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Carmen, crónica de un feminicidio que pudo evitarse

Reportaje: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Mario platicó con su hermana Carmen por teléfono el sábado 29 de agosto para avisarle que iría por ella el lunes a la ciudad de Querétaro, para regresarla a su pueblo natal en Michoacán, pero la mudanza nunca se realizó. La misma noche del sábado la pareja de Carmen la asesinó en su casa en Lomas de San Pedrito Peñuelas, en medio de los intentos de ayuda de sus vecinos, que la vieron morir en la puerta de la vivienda.

Las vecinas intentaron “cerrar” la herida que causó el puñal, detener la sangre, mientras llegaban los servicios de ayuda, pero no la movieron para no lastimarla y sabían que no podían auxiliarla más. Entre 10 y 15 minutos después de que llegó la primera patrulla, afirman los testigos, Carmen murió sin recibir atención médica y el caso dejó miedo, enojo y frustración entre los habitantes.

“Llamamos a todos los números que nos dieron para emergencias, los que nos han dado en todas las reuniones de seguridad y hasta los números de políticos, de todos los partidos. Nadie respondió, nadie llegó. ¿Para qué nos dan los números si no nos van a responder? El lunes, ya cuando pasó todo, nos empezaron a llamar, ¿para qué? Los policías no la ayudaron, a lo mejor no saben primeros auxilios. Los vecinos lo intentamos, unos le pusieron algo boca abajo, para que no se enterrara su cabeza en el piso, ¿para qué llaman ahora?”, reclama una de las vecinas.

Los niños siempre en la calle

Carmen llegó a Lomas de San Pedrito Peñuelas menos de un mes antes de ser asesinada. Tenía 3 hijos y era una mujer soltera de 31 años. Vendía carnitas afuera del Centro de Salud y era muy trabajadora, pero a las vecinas siempre les llamó la atención que los niños estaban todo el día y a veces hasta muy noche, afuera de la casa.

Adentro de la vivienda siempre había gritos. “Él la golpeaba todo el tiempo”, dicen algunas vecinas que viven a unas casas. La situación hizo que los vecinos hicieran llamadas al DIF, aunque no saben bien a qué autoridad, unos dicen que al estatal, otros que al municipal. “Tomamos fotos de los niños en la noche en la calle, avisábamos de los golpes, pero nadie vino nunca”.

Ninguna vecina sabe bien la edad de los niños. “Una tiene como 14, otra como 13 o 12 y el más chiquito como 8”, aunque otros dicen que tiene 11 años. Fue justo el niño más pequeño el que pidió ayuda para su mamá y el que identificó al hombre que la asesinó cuando entró al baño de una gasolinera cercana en un intento por burlar a la autoridad.

De manera anónima, las vecinas cuentan cómo les preocupaba la familia recién llegada y cómo pidieron ayuda a vecinos de otras colonias para conseguir atención para la mujer que murió en la puerta de su casa.

Varias aseguran que el hombre que la mató, que suponían que era el esposo, se metía a las casas a robar, por eso los vecinos “habíamos metido gestión para que nos dieran cámaras de seguridad. Él era peligroso, dicen que era líder de una banda allá en San José (El Alto). El día que la mató también vimos correr a otro que había llegado con él”.

Ahora tienen miedo, aunque saben que el hombre podría pasar hasta 50 años de prisión por feminicidio, temen que regresen sus compañeros. A decir de algunas vecinas el hombre ni siquiera era su pareja, “no era tanto su esposo, la quería de novia, la tenía amenazada, pero ella no hablaba con nadie”.

“Nos desviaban las llamadas”

Patricia, una de las vecinas de la colonia aledaña, cuenta que el sábado 29 a las 9:36 pm recibió una llamada de una amiga de Lomas de San Pedrito Peñuelas. “Me dice que en casa de otra amiga está una señora tirada desangrándose y que la acaban de apuñalar, le dije que hiciera el reporte al 911 y le marqué al comandante, le mandé mensaje con la foto de la señora porque me la mandaron”, recuerda.

El “comandante” es un oficial enlace de seguridad. En una reunión para exigir acabar con la delincuencia, él fue el policía que les ofreció ese número de celular para darles una atención inmediata, independientemente del reporte al 911. Nadie contestó en el número y el mensaje, con la fotografía de Carmen, lo vieron hasta las 2 de la mañana.

Patricia explica que las vecinas le volvieron a llamar, “me dicen: se está muriendo” y entonces, desesperada, empezó a marcar a los números que muchos políticos, cuando van a recorridos o campañas, le dieron para ponerse a los órdenes de los habitantes. A todos les mandó fotografías, todos le desviaron la llamada y no abrieron los mensajes. Los vecinos empezaron a transmitir en redes sociales, como una manera de presión y entonces llegó una patrulla, después una ambulancia.

“Nosotras tomamos un taxi para ver si podíamos hacer algo, cuando llegamos la señora ya había fallecido. Cuando llegamos ya estaba el círculo de patrullas y algunas personas grabando, una de la fiscalía se acercó y dijo a uno de los vecinos que no podía estar grabando, que se lo iban a llevar detenido, pero le dijimos que él tenía derecho a grabar siempre que no lo estuviera entorpeciendo, estuvimos cerca de una hora hasta que alguien gritó que el hombre estaba encerrado en el baño de una gasolinera, corrimos, corrieron los patrulleros, fueron 12 patrullas para detener a una sola persona. Sacaron a los niños del baño y los subieron a otra patrulla, todo mundo se centró en Pie de la Cuesta”, narra.

Insiste, igual que otras vecinas, que ya se había pedido el apoyo del DIF “porque a diario eran golpes, la dueña de la casa ya se las iba a pedir, los niños siempre en la calle”. Ahora se hacen otra pregunta, “¿para qué dan sus números de teléfono si no van a ayudar? Ahorita andan todos de todos los partidos, a nosotros como líderes de colonos y como colonos ya nos andan buscando, ¿ya para qué? Nos buscan los mismos que no nos contestaron”.

A las 10:09 pm del mismo sábado le dijeron a Patricia que Carmen estaba muerta y afirma que la ambulancia llegó casi a las 11:20 pm, “más o menos a esa hora llegó, la recibimos entre aplausos, burlándonos”.

Siempre hubo golpes

Patricia cuenta que desde que la familia llegó a la calle De los Infantes había quejas en contra de ellos. “Se rumora que él pertenecía a una banda de San José El alto, había mucha violencia doméstica, golpes de ese tipo. Los niños siempre en la calle. Tenían como un mes. Ese mes fue suficiente para ver cómo la trataba”.

Mariana vive a unas casas de donde se instaló Carmen. Desde que llegó la familia empezaron los problemas. “El hombre se metía a las casas a robar, era mayor que ella. Habíamos metido gestión porque pedíamos cámaras de seguridad por él”.

“Ellos tenían unas 3 semanas de que llegaron a vivir ahí. Enseguida, en cuanto llegaron, empezaron los gritos, se escuchaba que el señor le pegaba a la señora, le avisaron a la dueña, ¿nosotros qué más podemos hacer?, se pidió el apoyo de unas cámaras que nunca dieron, nos metieron a un grupo de apoyo de seguridad para que llegaran rápido las patrullas de seguridad pública, pero nunca llegan, ¿quién nos está cuidando?”, lamenta Mariana.

Recuerda esa noche igual que las demás: “la patrulla tardó mucho, 25 minutos, después llegó la primera ambulancia, nunca le dieron los primeros auxilios a la señora, no se agacharon a tomarle los signos vitales. Media hora después pasó otra ambulancia que no se paró. Desgraciadamente”.

El sábado más o menos a las 9:28 de la noche, los niños estaban afuera jugando, “como siempre estaban afuera andaban en sus bicicletas y ahí escuchamos ruido, ellos gritaron auxilio, auxilio, la señora estaba adentro, había llegado su pareja con otra persona, se escucharon los gritos, salió la señora a lo mejor a pedir ayuda a una vecina de enfrente, de pronto se desmayó, el señor se echó a correr, no pusimos atención al hombre que lo acompañaba, pero él se fue también”.

La señora se desplomó enfrente de todos y las vecinas empezaron a llamar al 911. “Varios hablamos, la señorita me decía que no colgara, que en qué posición estaba, yo le decía por favor: háblenle a una ambulancia, ella sólo decía sí ya pasé el reporte, algunos le taparon la herida y nunca llegó la ayuda. 15 minutos después la señora falleció. La primera patrulla llegó como a los 10 minutos de que se cayó, llegó una patrulla, luego más patrullas. Ella todavía vivía, pero su pulso era lento y tardó, entre 15 o 20 minutos, tardó en morir”.

Mariana tiene un año de vivir en esa colonia y la considera tranquila, aunque a veces se meten a robar a las casas. “El señor era una de las personas de tantos que se metían a robar a las casas, nadie decía nada porque son personas que nadie quería señalar por miedo a que tuvieran represalias contra uno”.

“No es tan fácil, no es que al primer golpe lo dejo”

Alicia vive muy cerca de la casa donde vivía Carmen. Sabía que era originaria de Michoacán y también ya había alertado al DIF de que los niños siempre estaban afuera de la casa. A Carmen la recuerda como una mujer muy tranquila, muy trabajadora, Vendía carnitas afuera del Centro de Salud, pero “el señor se ve muy malo, se robaba las cosas de las tuberías, no nos quería”.

“Ese sábado los niños estaba afuera, después se metieron a su casa a ver qué pasaba porque su mamá gritó y la policía se los llevó, los de la policía perdieron mucho tiempo, acordonaban, nos metieron a todos a nuestras casas, pero yo me fui a la gasolinera porque avisaron que estaba ahí el señor. Dicen que a los niños se los llevaron para dar un rondín y el niño más chiquito lo vio entrando al baño (de la estación de gasolina), el niño lo identificó”.

Alicia entiende más la situación que vivía Carmen. “Como mujer lo entiendes, te sientes súper mal, a veces decimos ¿por qué no lo deja? Pero no sabemos lo que está viviendo, si es temor, si es miedo, si la había amenazado, imagínese lo que vivía la señora, con amenazas y este méndigo se la cumplió, si la golpeaba a diario imagine cómo es vivir con miedo, no es tan fácil como decir: ‘al primer golpe lo dejo’.

Las vecinas cuentan que el papá de dos de los niños de Carmen vive en la zona de Menchaca, pero no quiso saber nada de ellos, ni hacerse cargo ni tener algo que ver con ellos, así que la familia de Carmen, que vive en Michoacán, se hará responsable de los tres huérfanos.

“Mi mamá está muy mal”

Adriana platicaba afuera de su casa con un amigo cuando vio a los niños salir corriendo de la casa de Carmen. Ellos gritaban. “El más chico se me acercó y me dijo que le llamara a una ambulancia, me dijo: ‘mi mamá está muy mal’ y una vecina fue a tocar a la casa de al lado, pero ahí nunca salieron”.

La pareja de Carmen, el hombre que la tenía amenazada para que fuera su “novia”, le asestó varias puñaladas y ella quedó tirada en la puerta de la casa, hasta donde llegó para pedir ayuda.

Cuando llegó una ambulancia, “dijeron que ya había perdido la vida y no se podía hacer nada”. A Adriana la llamaron para atestiguar todo lo que sucedió y aceptó porque le dijeron que no habría juicio, que no tendría que declarar nuevamente, pero ya en la fiscalía “me dijeron que sí iba a haber juicio forzoso para que al señor no lo dejen ir y que obviamente no va a salir ni pagando fianza”.

Adriana no ha dormido bien desde aquella noche. Tiene poco más de 20 años y no olvida al niño más chico, a las niñas que acompañaban a su mamá cuando se cayó por las puñaladas. “Corrí enseguida para ayudarla, pero mejor agarramos a los niños, los metimos a su casa, mi mamá y otras vecinas le empezaron a agarrar la herida”.

“Tengo miedo y estoy muy impactada, desde ese sábado que pasó esto, no puedo ni salir bien a la calle, porque eran dos personas y sólo agarraron a una, tengo miedo que agarren un arma y hagan algo, no he podido dormir bien”.

Adriana también sabía de los pleitos dentro de esa casa, de los golpes y de los gritos, pero Carmen era muy introvertida, casi no hablaba con nadie. No sabe si ya habían pedido ayuda, pero era evidente que las cosas estaban mal.

El nuevo padre

Mario es hermano de Carmen y se convirtió en padre el mismo fin de semana que la asesinaron. Tiene 26 años y ahora es responsable de los 3 sobrinos con los que hablaba por teléfono. Antes del feminicidio los vio hace 3 meses. Las niñas tienen 14 y 13 años, el niño 11, “aunque la mera verdad no me acuerdo bien” y ahora viven con él, en su pueblo en Michoacán.

Carmen era originaria de Tzitzio, un municipio de Michoacán donde se presentan muchas condiciones de rezago, como baja escolaridad y falta de servicios, que lo colocan como uno de los sitios con mayor marginación en ese estado. Es frecuente que aparezca en los noticiarios por la presencia de retenes de hombres armados y otros problemas de inseguridad.

Ella sólo estudió la primaria y tuvo a la hija mayor con Noé, un migrante que se fue a Estados Unidos y “tiene años que no se presenta, no se sabe si vive o no vive”. Ella dejó Michoacán “porque se juntó con el señor con el que tuvo dos hijos y se la llevó a Querétaro. Él era más grande, la dejó y ya no se hizo cargo de nada, Los papás no se hicieron cargo de los hijos y ella los mantuvo”.

Mario no sabía de la última pareja de Carmen, mucho menos que la golpeaba, pero ella le dijo que se quería regresar a Michoacán y él fue el más entusiasmado, “le dije que ya se viniera para acá, iba a ir en estos días y mire lo que pasó, ella me dijo que se iba a venir acá un tiempo”.

“El sábado estuvimos hablando. Yo iba a ir el lunes por ella. Me dijo que cuándo me iba a ir allá a buscarla y por las cosas para venirse para acá, estuvimos hablando el sábado a las 6 de la tarde. Yo le llamé, le dije que no se desesperara, que iba a ir buscando un carro para ir a buscarla. La llamé porque pensé en ella, quería saber qué estaba haciendo, cada vez que yo salgo a la señal le marcaba a ver qué hacía, ella me decía que estaba vendiendo, que fue a comprar un puerco y así. Era comerciante”, recuerda.

Los padres de Mario y Carmen tuvieron 5 hijos, pero ellos dos eran muy unidos. “A ella le gustaba mucho andar a caballo, la bicicleta.  Le gustaba salir a conocer. Cuando estaba chiquita no tomaba nada, ya de grande se echaba una cerveza para el cansancio pero nunca hasta quedarse tirada. Era chata, blanca, de pelo lacio. Su carácter normal, a veces bromista, no muy enojona”,

“No sabíamos de su actual pareja. Lo conocía porque era de acá de Michoacán, es chaparro, moreno, ojos saltados. No convivíamos con él. Me cuentan los niños que él quería que ella fuera su novia a fuerza, que ella no quería y la tenía a fuerza, la tenía amenazada”, explica Mario.

Mario decidió quedarse con los niños. “Yo decido que me quería quedar con los niños, me pidieron firmas y actas de nacimiento de los niños para podérmelos traer. Están bien conmigo, están dormidos, están bien cansados”, cuenta Mario.

Se guarda la tristeza y cuenta que “mis papás están más o menos, ni muy muy ni tantán” y termina la plática porque todavía tiene que hacerse cargo de las cosas de su hermana y cuidar a su sobrino, “porque ando bien ocupado, sigo atareado con todo”.

Al tío que se volvió padre de dos niñas y un niño en un fin de semana le cayeron de golpe los hechos en Michoacán y en la colonia de Querétaro, donde perdió la vida Carmen, la gente dice sentirse engañada por quienes prometieron cuidarlos, así que «¿Ya para qué nos llaman? ¿Para qué nos buscan ahora?»

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