Luis Tamayo Pérez - Ecosofia

Construyendo autonomía social (VIII): La formación ciudadana – Luis Tamayo Pérez

Desaprender la costumbre de la sumisión.

 Desaprender la costumbre.

Desaprender.

Jorge Riechmann[1]

 

Introducción

Nos enseñó Dany-Robert Dufour que el ser humano, ese “aborto de simio”, ese “neoteno”, es una especie que requiere ser educada.[2] En la tierra existen otras especies que, desde su nacimiento, saben todo lo que tienen que saber, y actúan, por ende, solamente por instinto. Eso no funciona para la especie humana. Sobrevivir en las complejas sociedades humanas requiere someterse a un, más o menos largo, proceso educativo. La educación optimiza el espacio, organiza y permite que vivamos un número mayor juntos. Puede ser maravillosa, además.

Educando hombres malos o buenos

Dependiendo de la manera como se haya definido al hombre –como “bueno” o “malo” “por naturaleza”—se abrieron, en la larga historia de la educación, dos grandes vertientes. La primera, que considera al hombre “malo por naturaleza”, “pecador” o “salvaje”, derivó en lo que se define como la educación autoritaria o “tradicional”.[3] En ella, la sociedad y su representante –el maestro— saben exactamente lo que el alumno debe hacer, las actividades que debe desarrollar, las materias que debe cursar, el tiempo que cada una requiere, etcétera y, sin pudor alguno, somete a los estudiantes,[4] a golpes si es necesario. En el segundo modelo –el cual es representado por el Rousseau histórico o en la “educación de la vida”—, que considera al hombre “bueno por naturaleza” y a la educación tradicional como terrible y castrante, el maestro opta por sólo acompañar al estudiante en su propio desarrollo, sin interferir, sólo, en algún caso, interviniendo mediante el regalo de su propia experiencia.

Ambos modelos educativos han sido fuertemente criticados en el curso de la historia. El primero por autoritario, repetitivo, enajenante y capaz de generar monstruos o locos.[5] El segundo modelo ha sido criticado por permisivo y por generar sujetos irrespetuosos, pedantes y falsos innovadores.

Existe, afortunadamente, un tercer modelo, el cual fue viene construyéndose gracias al aporte de numerosos teóricos, entre los que se encuentran Rudolph Steiner,[6] Laurent Cornaz,[7] Mosse Jorgensen,[8] Enrique Pichón-Rivière,[9] Jean Piaget[10] y quien estas líneas suscribe.[11] Tal modelo podemos denominarlo como “la enigmática”, pues se trata de una educación basada en la presentación de enigmas. En tal modelo, el alumno es conminado a “asumir responsablemente su deseo”, a reflexionar sobre el sentido de su existencia y a desarrollar sus potencialidades, en un ambiente de colaboración y respeto. En la actualidad hay incluso países que forman a sus ciudadanos con base en algunos de los principios de este modelo educativo: Finlandia, Bután, incluso en la formación Zen. Pero, antes de profundizar en ello, tratemos de la situación educativa de nuestra nación.

La crisis educativa mexicana

Todos sabemos que, en nuestro país, pasan las décadas y la educación de nuestros niños y jóvenes no mejora.[12] La deserción escolar se ha convertido en una plaga en vastas regiones y buena parte de nuestros maestros se han convertido en asiduos de marchas y plantones donde se quejan, sea de su situación laboral concreta –salarios, carga laboral y demás− o de la Reforma Educativa en turno. Asimismo, los alumnos se ven cada día menos atraídos por la escuela, la cual deja mucho que desear y ya no es el principal instrumento de mejora social. Nuestra educación es, generalmente, muy ineficiente[13] y los intentos por modificar tal estado de cosas, además, son pobres y aislados.[14]

La carencia de recursos para apoyar al sector educativo es otro gran problema de nuestra nación: no hay suficientes escuelas, ni becas, ni universidades, la capacitación de los profesores tampoco es la mejor y el apoyo que nuestros gobiernos han dado a ese ámbito ha sido, a pesar de los esfuerzos, también insuficiente.

Pero el problema no es sólo económico. Es también sociopolítico: la escuela tradicional, como bien denuncia Louis Althusser,[15] es un Aparato Ideológico del Estado que tiene la encomienda de generar el ejército de reserva industrial que la economía neoliberal requiere. No por otra razón intelectuales de la talla de Iván Illich llegaron a recomendar a los gobiernos, incluso, retirar su apoyo a la escuela pública por su carácter de reproductora del injusto estado de cosas existente.[16]

Existe, además, otro problema: la educación, como bien indicó Freud, es una “profesión imposible”,[17] lo cual se aprecia con mayor claridad en la educación de adultos: ¿quién es el que puede, con verdad, asumirse como el poseedor de las certezas que los demás deben sólo repetir? ¿Quién es capaz de imponerse de esa manera sin convertirse, ipso facto en un tirano o un loco? En un mundo republicano o democrático la posición del maestro no se aprecia sencilla.

Las denuncias a la educación “tradicional” en México y el mundo son ciertamente muy valiosas, sin embargo, considero que los problemas de la educación mexicana no son sólo económicos, sociopolíticos o interpersonales.

Desde mi punto de vista, el problema de la extinción del asombro y, por tanto, del deseo de saber –y sobre todo en los niveles básico y medio superior—, comparte el mismo grado de gravedad y, de no ser resuelto, aun si se contase con los recursos económicos correctos, la educación no mejorará sustancialmente. Es muy importante lograr que la escuela recupere su magia.

La educación pensada como una mera transmisión de saberes sólo funciona cuando se trata de reproducir al ejército de reserva industrial, cuando sólo queremos generar repetidores. Si deseamos generar entidades pensantes se requiere un modelo educativo enteramente diferente, uno donde, gracias a la práctica de la enigmática, el alumno se convierta en un discípulo. Sólo así llegará a ser, verdaderamente, un maestro.

Por otra educación

Aprender

de los estorninos

la alegría de volar juntos.

Jorge Riechmann.[18]

Desde mi punto de vista, es evidente la necesidad del cambio de modelo educativo. Ello es así porque los seres humanos, en la actualidad, hemos, como bien indica Heidegger, “perdido mundo”,[19] es decir, avanzamos desorientados en la vida, tampoco comprendemos nuestra casa (la tierra) ni sus límites planetarios, ni sus sistemas y subsistemas. Tampoco nos conocemos a nosotros mismos y las religiones nos entregan falsas esperanzas: nos confunden al decirnos que debemos dejar todo “en manos de Dios”, pues, cuando llegue la crisis, “él proveerá”.

Una verdadera educación, la propia de una sociedad convivial, no puede sino enseñar a actuar, a limitarse (decrecer) para convivir con otros, a solidarizarse, a pensar en el otro y “ponerse en sus zapatos”, a ser empático, a humanizarse.

Otro elemento clave es el de educar con mirada apreciativa,[20] reconociendo que el otro, el discípulo, no es estático,[21] apreciando lo que puede llegar a ser, es decir, mirando a nuestros discípulos como los seres en los que deseamos se conviertan: en los mejores acompañantes en el viaje de la vida que podamos encontrar. Educar al otro de esa manera implica comenzar a producir el mundo que soñamos.

Lograr que sea “posible” una “profesión imposible”, requiere la presencia y actividad del otro –el educando−, eso que en el psicoanálisis se denomina “transferencia” y en la educación es el “diálogo crítico”, algo muy difícil de lograr en el modelo educativo predominante en la actualidad.

La enigmática que proponemos es una educación que opera planteando diferentes retos –enigmas— a los alumnos. Algunos de ellos son físicos –controlar esfínteres o abrocharse las agujetas, por ejemplo, elementos clave del desarrollo psicomotor en la infancia— otros son intelectuales –comprender en qué consiste la libertad o la manera como interactúan los ecosistemas—, todo lo cual tiene como objetivo estimular la innata curiosidad del ser humano, su gusto por comprender cosas nuevas. Como bien decía Piaget “aprender es reinventar”:[22] otorga un enorme placer ir redescubriendo, poco a poco y gracias al propio esfuerzo, las leyes que gobiernan al universo, a nuestro planeta, a nuestra sociedad, a nuestro organismo y nuestra alma (psyché).

La enigmática es un tipo de educación que pretende generar aprendizaje verdaderamente significativo en alumnos que, gracias a que no “perdieron mundo”, no pueden sino comprometerse con la resolución de los graves problemas que atraviesa nuestra nación (pobreza, inseguridad, impunidad, carencia de mirada de largo plazo), así como los que compartimos con el mundo entero (calentamiento global antropogénico, contaminación, pérdida de mundo, estupidización generalizada, abuso corporativo).

La mirada transdisciplinaria, esa a la que nos han acostumbrado los estudios de la complejidad, es también una herramienta indispensable para la enigmática. El proverbio de que “juntos lo podemos todo” es particularmente válido en esta forma de educación.

Conclusión: recuperando la magia de la escuela

La importancia de formar a la ciudadanía en la manera de recuperar su mundo, y esto no sólo en el terreno de la ciencia y la técnica, sino en el conocimiento de sí y el sentido de la existencia, es clave para escapar de la esclavitud y la estupidización reinante en el mundo moderno.

La educación puede ser un elemento clave en la formación ciudadana, en el cambio social. Desgraciadamente, la educación en el mundo actual, el dominado por las corporaciones, apunta a generar técnicos hiperespecializados que consideran degradante intervenir en los problemas de su polis (la participación política), adultos “disciplinados”, “exitosos” y workaholics[23] en el futuro.

Una educación basada en la enigmática, por conservar vivo el deseo de saber de los discípulos, desarrolla otras virtudes: la visión holista del mundo, la recuperación del mundo —el “despertar”[24]—, el hallazgo del sentido de la vida, la importancia de la participación política y la convivialidad, todo lo cual implica recuperar algunos valores y estrategias de los pueblos originarios: el potlatch,[25] el ubuntu,[26] el tequio,[27] la solidaridad.

La enigmática también permite recuperar la magia de la escuela, volver a hacer de ella un espacio de descubrimiento, tanto del mundo como de sí. Pues la escuela, en tanto remanso después del negocio,[28] es el mejor lugar que podemos encontrar para la contemplación, para el encuentro con otros apasionados por el saber.

La enigmática, por su naturaleza, tampoco puede dejar de contemplar una serie de principios clave para poder alcanzar la equidad, justicia y sostenibilidad humanas: biomímesis, ecoeficiencia, autolimitación, precaución, unidad con el otro y el mundo, justicia socioambiental, economía de ciclo corto, paternidad responsable y autonomía solidaria.[29] Todos ellos realizables a cabalidad solamente, como bien indica el Dr. Jorge Riechmann, en un estado ecosocialista.[30]

Sólo las comunidades autónomas que, a la vez, operen de manera solidaria gracias a una ciudadanía comprometida y participante, podrán mantener una calidad de vida digna en las décadas venideras, en las cuales la crisis socioambiental se agravará y condenará a naciones enteras al hambre y la desolación.

Luis Tamayo Pérez

[1] Riechmann (2012). Poemas lisiados (2009-2012). Madrid: La oveja negra.

[2] Dufour (1999). Lettres sur la nature humaine à l’usage des survivants. Paris: Calmann-Levy y Dufour (2003). L’Art de réduire les têtes, Paris: Denoël.

[3] Schatzman, M.(1985). El asesinato del alma. México: Siglo XXI.

[4] Al respecto no podemos sino recordar la multicitada frase de Paulo Freire: “lo primero que aprende un niño en la escuela es a someterse” (Pedagogía del oprimido, 1980).

[5] Ibidem.

[6] El fundador de las escuelas Waldorf.

[7] Cornaz, L. (1998). La escritura o lo trágico de la transmisión. México: Epeele

[8] Cfr. Jorgensen, M. (1980). Una escuela para la democracia. Barcelona: Laertes.

[9] El fundador de la Primera Escuela Privada de Psicología social de Buenos Aires.

[10] Cfr. Piaget, J. (1979). ¿Adonde va la educación? Barcelona: Teide.

[11] Tamayo, L. (2004). El discipulado en la formación del psicoanalista. México:ICM/CIDHEM.

[12] Desde hace más de veinte años años, la educación mexicana, según la prueba PISA (Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos), ocupa el último lugar entre todas las naciones incorporadas a la OCDE. Y esto no es nuevo como informan numerosos estudios. Cfr. Guevara Niebla, G., La catástrofe silenciosa, FCE, México, 1992; Manacorda, M., Suchodolski, B., La crisis de la educación, Ediciones de Cultura Popular, México, 1975.

[13] Eso pude verificarlo personalmente. A finales del siglo pasado realicé una investigación en la UNAM para investigar la prevalencia de los conocimientos obtenidos en el bachillerato en los alumnos de los últimos años de la universidad. En consecuencia, y luego de realizar un cuidadoso muestreo y construcción y pilotaje del instrumento de evaluación, se aplicaron exámenes sobre cinco ámbitos clave: español, matemáticas, biología, fisicoquímica e historia. El resultado fue trágico aunque predecible: la calificación promedio fue de 1.8 en una escala de 10. Esa cifra, sinceramente, nos asombró pues nosotros esperábamos un cero. Al verificar con cuidado los datos nos dimos cuenta de que… los estudiantes de medicina respondían bien a las preguntas de biología, los futuros ingenieros las de matemáticas, etcétera, es decir, que nuestra prueba no estaba evaluando los conocimientos de la prepa sino ¡los que habían recibido ya en la universidad! Para corregir ese error se efectuó una segunda aplicación del instrumento. En ella se evaluó a personas que habían terminado la preparatoria pero no habían realizado estudios universitarios… también se tomó en cuanta el tiempo: debían haber pasado al menos cuatro años de que hubiesen culminado el bachillerato. En esa ocasión la calificación promedio fue, como esperábamos, de prácticamente de cero (0.2). Para revisar este estudio con mayor detalle cfr. Tamayo, 2004, Cap. 1.

[14] Al respecto no sobra mencionar los loables esfuerzos de las escuelas Waldorf, los bachilleratos internacionales o las escuelas que adoptaron la técnica de los Grupos operativos en sus programas de enseñanza (TAIGO, EIDAC, el CISE/UNAM y la UAM-X a fines del siglo pasado, así como, más recientemente, el Posgrado en enseñanza superior de El Colegio de Morelos en los años en los que me hice cargo de tal institución).

[15] Althusser, L. (2003). Ideología y aparatos ideológicos del estado (1ª ed. 1970). Bs.As: Nueva visión.

[16] Illich, I. (2011). La sociedad desescolarizada (1ª ed 1971). Bs. As.: Godot.

[17] Freud en su ensayo de 1937 “Ánálisis terminable e interminable” indicó la existencia de tres “profesiones imposibles”: educar, gobernar y psicoanalizar.

[18] Riechmann (2012).

[19] Heidegger, M. (1983). El ser y el tiempo (1ª ed. 1927), México: FCE.

[20] Cfr. al respecto la conferencia de Alex Rovira: https://www.youtube.com/watch?v=zv2j59sVMUM&t=662s

[21] Nunca olvidemos que somos tiempo, como bien indicaba Heidegger (Sein und Zeit, 1927).

[22] Piaget (1979).

[23] En buen castellano: “adictos al trabajo”.

[24] Cfr. Tamayo, L. (2016). El despertar, un teple de ánimo fundamental, en Temple de animo y filosofia de Ricardo Gibu y Angel Xolocotzi (Coords) (2016), México: Aldus.

[25] El Potlatch era una práctica donde, una vez al año y entre danzas rituales, los principales del pueblo regalaban –o destruían— sus pertenencias. Fue prohibida por la Indian Act de los USA y Canadá de 1884 por ir en contra del “espíritu capitalista”. En 1921 había una veintena de indígenas en prisión por no acatar el mandato. Cfr. https://www.labrujulaverde.com/2017/04/potlatch-la-fiesta-india-en-la-que-los-ricos-regalaban-sus-pertenencias-y-fue-prohibida-por-anticapitalista

[26] El Ubuntu forma parte del mapa conceptual de la filosofía zulú/xhosa y es su manera de decir la unidad con el otro: “soy porque todos somos”, “si todos ganan yo gano”, “todo lo mío es de todos”. Cfr. El artículo “Ubuntu: yo soy porque nosotros somos” de Mar Rovira, 2015: http://running.es/psicologia/ubuntu-yo-soy-porque-nosotros-somos

[27] El Tequio es una práctica común de los pueblos de Mesoamérica. Gracias ella los habitantes de una comunidad se obligan a la solidaridad con sus congéneres: tanto en la recolección de las cosechas como en la construcción de edificaciones para el bien común e incluso del familiar.

[28] No olvidemos que, etimológicamente, el vocablo “escuela” proviene del griego scholé (ocio).

[29] Vide Tamayo, L. (2017). Aprender a decrecer 2.0. México: ULSAC/ColMor.

[30] Riechmann, J. (2012). El socialismo puede llegar sólo en bicicleta. Madrid: Catarata.

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