Luis Tamayo Pérez - Ecosofia

Sobrepoblación y anomia social – Luis Tamayo Pérez

Que la sobrepoblación es un problema de nuestros días es una cuestión incontrovertible. Basta mirar las cifras del crecimiento poblacional de la humanidad para darse cuenta de que, como indican Ehrlich, Catton y Bartlett, estamos en los últimos años de la era de la exuberancia. Tal y como indica la ONU:

“En 1950, cinco años después de la fundación de las Naciones Unidas, se estimaba que la población mundial era de 2.600 millones de personas. Se alcanzaron los 5.000 millones en 1987 y, en 1999, los 6.000 millones. En octubre de 2011, se estimaba que la población mundial era de 7.000 millones de personas. Para conmemorar este acontecimiento histórico, se puso en marcha un movimiento global llamado «Un mundo de 7 mil millones». Se espera que la población mundial aumente en 2.000 millones de personas en los próximos 30 años, pasando de los 7.700 millones actuales a los 9.700 millones en 2050, pudiendo llegar a un pico de cerca de 11.000 millones para 2100.”

El crecimiento de la humanidad y el fin de la era de la exuberancia

Como puede apreciarse, la humanidad crece a un ritmo desorbitante y eso implica que la demanda no sólo de alimentos sino de vivienda, vestido y prácticamente todos los recursos de la tierra se incrementa de la misma manera. Tal y como nos recuerdan Delgado, Imaz y Beristain (2015), en el siglo XX la humanidad creció cuatro veces, el consumo de energía 12 veces, el de los metales 19 veces y el de algunos materiales como el cemento lo hizo 34 veces. Los residuos sólidos, sostienen, se multiplicaron por cuatro en los últimos cincuenta años y se espera que esa enorme cifra (mil cien millones de toneladas en el 2011-2012) se duplique en el año 2025. Al mismo tiempo informan que el 10% de la población más rica de la tierra acapara el 40% de la energía y el 27% de los materiales.

Y todo eso se agrava por el aparentemente insaciable gusto de la humanidad por el consumo de carne. Tal y como informa Sarmiento: “la cría de ganado ha cambiado la faz de la tierra en lo referente a la biodiversidad. Producir sólo un kilo de carne de res requiere la enorme cantidad de ¡15,415 litros de agua! (Sarmiento, 2019: 9) La ganadería es, además, muy contaminante: ella sola es responsable del 18% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero del mundo… ¡como todos los automotores, aviones y demás formas de trasporte juntas! (Sarmiento 2019: 12).

El crecimiento humano tiene también consecuencias en la vida salvaje y en la salud de la biosfera:

“Aproximadamente una cuarta parte de las aves del planeta ha sido extinguida por la acción humana. Las dos terceras partes de las pesquerías están agotadas o sobreexplotadas. La concentración de dióxido de carbono se ha incrementado en más de un 30% desde el inicio de la revolución industrial” (Vitousel, Mooney, Lubchenco, Melillo, 1995).

En nuestros días también ocurre una pavorosa defaunación. Si sólo tomamos en cuenta a los vertebrados podemos apreciar que el 59% está conformado por el ganado que cría la humanidad y el 36% corresponde a la misma humanidad, lo cual deja solamente el 5% a toda la biomasa de los vertebrados silvestres (Bar-On et al, 2018).

Es por estas razones que muchos estudiosos de la prospectiva humana han señalado la importancia y urgencia de controlar de manera racional el crecimiento de la humanidad.

Controlando el crecimiento poblacional

A lo largo de la historia humana, el crecimiento poblacional ha sido controlado de maneras diversas.

En los albores de la humanidad, su crecimiento era controlado por diversos agentes: de los grandes y pequeños depredadores a las bacterias y los virus. Todavía hacia la mitad del siglo pasado, era común en México la experiencia del niño muerto. Las misas de angelitos ocurrían en los pueblos del México profundo y en ellos era muy frecuente la experiencia de perder a un hijo pequeño.

Como en otras regiones del mundo, y desde tiempos inmemoriales, en México también existían no sólo los variadísimos procedimientos abortivos sino incluso la práctica de los niños expuestos (los llamados “expósitos”): sea que los abandonados en el monte o el bosque (como el Edipo de Sófocles), sea en las puertas de casas o iglesias.

Afortunadamente, los avances de la medicina hicieron cada vez más rara la experiencia de la muerte infantil e incluso la “muerte de cuna” se ha hecho cada vez más rara. Ello ha obligado a muchas naciones de la tierra a establecer formas racionales de control poblacional.

Entre los diversos procedimientos efectuados para controlar el crecimiento poblacional es de resaltar uno, bastante eficiente, utilizado por Mao en la China comunista hacia finales de los años 70 del siglo pasado. Como bien sabemos, durante decenios estuvo prohibido por el estado chino tener más de un hijo por pareja. Ello logró que la, hasta entonces, nación más sobrepoblada de la tierra detuviese el ciclo sobrepoblación-pobreza y se convirtiese en el gigante económico que en nuestros días es. En contraposición, en la India, una nación que a principios del siglo pasado contaba con apenas la mitad de la población que China, al carecer de una práctica eficiente de control poblacional, superará en población al gigante asiático en muy pocos años:

“Hay una diferencia obvia entre la India y China, y es que este último país tiene una política restrictiva con respecto al nacimiento de hijos. En cambio la India, no posee ninguna política del crecimiento poblacional, pese a que la cantidad de habitantes ha aumentado considerablemente los últimos años” […] India contaba con 1,029 millones de habitantes en 2001 y se prevé que la población del país supere a la de China en 2035. (Azócar, 2008).

Y no sólo la India, una nación que en algunas regiones sufre de una pavorosa pobreza y que está ordenada en castas inmodificables, sino algunas naciones africanas, como Nigeria, indica la ONU, se aprestan a convertirse en las más sobrepobladas de la tierra.

Sabemos también, sin embargo, que algunos países han logrado detener su crecimiento poblacional de manera mucho más suave y racional que China. Me refiero a lo que ha ocurrido en algunas naciones europeas, asiáticas e incluso americanas. En tales regiones ha sido una política pública de apertura respecto a la práctica del aborto ligada al respeto del anhelo de las mujeres por labrarse un futuro propio (y no dependiente de la decisión de sus padres o su marido), lo que ha posibilitado tal fenómeno.

En las naciones europeas, los USA y Japón o Corea del Sur, han permitido a las mujeres decidir sobre su cuerpo y en consecuencia se les ofrece, sin persecución alguna, la posibilidad de interrumpir un embarazo no deseado. Ello posibilita que sus sueños de realización personal no se vean detenidos por algún error pasional.

Asimismo, médicos como Mario Sebastiani, tocoginecólogo del Hospital italiano de Buenos Aires, consideran al aborto legal como un “bien social” pues evitaría los más de 600 mil casos de mujeres que, tan sólo en Argentina, anualmente acuden a los servicios de urgencias por complicaciones de abortos mal realizados, muchas de las cuales mueren. El Dr. Sebastiani no deja de indicar que la mayoría de tales casos provienen de los estratos más desfavorecidos de la sociedad argentina, de aquellos donde el embarazo no deseado intenta interrumpirse mediante métodos antihigiénicos y que en ocasiones deja terribles secuelas. Los promotores de los organismos pro-vida siempre tratan de escamotear estos datos. Asimismo señala que:

“Desde el punto de vista práctico, la posición pro-vida es contradictoria. Invierten una enorme cantidad de poder y dinero en demonizar al aborto y a las mujeres que recurren a la interrupción del embarazo y prácticamente no hacen nada o muy poco para prevenir el embarazo no deseado. Así, lejos de contribuir a proteger la vida embrionaria disminuyendo la cantidad de abortos, contribuyen a su alta incidencia”.

Y continúa:

“Una mujer debe tener el derecho de no tener un hijo o puede rehusarse a continuar un embarazo. Como dice la filósofa del MIT Judith Jarvis Thompson un feto no tiene el derecho de apoderarse del cuerpo de una mujer. ¿Cómo es posible que tengamos que obligar a una mujer que no quiere tener un hijo en ese momento de su vida a que sea rehén de un embarazo? ¿Cómo es posible que se obligue a una mujer a tener un hijo en contra de sus circunstancias personales, sobre la tesis de la defensa de la vida, mientras que esa misma mujer ―o cualquier hombre― no están obligados a donar un órgano a su hijo que está por morir para salvarle la vida? Este segundo ejemplo, moralmente correcto y que se aplica a la práctica cotidiana, se justifica porque la sociedad no nos puede exigir un acto heroico a los padres o a las personas en general. ¿Por qué podría exigirle un acto equivalente a las mujeres embarazadas?” (Sebastiani, 2018).

Y el Dr. Sebastiani concluye:

“El aborto forma parte de la medicina reproductiva y no puede ni debe ser su antítesis. El aborto es necesario y no es un mal sino un bien social. Aborto y maternidad van de la mano. La libertad de ser madre implica la libertad de no serlo. […] El dilema, por lo tanto, es si vamos a darle más derechos a un zigoto, a un embrión, a un feto o a una mujer. Por ello, quitarle los derechos a una mujer por un embarazo es a todas luces un atropello. Por otro lado, ninguna mujer estaría obligada a abortar. Lo lamentable es que un grupo minoritario de personas, la mayor parte de las veces radicales, auto manifestándose en favor de la vida, quiere imponer a toda la sociedad la idea de que el aborto es un asesinato, que una nueva célula es una persona, que el aborto es una industria o que el aborto es una amenaza para la sociedad. Esta manera de pensar me resulta totalitarista”. (Sebastiani, 2018).

Conclusión

Considero totalmente válida la posición de aquellos que sostienen que la vida debe ser respetada. Si sus creencias les hacen imposible interrumpir un embarazo no deseado y, por ende, promueven la abstinencia sexual entre los miembros de su organización, yo no tengo nada que objetar.

La cuestión es si desde el punto de vista de la política pública es ello válido. La posición de respeto irrestricto a la vida hace olvidar que hay dos vidas en juego, la del feto y la de la madre… ¿cuál de ellas se debe privilegiar?

Y si a esto sumamos el hecho de que los límites planetarios exigen un control de la población humana… ¿Cuál procedimiento vamos a utilizar? ¿Los de la China comunista que se vio obligada, para poder detener el círculo vicioso sobrepoblación-pobreza, a hacer abortar a millones de mujeres o los que usan Europa y Estados Unidos, esos que permiten que todas las mujeres que lo deseen puedan, de manera segura, interrumpir un embarazo no deseado?

Si me preguntan mi opinión, considero que, en nuestros días, tomando en cuenta los datos anteriores, es una vergonzosa falta de respeto contra las mujeres obligarlas a tener un hijo no deseado así como un verdadero atentado contra la calidad de vida de las generaciones futuras “tener todos lo hijos que Dios me dé”.

Por todo lo anterior me parece evidente también que las políticas que promueven los grupos pro-vida tan sólo fomentan la anomia social y favorecen el decrecimiento de la calidad de vida de la humanidad y los ecosistemas futuros.

Luis Tamayo Pérez

Bibliografía

Azócar, David, (2008). China e India: los colosos de la población mundial. Biblioteca del Congreso nacional de Chile: https://www.bcn.cl/observatorio/asiapacifico/noticias/poblacion-china-india

Bar-On et al, (2018). “The biomass distribution on Earth, PNAS, 21.05.2018).

Bartlett, Albert (1980, 2004), The Essential Exponential! For the future of our planet, (ensayos escritos desde 1980), University of Nebraska, USA.

Catton, William (1980, 2010), Rebasados (Primera versión en inglés en 1980), Océano, México.

Delgado Ramos, Gian Carlo, Mireya Imaz Gispert y Ana Beristain Aguirre (2015), La sustentabilidad en el siglo XXI, Interdisciplina 3, n° 7, 9–21.

Ehrlich, Paul (1968), The population bomb, Stanford, USA.

ONU. Población: https://www.un.org/es/sections/issues-depth/population/index.html

Sarmiento, Antonio (2019). (2019), “¿Cuál es el verdadero costo de comer carne?”, En el volcán insurgente 56 (enero-marzo), INAH, México. http://enelvolcan.com/81-ediciones/056-enero-marzo-2019/592-cual-es-el-verdadero-costo-de-comer-carne

Sebastiani, Mario (2018). El aborto como bien social. Revista de bioética y derecho, No. 43: https://doi.org/10.1344/rbd2019.0.20593

Vitousel, Mooney, Lubchenco, Melillo, (1995). “Human domination of Earth ecosystems”, Science, 255. No. 5.325 (25.07.1995).

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