Julio Figueroa - Vistas

Diálogo con los muertos y los vivos – Julio Figueroa

Pasión crítica:

–El escritor no es el servidor de la Iglesia, el Estado, el partido, la patria, el pueblo o la moral social; es el servidor del lenguaje.

–¿Y qué diablos es el lenguaje sin el mundo y los otros?

–No es una abstracción; es el movimiento, el cambio, la vida.

Quiero contradecirlo y siempre que voy a él salgo enriquecido.

–Hay que escribir frente a algo, el ruido, la ciudad, los árboles… la literatura es una transgresión.

El silencio interior es un don y un regalo de los dioses. “Para hablar aprende a callar”.

Casi diario veo dos o tres películas y quedo conmovido con otros mundos y otros tiempos. ¿Nada ha cambiado? ¿Todo sigue igual? ¡Todo ha cambiado y las pasiones y los problemas humanos permanecen!

Tenía que ir al centro, y fui. Tenía que ir al norte, y fui. Tenía que ir al sur, y fui. Sábado, domingo y lunes. Sabiendo que era inútil. No encontré nada. Y sin embargo valió la pena. Palabra de palabrero. Era necesario usar ese tiempo y ver esos sitios.

¿De qué trata la vida, señor? De no perderle el sabor, encontrarle un sentido y tener recursos suficientes.

Ando con Godard en la cabeza y sus dos Anas. Los quiero a los tres y me duelen. Ando como de luto, con un pésame hondo. ¿Qué veo en ellos? Mi juventud muerta. La primera Ana murió a los 79 años, apenas el año pasado. La segunda murió a los 70, antes. Godard sigue vivo y tiene 89. ¿De dónde nace este malestar profundo? “Es la hendidura de la vida”.

Godard se perdió con la Revolución China de Mao y yo me salvé con la democracia crítica de Octavio Paz. Claro, las cosas son más complejas y no tan simples. ¿Me salvé? ¿Se perdió?

Nada como chelear caminando a orillas de la playa llamada Colima, Jalisco, México, Querétaro, y otros lares. Bajo el ardiente sol de verano, los pensamientos y los gustos.

Qué carrera loca sin moverte. Hago la comida. Es la carrera de mi vida.

¿Tienen consistencia tus tonterías? No sé.

¿Tienes muchas dudas? Sobre todo de mí.

¿Crees en algo? En la vida.

No tienes por qué huir ni a dónde huir. No.

Entrampado en tus propias redes. Sí.

El extraño poder existe. Sí, existe.

La impotencia de tu potencia creadora. Es real.

Inteligente sería recogerte y acogerte en otra parte. No hay otra parte.

De la luz a la oscuridad a la media luz a la media sombra.

No reveles nada. No escondas nada. No digas nada.

Diálogo del palabrero con el palabrero.

Brillante el joven analista político José Ramón López Rubí Calderón.

En tres palabras expone las falsedades sobre el tiempo político mexicano de ayer y de hoy.

Pregunta, estimado José Ramón (a quien conocí gracias a Rogelio Villarreal):

–Algo había antes en los tiempos del PRI y del PAN, algo hay ahora en el tiempo de Obrador. José Ramón, ¿qué política de gobierno teníamos antes? ¿Qué política tenemos ahora?

Braulio Peralta y su clara sencillez consistente y picante, nada ingenua.

Querido Braulio, a mí nunca me ha caído mal Obrador, y sin embargo cada vez lo repruebo más, como ciudadano. Entiendo que su pelea con el poder no es fácil; pero ahora él es el poder. Al menos por ahora, el patriarca del poder. ¿Cuál es nuestro poder ciudadano frente a los monstruos del poder: el Capital y el Estado? Fue uno de mis temas con Paz cuando leí su Ogro filantrópico. Le decía que los simples ciudadanos vivíamos entre dos monstruos, no sólo bajo el yugo de uno. ¿Qué crees tú? No odio ni al capital ni al Estado. Con mis saludos de luz ciudadana.

Terminé de comer. Garabateo algunas notas. Bebo mi café. Tomo un pequeño libro que tengo a la mano. Lo abro.

–Lo que es largo y difícil es ponerse en el estado de ánimo adecuado, crear la atmósfera de lo que se va a escribir. Jules Renard, Diarios, 1894.

–Octavio Paz hablaba de encontrar la hora propicia para hacerlo. La hora mágica que produce el ánimo adecuado. El instante luminoso, volátil y eterno.

–Antes tenía el miedo de la acción peligrosa. Hoy tengo el gusto de no hacer nada, el gusto de la inacción.

–Octavio prefería conversar a escribir.

–Hay que vivir para escribir, y no escribir para vivir.

–¡Pues vaya que vivió y sufrió Octavio, los más altos reconocimientos y los más terribles dolores humanos! ¡El rencor de la grandeza! ¡Mira a José Agustín, postrado, el de la narrativa chisporroteante!

–¿Comprender la vida o amarla? Las tres cosas.

–Mirar las cosas complejas con una mirada fresca de asombro.

–Como mirar tu ignorancia y reconocerla.

–Reconocer el bien que te han hecho al no hablar ni bien ni mal de ti.

–Eso es el silencio, saborear la libertad, tonto.

–No te desboques. No te contengas. Pelea con tus dudas. Convive con tus sombras.

–Sufrir la soledad y sufrir la gente.

–Saber admirar el trabajo ajeno y decirlo. Sostener la mirada crítica.

–Abrir las ventanas es mejor que romperlas o tapiarlas.

–Nacido para escribir hojas sueltas.

–La energía que he perdido, la tenía en exceso. Me las arreglo bien. Más te vale, palabrero.

–Callar y hablar, hablar y callar, es el péndulo entre el silencio, la palabra y el silencio.

–Y amén. Pero antes…

–Diálogo con los muertos vivos en sus palabras. Las enseñanzas de JEP. ¡Hay tantos muertos vivos en sus diarios y libros! Y vivos muertos todavía vivos…

–No hablar demasiado, no callar demasiado, correr riesgos.

–Los muertos sólo dejan de estar; eso es todo. Vivir es estar. Saber estar, hacer y pasar.

–Jules Renard en sus diarios y Octavio en sus versos e ideas.

“Plegaria del alba”, JEP:

–Lo único verdaderamente nuestro es el día que comienza.

–¿Y luego? “La edad de las tinieblas”.

Amén.

Aprovecha el día. Carpe diem. Aprovecha el día. / No esperes el mañana. / Recuerda que morirás. “La sociedad de los poetas muertos”.

Amén.

Julio Figueroa

juliofime@hotmail.com

 

 

 

 

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