Norman Pearl - Poder popular

¡Escándalo en Morena por audios de Bertha Luján y sus marionetas! – Norman F. Pearl

Terminaba el mes de agosto de 2019, Bertha Luján, tímidamente, iniciaba su campaña para buscar la anhelada presidencia del Comité Ejecutivo Nacional de Morena. Esa mañana, había sido recibida y aclamada por un grupo de diputados y militantes en San Juan del Rio, Querétaro. Más tarde, ya en el municipio de Querétaro, acompañada por el mismo pelotón, con una ampliación que me incluía, comimos, entre un grave intercambio de insultos del secretario general y el presidente del Consejo de Morena en Querétaro.

Un poco después del accidentado evento, nos trasladamos a un bellísimo foro en la Universidad Autónoma de Querétaro, para que la compañera Luján diera una sesión informativa que a nadie lograra conmover. En cualquier caso, como anfitriones ejemplares, Ángel Balderas y Mauricio Ruiz levantaban sus manos en señal de un “triunfo” que nadie advertía.

Olvidaba decir que a su llegada al restaurant, tuve la oportunidad, así lo entendía, de platicar con Bertha y dibujar una personalidad que no correspondía con el perfil deseado. Estaba ante mí una mujer introvertida, seria, casi fúnebre, sin discurso ni emociones. Quise ser amable con mis percepciones y la ubiqué simplemente en una neutral indolencia ante la vida.

Desde marzo del mismo año, yo participaba como miembro de la junta de presidentes estatales, y esto daba espacio al análisis y a la observación de cada uno de mis compañeros, como un ejercicio comparativo involuntario de todos los que integraban ese colegiado ejemplar.

Yeidckol Polevnsky, secretaria general en funciones de presidenta, mostraba siempre un liderazgo natural matizando su fuerza en congruencia con los casos que se presentaban. Su inteligencia y capacidad de trabajo estaban fuera de toda duda, así como su lealtad hacia el presidente y el proyecto de nación que nos ocupa. Pensé: “Morena no puede estar en mejores manos”. Las comparaciones son odiosas porque siempre sale un ser menospreciado.

Sin embargo, Bertha Luján, a pesar de sus limitaciones evidentes, todavía contaba con mi “respeto estatutario”.

Llegó octubre de 2019, y con el mes, arribaron las verdades insospechadas de Bertha. Realizó sesiones de Consejo Nacional apócrifas, en una de ellas fue sorprendida en un terrible fraude -sin castigo- por el TEPJF. Enero de 2020 fue testigo del “congreso patito” que fuera validado por el Tribunal y lograra imponer como “presidente interino” a un títere con ambiciones personales.

La oposición rabiosa a la encuesta, sugerida por el presidente López Obrador y mandatada por el mismo TEPJF, tenía como fundamento la única certeza válida de doña Bertha: ella era incapaz de ganarla.

A estas alturas, ya nadie pensaba en la ingenuidad, respetabilidad o decoro de Bertha, no las tiene. Sabíamos buscaría marionetas a modo para seguir ostentando un poder que no le correspondía.

Al principio lanzó como candidata a la presidencia a Citlalli Hernández, después le pareció poca cosa y encontró el egocentrismo de Porfirio, relegando a la senadora a que buscara la Secretaría General. Esto, tenía una lógica, Muñoz Ledo tiene una edad y enfermedades avanzadas lo que permitiría que fuera permanentemente sustituido por Citlalli, aliada incondicional de Bertha Luján y de esa manera pudieran cogobernar.

La reunión que motivó los audios, ahora sabemos, fue en la casa de Bertha Luján, quien era acompañada por su “estado mayor”: Arturo Alcalde (esposo), Alfonso Ramírez Cuéllar (títere) y Fernando B. Tiscareño Luján (sobrino).

A esta altura del relato, no podemos perder de vista que Bertha Luján es la presidenta del Consejo Nacional y Ramírez Cuéllar, el “presidente interino” de facto en el CEN. Máximas autoridades del partido, cuya neutralidad en la encuesta era absolutamente OBLIGATORIA.

Rescatamos, por su gravedad, las siguientes afirmaciones:

  • Ramírez Cuéllar acepta que “han operado e invertido dinero en las candidaturas de Porfirio y Citlalli”. Deberá explicar este fraude a Morena porque el INE no autorizó financiamiento para nadie.
  • Ramírez Cuéllar involucra con toda impunidad a dos gobernadores y una alcaldesa de la ciudad de México sin importar su suerte y prestigio.
  • Ramírez Cuéllar dice que “las condiciones no favorecen a Porfirio”.
  • Bertha: “decirle a Porfirio que no declare así o asado es hablarle a la pared”.
  • Tiscareño Luján: “Nosotros hicimos actos iguales o mejores pero Mario trae mucho dinero “prestado de la nada”.
  • Bertha: “Del congreso seguramente”.
  • Tiscareño Luján: y de Segob (juegos y sorteos), Monreal y empresarios chafas.

Y aquí viene algo INAUDITO con la certidumbre de ser dueños del partido:

  • Bertha: “Yo más bien te digo que nos vamos a tener que organizar en la resistencia… que no se queden con todo y quieran “agandallarse” para eso la gente se pinta sola”.
  • Bertha: ¿Oiga, y qué vamos a hacer con el INE, pues es un cínico, ya vio los comentarios?
  • Tiscareño Luján: “Una porquería de cuate, aparte le hablé y le pedí un favor…”
  • Arturo Alcalde: “¿Y porque no lo sustituyen? Lo sustituyes en dos patadas (la prepotencia del esposo).
  • Bertha: ¿Ahí no ve ya usted ninguna posibilidad de hacer nada?
  • Ramírez Cuéllar: Pues el problema es que si lo someto a votación, no tengo los votos.
  • Tiscareño Luján: ¿Y si llegas tú directamente al INE y les dices: va a ser Arturo Alcalde (su tío).

Lo anterior, que pudiera parecer una obra de teatro barata (por su lenguaje y contenido), es un compendio de actividades delictivas que deben ser investigadas y castigadas por las leyes correspondientes. Por otro lado, es inadmisible sigan participando en la encuesta militantes que se vieron favorecidos por actos ilegales.

¡La expulsión de Bertha Luján Uranga y Alfonso Ramírez Cuéllar no deberá ser una opción, es un imperativo!

Norman F. Pearl

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