Jovita Zaragoza Cisneros - En Do Mayor

El regreso del Caudillismo del viejo PRI – Jovita Zaragoza Cisneros

Presencio el duelo de acusaciones y declaraciones que están saliendo a la luz entre dos bandos opuestos entre sí. Cada uno sosteniendo sus verdades. Ventilando lo del contrario y callando lo de su propio bando o interés. Leo, me documento sobre las declaraciones de uno y otro. Enrique Krauze, Aguilar Camín y simpatizantes de un lado. Del otro, la actual administración con todas las herramientas del poder para acusar y/o construir inocentes o culpables a modo y desdoro. Nada nuevo si tomamos en cuenta que así ha sido nuestra vida pública en México y la historia de la aplicación de la justicia a conveniencia de los grupos que ascienden al poder para, desde allí, marcar agendas e ideologías.

No es cosa menor ni reduccionismo alguno decir que el viejo PRI está de vuelta. Y que eso es preocupante. Porque desde ese viejo priismo hasta el 2018 habían pasado cosas. Cambios impulsados por hombres y mujeres que favorecieron los avances y fortalecimiento de instituciones. Nadie ignorábamos que requerían de una buena revisión y depuración porque estaban contaminadas por la corrupción.

Pero, con todo, estábamos consiguiendo salir de esas formas añejas del presidencialismo que usaba su figura como culto máximo del poder y control absoluto de las voluntades. Para decirlo claramente del Caudillismo que creímos acabado.

Hoy estamos de regreso a ese Caudillismo del viejo PRI que creó mentalidades conformistas y acríticas, dependientes del sistema. Por eso coincido con quienes señalan que el viejo PRI está de regreso y respaldado por grupos empresariales que de limpios y honrados u honestos tienen lo que López Obrador de justo e ingenuo. Hoy, aquél que viene de activista y férreo crítico de los últimos gobiernos, está en el poder acompañado de una clase política intolerante e incapaz de aceptar un disenso y dispuesta a lo que sea para tomar el control del país en sus manos, no para mejorar la vida pública; sino para implementar un pensamiento único y someter voluntades a través de una narrativa que él y su grupo califican de conveniente para el país.

Las trampas del lenguaje

Venimos de un proceso donde la forma de hacer política y aplicar la justicia eran con disimulo o venta de verdades disfrazadas, o medias verdades que es lo mismo o hasta peor. La falta de claridad que propiciaron el rumor y sospechosismo. Funcionarios que hacia afuera daban la imagen de impecabilidad en el manejo de las instituciones, callando lo que dentro se vivía. Ostentación del uso del poder y sus privilegios. Entrar a formar parte del sistema se volvió aspiracional. Mucho tiempo duramos en esa inercia, hasta que el deterioro fue de tal magnitud que nos alcanzó con su tufo y empezamos a movernos en consecuencia demandando ser vistos y escuchados. Las injusticias, la violencia, las desigualdades, el deterioro fue sentando sus reales ante la indolencia de gobernantes cada vez más sordos, cínicos y ambiciosos.

Este escenario era observado y capitalizado por el hombre, del que hoy dicen algunos de sus incondicionales, vino a airear la vida pública nacional. Conocedor de las entrañas del sistema hizo su trabajo con sectores acostumbrados a ser reserva de voto a cambio de prebendas y con ciudadanos vulnerados que antes nadie tomó en cuenta. En estos últimos supo mirar y sembrar un lenguaje básico y elemental que caló en el ánimo de los que hoy lo ven como suyo y de un gran porcentaje de su base que lo sostiene en el poder.

El actual presidente hizo un trabajo de años. Creó y tejió alianzas con grupos de hombres y mujeres, incluidos integrantes de su familia que trabajaron a ras de suelo preparando el gran salto que le daría el resultado deseado y que logró. ¿Quién podría negarle a aquel hombre la verdad de lo que decía cuando hablaba de corrupción, de injusticia, de abandono? Nadie. Él supo comprender el sentir de lo que flotaba en el ambiente. Pero, sobre todo, supo agitar los escenarios de por si lastimados y usarlos para sus fines que cada vez quedan más claros. Unos fines que tienen relación con una forma y personalidad donde se pierden los linderos de la verdad y mentira. Arropado por una base militante agresiva y que, como él, manejan a conveniencia el lenguaje. Hoy, como ayer y siempre, no cesa de echar sal a las heridas en la piel de los mexicanos para que estas se mantengan abiertas. Y lo hace desde un foro con mayor alcance y resonancia.

El presidente y los suyos saben perfectamente darle volteretas al lenguaje. Si los antecesores lo usaron para seducir a un México dado a las formas, los actuales lo usan para manipular sentimientos enconados. Cuando fungían como oposición y hacían alharacas tomando calles y provocando, hablaban de libertades y derechos sociales. Hoy en el poder, cualquier señalamiento de la ciudadanía o de sus adversarios les llaman “actos que responden a intereses políticos, económicos, ataques de los liberales…machuchones…” y toda la sarta de expresiones que conocemos. Y así podemos seguir.

El presidente sabe dónde está parado. Sabe que hay quienes ven con simpatía y le compran un comportamiento que quiere hacer pasar por el de cualquier ciudadano. Pero el presidente NO es cualquier ciudadano ya. Es un hombre que tiene en las manos gran parte de la responsabilidad de un país y un aparato de poder a su disposición. Habita un palacio que ninguno de los ciudadanos comunes tenemos. Tiene acceso a información de privilegio que ninguno tenemos. Y tiene, hasta hoy, un cuerpo legislativo que está a su servicio. Basta con una palabra y los cambios de Ley necesarios para colocar a sus incondicionales, se hacen. ¿Acaso tan pronto se olvidó el cambio que ordenó para que Paco Ignacio Taibo II tomara la dirección del Fondo de cultura Económico (FCE)? ¿Acaso se olvida cómo el actual director fanfarroneó al respecto? “Yo hablé con AMLO y me dijo que eso no es problema, lo arreglamos… y le dije que no voy a cambiar mi camiseta por el traje…”, dijo aquella ocasión en que la prensa mencionara los candados en la Ley que obstaculizaban su designación al frente del FCE. Las críticas a la forma cómo se diera la dirección a ese organismo no se hicieron esperar. Con su estilo displicente y retador, Taibo II, molesto, contestó: “si permitieron cosas peores con los asesinatos y atropellos del anterior sexenio, ¿de qué se espantan ahora?”.

¡Vaya lógica! Desde entonces, ésa ha sido la tónica de la comunicación y discusión publica y ciudadana. Aquellos afines e incondicionales al actual gobierno encontraron en esa lógica distorsionada, la respuesta a cualquier reclamo o critica a esta administración, como si tuviéramos la obligación de aceptar el mismo tufo, disfrazado su olor con perfumes de piratería.

¿Frente a qué y quién estamos?

¿ En qué terminará este conflicto que – sin duda- nada tiene que ver con un deseo de hacer justicia, sino de revancha por quienes no tienen empacho en mentir y tampoco son mejores que aquellos a los que enjuician desde un púlpito donde se hace escarnio de sus oponentes?

¿En qué parará esto, si diariamente vemos a un presidente hacer del espacio máximo un gran plaza pública donde sus simpatizantes le llaman informar, a lo que para muchos de nosotros es mero chismorreo y entretenimiento con anecdotarios que sacian el morbo de quienes se alimentan de él y que son meros distractores de los temas importantes? ¿En que parará el legítimo descontento de muchos ciudadanos que no se conforman con una narrativa que se insiste sea aceptada por el solo hecho de decirlo él?

Nadie queremos ver a un presidente callado. Qué hable, sí, pero con responsabilidad de lo que dice y que actúe en consecuencia desde la ley. Que no repita la fórmula utilizada cuando fue jefe de la Ciudad de México que blindaba toda información que le comprometiera y nunca transparentó sus operaciones. Eso queremos.

Una cosa más: ¿cómo va la venta de cachitos de lotería para el avión?

Jovita Zaragoza Cisneros

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