Historias de la Metrópoli

Mi primera vez en un antro gay queretano

Crónica: Felipe Zamarripa/EnLaLupa.com

-¿Tienes lugar a las cinco de la tarde?

-Si, claro

-Perfecto, ¿qué necesito para apartar?

-Tu nombre nada más

-Felipe

-Muy bien Felipe, nos vemos mañana a las cinco. Gracias.

Eso fue todo. Así inició mi aventura en un lugar discreto de encuentros entre hombres, con un intercambio de mensajes en un chat; y obvio no dejé de pensar en aquello a lo que me iba a enfrentar, viví toda la escala de emociones que hay entre la alegría y el temor, pasando por la euforia.

Al día siguiente estuve a punto de no ir, el temor a lo desconocido me hacia pensar dos veces y aún cuando iba en el camión pensaba que no iba a entrar a esa casa, que me iba rajar, que era mejor irme a unos tacos que me quedaban de camino. Eso estuve pensando también mientras pasaba por enfrente del lugar, y cuando toqué la puerta creo que se oía más mi corazón que el timbre.

Me abrió un joven muy agradable, moreno rizado. Su voz era tranquila como el ambiente que se percibía al entrar, y me pidió que me pusiera alcohol en las manos mientras me explicaba las reglas: hay dos cuartos, uno con videos y el otro era el oscuro; para entrar hay que dejar la ropa, la cartera, llaves y celular en resguardo, y sólo se puede pasar en ropa interior y zapatos.

Así que me quedé en calzones, calcetines y zapatos, ya me sentía más tranquilo y, si no del todo decidido, al menos ya ahí me iba a dar la oportunidad. Entré al primer cuarto, en el que pasaba un video bastante cachondo entre dos hombres, pero fuera de eso no veía nada. Como perro lampareado, mis ojos que venían de la calle tardaron mucho en acostumbrarse a la oscuridad, y me daba miedo chocar contra las paredes o contra alguien que estuviera ahí.

¿Cuáles son las reglas de etiqueta? No sabía, y no se me ocurrió preguntar. Caminé de frente con los brazos extendidos para tratar de no pegarme con nada, guiándome un poco por la luz que salía de la pantalla, y llegué a la puerta que daba al cuarto oscuro, sin que pudiera distinguir a nada ni si había alguien más ahí.

Me regresé al cuarto de los videos y noté que había unas bancas, ahora si pude ver que había otros hombres, tal vez unos cuatro. Me senté en una banca y no supe qué hacer así que me puse a ver hacia la pantalla. La película estaba buena pero mis nervios no me dejaban reaccionar como hubiera querido.

Los otros estaban sentados, nadie hablaba ni se tocaban entre sí. Algunos otros fueron entrando y pasaban como si no vieran a nadie más, igual y también estaban lampareados, casi todos parecían señores como de cuarenta años y que no se habían cuidado mucho el cuerpo, pero sí vi un par más jóvenes que se veían mucho mejor, pasaron directo al cuarto oscuro.

Nadie hacia nada que no fuera tocarse a sí mismos, pero para eso mejor quedarse en la casa. Con todo y los nervios me decidí y me acerqué a uno que estaba a mi lado izquierdo, en otra banca, y que se estaba tocando, lo hice porque su pene me gustó, no era muy largo pero sí era grueso.

Le pedí permiso para tocarlo, me contestó que sí moviendo la cabeza. Era la primera vez que tocaba a un hombre que no sabía ni cómo se llamaba, no sé si debí empezar por ahí, me gustó la sensación de tocar a un desconocido y de ser el más aventado del lugar, a pesar de ser nuevo. ¡Se la estaba jalando a un hombre enfrente de otros!

Yo creo que me emocioné de más porque cuando le pedí permiso para chuparla me dijo que no y me quitó la mano. Me dio mucha pena y me regresé a donde estaba sentado, donde me quedé un rato sin hacer nada, decidí de nuevo ir al cuarto oscuro y ver si ahí la cosa estaba mejor, pero en realidad estaba peor, habían unos cuatro hombres pero todos sentados contra la pared sin hacer nada.

Eso ya me deprimió y decidí irme, salí y el joven de la entrada me dijo “¿Ya te vas tan pronto?” si, le dije, tengo que ir a trabajar. Yo creo que no se la creyó pero me dio mis cosas y me vestí. No se lo dije pero él era el más guapo del lugar.

Ya en la noche platiqué de mi experiencia con una amiga, y lo resumí así: puedo decir que el lugar estaba muy aburrido o que fui la más zorra del lugar porque fui el único que se atrevió a hacer algo, estuvimos de acuerdo los dos en que la segunda explicación era la mejor.

No he vuelto, pero pienso regresar al menos para ver al guapo administrador.

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