Los especiales de Enlalupa.com

Profesoras de educación especial convierten sus casas en aulas en línea; «el trabajo se ha duplicado», dicen

Reportaje: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

La pandemia por el Covid-19 modificó la manera en la que Dalia y Karla daban clases a sus alumnos de educación especial. Dalia enseña a estudiantes sordos y Karla a jóvenes con discapacidad intelectual y motriz, así que verse a la cara es importante para todos. Un día las dos vaciaron habitaciones en sus casas e invirtieron en equipo de cómputo, en crear sus propias aulas y elaborar sus materiales para poder enseñar en línea a estudiantes de secundaria que no dejan de preguntar cuándo volverán a clases.

Dalia todavía recuerda el último día que vio a sus estudiantes: el 17 de marzo, cuando les entregó material para terminar ese ciclo anterior. Estaban asustados pero esperaban volver a verse en abril o en agosto. Desde entonces, igual que Karla, sólo puede tratar de darle ánimos a sus estudiantes a través de las videollamadas y esforzarse por mantenerlos interesados en las clases, aunque el trabajo, a las dos, se les duplicó.

“Ellos están preocupados, entre ellos se platican, dicen que si regresan en noviembre, otros dicen que saben que será hasta enero y les decimos que en realidad no sabemos, que este es un tema de salud, que deben estar tranquilos. Ver sus caras de preocupación, no saber qué va a pasar, ha sido muy impactante”, reconoce Dalia.

“Me formé en educación especial”

Dalia Flores López tiene 24 años de dar clases en aula, 22 de ellos en educación especial, porque se licenció en ese ramo, en el área de audición y lenguaje. Cuando empezó a trabajar, todavía como estudiante, no estaba tan especializada la educación para niñas y niños sordos, así que todo se centraba en quienes presentaban problemas de lenguaje.

“En mi segundo año de estudiante llegó una profesora que sabía lengua de señas y nos empezó a enseñar y me encantó trabajar con niños y niñas y personas sordas, es un reto muy grande, tienes que esforzarte el doble, porque la lengua de señas es completamente formada, hay reglas lingüísticas, igual que el español, igual que cualquier lengua, necesitas empaparte. Hay regionalismos que se usan en el país y la comunidad sorda es muy crítica, muy exigente, realmente trabajar con personas sordas sí implica mucho esfuerzo y mucho trabajo”, señala.

«Trabajar con niños y niñas y personas sordas es un reto muy grande, tienes que esforzarte el doble»: Dalia

Dedicarse a la educación especial, afirma, es de vocación, porque cada estudiante es una historia y cada niña o niño es un reto. “Te vas enfrentando a situaciones de vida de familia, de historias, económicas, familiares, y cuando son adolescentes te enteras de los amigos, de los novios, se acercan, te toman mucha confianza y te hacen parte de su centro, de la convivencia, a veces hasta nos da risa. Hay mamás que llegan y dicen: maestra regáñelo, te llegan a involucrar tanto que te hacen parte de su núcleo”, explica Dalia.

Cuando la pandemia la obligó a despedirse de sus 18 estudiantes de tercero de secundaria, ellos estaban muy asustados. “Los cité para entregarles los cuadernillos porque se supone que regresábamos en abril, vi sus caras de preocupación, que qué va a pasar y por qué nos vamos y luego las noticias a nivel nacional, sí fue muy impactante, porque por más que trates de explicarles que es una cuestión de salud, que debemos cuidarnos y que va a pasar pronto, pues ya estamos en septiembre y se preguntan por qué tanto tiempo, para mí fue impactante en muchos aspectos, en ajustes, en reacomodos, en ver la vida de una forma diferente, ese día fue muy difícil para ellos y para mí”.

La preparación tras la primera experiencia

A partir de agosto Dalia recibió en línea a su nuevo grupo, ahora de segundo de secundaria, y le toca conocer a los 13 estudiantes de entre 13 y 15 años de edad, pero en esta ocasión está más preparada que cuando inició la pandemia: los profesores se organizaron para el trabajo virtual.

Dalia ve a sus alumnos en grupo en promedio dos horas por día durante 4 días a la semana, pero el resto del tiempo da atención individual, prepara materiales, se coordina con el resto de los docentes que dan atención psicológica o educación física y tranquiliza a los estudiantes con problemas de internet.

En muchas de las familias de los estudiantes, agrega Dalia, la situación económica está muy complicada, así que hay niños que no tienen internet en casa y acceden mediante recarga de celular. “De mis 12 alumnos ahorita por lo menos 9 se conectan por el celular, los demás tienen una tablet y una de ellas computadora. Bajaron la aplicación de Meet y tenemos la clase con un plan de aprendizaje, pero cuando no se pueden conectar lo hacemos por videollamadas”.

Así, Dalia transmite su clase por Meet y por WhatsApp al mismo tiempo, como una manera de adaptarse a las necesidades de los estudiantes y también cuenta con el apoyo de otra maestra en lengua de señas que apoya con las materias.

Ahora dar clases así le parece más fácil que al inicio de la pandemia, cuando “mi cabeza daba mil vueltas, porque pensaba qué haría si no me funcionaba. Ahora que empezamos el ciclo escolar me estaba fallando muchísimo el internet, el problema que tenemos es que se traba y cuando estamos conversando te quedas congelada y ya no le entendiste a ellos ni te entendieron a ti”.

Para evitar esos problemas, cambió de compañía de internet y compró una nueva computadora. Habilitó una habitación de su casa para colocar un pizarrón más grande y convertirla en un aula. También elabora material visual, porque aunque Meet permite compartir la pantalla, no puede comunicarse con sus alumnos en lengua de señas mientras transmite algo, así que “o ven el video o me ven a mí para explicarles qué hacer, por eso opté por hacer mi material visual cada día, elaboro los ejercicios, los juegos”.

“En los niños hay disposición por aprender”

Karla Sánchez Flores es profesora especializada en la atención de niñas y niños con discapacidad intelectual y motriz. Tiene 14 años de experiencia frente al aula y la pandemia también le representó un cambio importante en su forma de trabajar con los estudiantes, porque la enseñanza en línea es más complicada que la enseñanza presencial.

“Cuando empezó la pandemia, de marzo a julio, que terminó el ciclo escolar enviábamos cuadernillos de trabajo y fue más complicado que hacerlo presencial, porque se trabaja con diferentes niveles de desarrollo intelectual de los chicos, yo tenía 15 alumnos de 15 o 16 años, pero con un nivel intelectual muy bajito, desde preescolar y tenía que hacer cuadernillos, sobre todo de español y matemáticas, de acuerdo con el nivel, cuando estás en clases presenciales vas haciendo las adecuaciones y brindas el apoyo a los chicos, pero con la pandemia hacia los cuadernillos de cada nivel y con el apoyo de los papás sacamos el trabajo adelante”, reconoce.

«Me gusta la disposición de los alumnos a aprender, aunque sea en línea, logran esta interacción con sus compañeros y saben que ahorita no pueden estar en la escuela y les conforta verse en la pantalla”, señala Karla

Ahora tiene un grupo de 16 alumnos de tercero de secundaria y para este ciclo escolar cambió la forma de trabajo al darse cuenta de que “los profesores no teníamos tanto contacto con ellos y eso es importante cuidarlo en la relación entre estudiantes y profesores”.

Todavía envía cuadernillos para que trabajen en casa, pero se conecta en línea todos los días de la semana, aunque por lo menos 3 de los estudiantes se les dificulta asistir la clase porque dependen de las recargas al celular, porque se pierde la conexión de internet o porque se les va la luz.

“Tratamos de compensarlo con el trabajo en casa, con el apoyo de los papás, tengo sesiones con ellos en línea en los que trabajo con todo el grupo, tengo subgrupos de trabajo por el nivel de dominio, son sesiones con grupos pequeñitos, pero ya estamos, igual que ellos, con ganas de regresar, no es sencilla esta forma de trabajo. Hace falta el contacto para poderlos apoyar”, admite.

Karla tiene todo tipo de estudiantes y agradece el apoyo de los padres. Una de sus alumnas requiere que su papá la acompañe toda la clase para el uso de las herramientas de comunicación, pero hay otros estudiantes que son más independientes y mandan la tarea sin problema a través de Classroom o van a un cibercafé solos a cumplir con las actividades.

“Me gusta su disposición a aprender, aunque sea en línea, logran esta interacción con sus compañeros y saben que ahorita no pueden estar en la escuela y les conforta verse en la pantalla”, insiste la profesora.

Además de esa buena disposición y de la colaboración de los padres de familia, Karla resalta que el trabajo de los profesores no se limita al tiempo frente al grupo en las clases en línea, porque “hay muchas horas de trabajo y mucha inversión. Hay planeación, yo compré una computadora nueva porque la que tenía no era idónea para estar trabajando frente a grupo, encargué mi pizarrón, porque son herramientas básicas, despejé una de las habitaciones de la casa para poder tener el espacio y eso es por ellos y por mí, para que no tengamos que estar batallando”.

“Nos preocupan sus emociones”

Dalia y Karla se declara preocupadas por sus alumnos. A Dalia le confiesan que se aburren, a veces, de estar en su casa y quieren ver a sus amigos, sobre todo los que viven fuera del municipio de Querétaro, porque “es diferente la relación con los papás porque ellos ya empiezan a trabajar y se quedan solitos en casa. Ya se quieren ir a la escuela, por esta cuestión social. Porque si sienten que si hay alguna cuestión pueden platicar con la psicóloga y la trabajadora social”.

Si existe un compromiso entre los profesores es atender el bienestar emocional de los estudiantes, porque si como docente “te acostumbras a cierto ritmo de trabajo y estar fuera del aula sí te saca de balance, con ellos es igual, están preocupados, les decimos que deben estar tranquilos y tratamos de irlos ayudando”.

Karla reconoce que al terminar el ciclo escolar anterior, muchos profesores se dieron cuenta de lo mucho que se necesitaba estar presentes no sólo para facilitar la enseñanza, sino para brindarse apoyo emocional y animar a los estudiantes, porque muchos se estresan al no poder conectarse, no poder asistir a clase o cumplir con las tareas o por estar lejos.

“De repente nos conectamos y damos un ratito para que se expresen, que platiquen cómo se sienten, cómo están. Parte de la capacitación para este ciclo escolar es estar pendiente de sus emociones, ya se extrañan, quieren estar con sus compañeros y sus maestros. Para mí también ha habido presión, porque pensar cómo le hago para presentar cosas que sean de su interés y les ayuden a aprender es todo un reto. Ya queremos regresar”, añade.

LEE TAMBIÉN: 

Aprende en Casa se olvidó de los menores ciegos; conoce los retos que enfrenta Cristian, de 7 años

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top