Eric Rosas - La onda plana

Umbrales del mundo feliz – Eric Rosas

¡Cuán bella es la humanidad! Oh, mundo feliz”, decía Miranda en el discurso que William Shakespeare le confeccionó para “La Tempestad”, y que a la postre sirvió de título a la obra magna de Aldous Huxley, “Un mundo feliz”, en la que la humanidad ha resuelto sus problemas y enfermedades, y vive feliz, aparentemente. Difícil resulta pensar que Huxley imaginara siquiera que menos de un siglo después de la publicación de su obra, nos encontraríamos en los umbrales de esta distopia que confronta al avance tecnológico con los cuestionamientos de orden ético.

Esto fue lo que golpeó mi mente en el mismo instante en que escuché al presidente del Comité del Premio Nobel en Química anunciar a las doctoras Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier como las ganadoras de este máximo galardón, en reconocimiento a la adaptación del mecanismo de protección inmunológica desarrollado por algunas bacterias, a la técnica de edición genética más poderosa inventada hasta la fecha, la de Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats – Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Inter-espaciadas –, basada en la enzima Cas9, (CRISPR-Cas9).

El descubrimiento de esta estrategia bacteriana para copiar secuencias cortas del ARN del virus y resguardarlas en una biblioteca que permite reconocer al pernicioso invasor en ataques subsecuentes ha dado lugar a aplicaciones benéficas para la humanidad – por ello el Premio Nobel –; entre ellas el desarrollo de terapias para curar enfermedades como el cáncer; y de otras que podrían ayudar a eliminar padecimientos hereditarios, lo que nos colocaría en el umbral del mundo de Huxley. Pero la CRISPR-Cas9 ha sido aplicada también para el diseño de los cultivos genéticamente modificados (equivocadamente llamados transgénicos); para que sean más resistentes a plagas y virus, toleren mejor los herbicidas o las sequías, retarden su maduración, o mejoren su calidad nutricional. Modificaciones incorporadas cuidadosamente para mantener la inocuidad de los alimentos, beneficiar a la población que los consume, y reducir el deterioro del medio ambiente.

La demanda de alimentos en muchas regiones del orbe ha permitido que estos cultivos mejorados mediante técnicas de edición genética, puedan ofrecer una respuesta oportuna con productos tan consumidos como la soya, aceite de colza, aceite de maíz, papa, tomate, arándanos, nueces, arroz, frambuesas y papayas. Al mismo tiempo la implementación industrial de estas técnicas de ingeniería genética, ha contribuido a catapultar el mercado mundial de los alimentos genéticamente modificados, que ha alcanzado cifras multimillonarias en los años recientes. Ya en 2018 la valuación estimada por la compañía consultora Coherent Market Insights superó los 18 mil millones de dólares estadounidenses y se espera que para el 2027 ronde los 37.4 mil millones de dólares estadounidenses, pues se proyecta para esta industria un 8.7 % para su tasa de crecimiento promedio anual compuesta.

Aunque en algunos países como el nuestro ha habido quienes intentan desacreditar a los cultivos genéticamente modificados, atribuyéndoles consecuencias dañinas para la salud de los consumidores, la realidad es que la investigación alrededor de ellos es de la más alta calidad y se adhiere por completo a estrictos código éticos y marcos regulatorios. Pero el mejor respaldo que tal tecnología pudo haber recibido es precisamente el que acaba de otorgarle la Fundación Nobel.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

Eric Rosas

[email protected]

Twitter: @DrEricRosas

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