabajan por abrir derechos

El activista de GIRE, Saúl Hernández, abundó que la Ciudad de México se convirtió en un espacio de seguridad para las mujeres que quieran abortar. Más de 600 mujeres de Querétaro ya lo hicieron con todo el acompañamiento necesario desde que se despenalizó el aborto en esa entidad, pero el costo del traslado supone, por sí mismo, una restricción para muchas otras.

“No es un gasto que todas las personas pueden hacer, hay gente que ni siquiera sabe que puede acudir a interrumpir el embarazo legalmente, porque no tienen acceso a internet o a la recepción de información, hablamos de personas en extrema vulnerabilidad, es muy grave lo que pasa aquí”, explicó.

La mayor parte de las mujeres que acuden a la Ciudad de México para interrumpir su embarazo oscilan entre los 25 y los 40 años de edad.  Este grupo de edad representa entre el 35 y el 40% de las mujeres que solicitan esta atención, aunque también hay adolescentes que van en compañía de un familiar, porque pueden efectuar el proceso sin necesidad de que vaya un padre o un tutor.

En Querétaro y Guanajuato sólo hay dos causales para interrumpir el embarazo: por alguna violación o por un accidente o imprudencia de la mujer, como una caída, así que Querétaro no tiene ni la causal de salud ni de riesgo a la vida, que son importantes y que la mayoría de los estados consideran, porque “si una mujer ve en riesgo su salud o su vida, no puede ejercer este derecho”. Tampoco se consigue, en la práctica, el respeto a la Norma 046.

“Hemos intento que se respete la Norma 046 que permite la interrupción del embarazo en caso de violación. Di una capacitación en el Hospital de Cadereyta sobre esta norma a personal de salud, con el propósito de darles a conocer esta norma, que incluso una adolescente sin autorización de su papá, mamá o tutor, pueden solicitar este derecho, sin la decisión de juez, sólo con decir que el embarazo es producto de una violación”.

El integrante de la Red Nacional de Justicia Reproductiva precisó que las mujeres sufren de violencia obstétrica y otras violaciones a los derechos humanos, que incluso “pueden sentirse como tortura”, porque se les dan malos tratos, ni se les da nada para el dolor o sufren de algunas situaciones más graves.

En la entidad hay dos mujeres sentenciadas por el delito de aborto, aunque las cifras son opacas en Querétaro y otras organizaciones señalan que otras 3 mujeres enfrentan procesos legales por delitos relacionados, como homicidio calificado, o bien por homicidio por parentesco, como sucedió con Dafne McPherson en San Juan del Río, lo que implica violaciones a sus derechos reproductivos.

Dafne McPherson, al salir de prisión

Abortar en Estados Unidos

Teresa tenía 23 años y apenas 11 meses de casada. Utilizaba métodos anticonceptivos y en aquel momento vivía en Estados Unidos, donde su esposo estudiaba un doctorado. Cuando se dio cuenta de que estaba embarazada y que no tenían dinero, acudió a las clínicas de ese país que encontró en el directorio.

“Así como buscas un dentista, puedes encontrar una clínica sin problema. Platiqué con mi esposo, él apoyó mi decisión, yo pude continuar con el embarazo pero hubiera sido muy complicado, estábamos en una situación económica muy mala, él habría dejado el doctorado o yo me hubiera tenido que regresar a México”, explicó.

Cuando platicó su decisión, muchas de las mujeres que conocía le confiaron que también ellas habían abortado y ahí entendió la diferencia entre crecer en un país donde este es un derecho reconocido y otro país donde no se permite, “ahí me di cuenta cómo en México te imponen la maternidad y en Estados Unidos están las clínicas con toda seguridad”.

“Sólo una de las mujeres con las que platiqué me dijo que no debió hacerlo. Para mí, entre las mejores decisiones que he tomado en mi vida están haberme casado cuando me casé, haber tenido a mis dos hijos en el momento correcto y haber tenido ese aborto, no me arrepiento en lo más mínimo, porque tomar esa decisión me permitió vivir como vivimos ahora, pudimos viajar, somos felices”, añadió.

De regreso a México, se cuestionó cómo las mujeres con recursos económicos pueden interrumpir su embarazo sin problema alguno, incluso con acompañamiento, pero a muchas otras mujeres que no tienen esa misma oportunidad financiera, se les condena a continuar con un embarazo que no desean.

“Aquí te imponen la maternidad y la ven como un castigo a la sexualidad, aquí te dicen que para qué abrías las patas si no querías un bebé y aunque así fuera, nadie tiene por qué meterse a decirte cómo vives con tu cuerpo y cómo vives tu maternidad si quieres vivirla”, recalcó.

La quinceañera

Marcela tenía 15 años cuando se embarazó de su primer novio. Tenía miedo de lo que sucedería en su casa donde sus padres se estaban divorciando. Como una ayuda inmediata, la mamá del novio alistó todo para que Marcela se fuera a vivir con ellos en caso de que la corrieran a su casa.

Se sentía abrumada porque no quería tener un hijo. “Era una niña, de verdad yo era una niña. No pensaba estar viviendo en la casa de mis suegros, no quería casarme, así que me armé de valor y hablé con mi mamá y le dije lo que pasaba y que no quería ese bebé”, confesó.

Sin dudarlo, su mamá la acompañó a la Ciudad de México. Se fueron muy temprano y por la noche estaban de regreso. En la clínica le explicaron que tenía otras opciones, también le hablaron del procedimiento que iba a enfrentar. Su mamá le ofreció todo el apoyo si quería quedarse con el bebé, pero decidió terminar con el embarazo.

Cuando volvieron a Querétaro, tuvo que escuchar reiteradamente cómo su novio amenazaba con denunciarlas y las acusaba de matar bebés. “Él y su familia decían que éramos asesinas, que me hubieran abortado a mí, para mi mamá no era fácil, para mí menos, pero ella me ayudó y se lo agradezco”, subrayó.

Su papá se enteró entonces de lo que sucedió y estaba molesto, “muy enojado, incluso quiso culpar a mi mamá”, pero no cambió lo que Marcela sentía. En su interior, tomó la decisión correcta y hoy está por terminar su carrera universitaria.

“No está bien que te quieran obligar a continuar con un embarazo que no quieres, que te obliguen a volverte mamá, nos dejan solas, nos condenan solas. Yo tuve el apoyo de mi mamá, pero si no lo hubiera tenido, estaría criando un niño y no hubiera podido seguir estudiando, mi novio de entonces claro que iba a poder estudiar, yo no, te condenan por ser mujer”, agregó.

Las mujeres abortan, con o sin permiso

El activista Saúl Hernández señaló que la conformación actual de la Suprema Corte de Justicia de la Nación es compleja, pero hasta ahora los amparos reconocen que se violentan los derechos humanos de las mujeres cuando se prohíbe la interrupción del embarazo cuando ellas lo deciden, más cuando se trata de violaciones o embarazos no deseados.

“La SCJN ya se ha pronunciado, ahora hablamos de despenalizarlo hasta las 12 semanas a nivel federal, aún así tendríamos que ir por cada código, por cada entidad, pero la decisión de los ministros es fundamental para impugnar y lograr la inconstitucionalidad de los códigos locales, para los activistas sería más fácil impugnar los códigos penales que son obsoletos y que son omisos al castigar la interrupción legal del embarazo”, insistió Hernández.

Nadia consideró que las mujeres no necesitan un permiso para practicarse el aborto. Ya lo hacen, eso sucede, así que “el problema no es si lo haces o no, el problema es en qué condiciones lo vas a hacer, eso es una realidad, las mujeres en Querétaro, en México o donde sea, abortan, interrumpen sus embarazos, yo pude hacerlo en condiciones óptimas, no puse en riesgo mi salud y eso es lo que garantizaría la Corte, que las mujeres que no pueden pagar un médico particular, no pongan en riesgo su vida”.

Teresa resaltó que permitir la interrupción legal del embarazo acaba con la criminalización de la sexualidad de las mujeres. “No es una decisión fácil, por supuesto que no la es, sobre todo cuando crecer oyendo sobre las madres buenas, claro que hay riesgos. Uno de cada 4 embarazos se pierde de manera espontánea, pero México es tan misógino que ha llevado a la cárcel a mujeres que abortaron de manera espontánea o dieron a luz en condiciones adversas y el bebé murió y si por esa situación va a haber una sola mujer en la cárcel, debemos eliminar el delito por completo”, consideró.

Marcela puntualizó que despenalizar el aborto daría oportunidad a muchas mujeres de tomar las decisiones correctas y sin miedo. “Lo que te pesa es la condena de los demás, lo que te dicen que eres porque terminaste con tu embarazo, pero sólo tú sabes si fue la decisión correcta. Lo único que cambiaría es que hubiera podido hacerlo aquí”, añadió.

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