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Marco Antonio: «hay que dejar atrás los prejuicios de que en México no se puede hacer ciencia»

Historia: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Fotos: Guillermo González

La elaboración de un dron en apenas 2 horas es el argumento perfecto para que las niñas y niños exploren la posibilidad de estudiar una ingeniería y dejen de lado el rechazo a las matemáticas, señaló Marco Antonio Huerta Valdés, creador de Nabla Tech.

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El símbolo de Nabla es un triángulo invertido, un operador matemático, con el que el joven de 24 años pretende acercar a la infancia queretana a la tecnología y a las ingenierías, más allá de cualquier prejuicio de que las matemáticas no son para todos y de que México no puede hacer ciencia.

Ganador del Premio Estatal de la Juventud 2019, Categoría B, por Ingenio Emprendedor, Marco Antonio diseñó Nabla Tech como un proyecto educativo que acerca la aeronáutica a principiantes de entre 12 y 18 años de edad, con la posibilidad de continuar con su preparación en temas específicos.

“Cuando hablas de tecnología, la mayoría piensa en robótica, pero es un tema muy amplio, nosotros no enfocamos en aeronáutica, que es lo que nos interesa, con sistemas para programas, así que armamos un plan para dar el área básica, los circuitos, la programación, después la aerodinámica, lo más bonito de la tecnología”, agregó.

Acabar con los prejuicios hacia la tecnología

Marco Antonio encontró una gran área de oportunidad de facilitar el acercamiento con las ciencias desde edades tempranas, a partir de identificar las complicaciones de muchos familiares y conocidos para elegir una carrera profesional.

“Me di cuenta que muchos elegían porque el papá les decía que tal carrera era la buena, un tío decía que en aquella ganaban mucho dinero o de plano, porque en determinada carrera no hay matemáticas. Están super errados si eligen así”, añadió.

En un primer intento por acabar con los prejuicios hacia las matemáticas y el desarrollo de la tecnología, en abril de 2017, Marco Antonio diseñó un curso de circuitos que ofreció en el Centro Cultural Manuel Gómez Morín.

Su intención era enseñarle a la gente “lo más bonito de la tecnología” y que se olvidaran de las matemáticas en las ingenierías. Buscaba quitar la idea de que era algo difícil y que aprendieran a mover cosas con un motor o programar de manera sencilla y divertida.

Sus compañeros en la Universidad Aeronáutica, donde estudió Ingeniería Aeronáutica en Manufactura, empezaron a sumarse a la impartición de sus talleres. A partir del éxito que tuvo ese primer intento, decidió llevar su proyecto a la incubadora de la misma escuela y lo apoyaron hasta ganar el tercer lugar del concurso Nacional de Emprendimiento 2017.

“Nunca había ganado nada, iba con las expectativas muy bajas. Cuando ganamos se juntaron más compañeros y todo el 2017 impartimos el curso de ‘Arma tu Dron’ en el Gómez Morín. En 2018 acudimos a la Expo Industrial en el Centro de Congresos, en la Universidad Aeronáutica dimos cursos y en 2019 ganamos el Premio Municipal de Emprendimiento y el Premio Estatal de la Juventud”, relató.

Enseñar ciencia sin complicaciones

Cuando las niñas y los niños arman sus drones, explicó Marco Antonio, no se dan cuenta de que hacen ciencia. “El factor común es que nadie cree que va a armar un dron en dos horas”, porque piensan que crear tecnología es muy complejo, casi imposible y al final “se lo llevan volando”.

Además, se destruye el malinchismo, porque suele pensarse que la creación de robots es algo que sólo pueden hacer en otros países, como Japón o Alemania y los drones son cosa de Estados Unidos.

“Cuando terminan de armar su dron, todos quedan con el pensamiento de que sí lo pueden hacer, pues porque ya lo hicieron y se abren las puertas a que quieran más, porque eso es solo una probada de tecnología y si quieren más, existen varias carreras que pueden estudiar”, insistió.

Algunos de los participantes solicitan tener cursos adicionales y se les ofrecen clases privadas de circuitos, programación o de robótica, que se personalizan de acuerdo a sus propios intereses.

Muchos más optan por estudiar alguna ingeniería en la Universidad Aeronáutica, así que el proyecto se convirtió en una “empresa tractora para atraer alumnos” y se fomenta la participación de hombres y mujeres.

“Cuando son niñas y niños, de 12 años para abajo, no hay diferencia alguna, hombres y mujeres participan por igual en los talleres, es muy parejo, porque no existen limitaciones”, aseguró.

El reto es formar los ingenieros que necesita Querétaro

Marco Antonio tiene también una carrera técnica de Sistemas Digitales que estudió en el Politécnico Nacional y está convencido del potencial de Querétaro para el desarrollo de las ingenierías, las ciencias duras y el impulso de la aeronáutica.

“Querétaro tiene el potencial número 1 en el país para todo eso. Desde hace 4 años asisto a la mayor cantidad de eventos que puedo de emprendimiento y tecnología y en todos comentan cómo se destaca Querétaro, tenemos el más grande potencial para desarrollar tecnología, tenemos centros de investigación y muchos proyectos que se pueden colocar en el mercado”, expresó.

Lo que falta, consideró, es que los queretanos dejen sus prejuicios y entren a las ingenierías, porque muchos de los estudiantes en esas carreras provienen de otros estados.

Por eso, insiste en que los estudiantes se permitan explorar otras carreras que no siempre se consideran, porque las matemáticas no son imposibles y “el dinero tampoco lo es todo, no porque te paguen bien vas a estar feliz y puede ser que no sea lo que te imaginas, puede ser que las ingenierías te sorprendan”.

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