Luis Tamayo Pérez - Ecosofia

Retos ambientales de Querétaro (III): las ciudades – Luis Tamayo Pérez

Introducción: la vulnerabilidad ante el Cambio climático

Como indica el Panel Intergubernamental sobre Cambio climático (IPCC por sus siglas en inglés), no todos los lugares de la tierra se verán afectados por el Calentamiento Global Antropogénico (CGA) de la misma manera ni al mismo tiempo.

  • Las regiones árticas. En nuestros días, el pergelisol de las regiones nórdicas se derrite y, en consecuencia, hace inestables los suelos donde se construyeron pueblos enteros, ocasionando que la infraestructura deba ser reforzada o los pueblos evacuados. El CGA que derrite el pergelisol también está ocasionando que se liberen cantidades crecientes de metano, un gas con un efecto sobre calentador casi 30 veces superior al bióxido de carbono.
  • Las islas de baja altitud. Varias islas del Pacífico sur, otrora verdaderos paraísos sobre la tierra (Tuvalú, Kiribati) han iniciado su evacuación. Ante su poca elevación sobre el nivel del mar —y con unos océanos cuyo nivel crece sin parar— el agua salada invade, a la primera oleada derivada de las frecuentes tormentas tropicales, sus tierras y campos de cultivo, así como contamina las aguas dulces subterráneas.
  • Las regiones áridas. Varias de las regiones más áridas del planeta se han convertido en súper áridas. Un ejemplo de esto lo apreciamos en Siria, donde una sequía que se prolongó por media década obligó al exilio masivo de un millón de campesinos a las ciudades, lo cual desestabilizó a la nación y estuvo en la base de la revolución que, todavía en nuestros días, desangra a tal nación.
  • Las regiones inundables. La capital de Bangladesh —Daca— en nuestros días es prácticamente invadida por los campesinos que debieron abandonar sus campos de cultivo junto al Ganges y el Brahmaputra, dos ríos que, causa del CGA, en los últimos años han visto incrementar su caudal y, por ende, de inundar permanentemente sus riberas.

El CGA ya ha iniciado en varias regiones de la tierra y ya hemos comenzado a contar a los refugiados ambientales.

La vulnerabilidad ambiental de México

Si revisamos lo que el IPCC ha indicado que ocurrirá en nuestra región no podemos sino reconocer la exactitud de las predicciones: algunas zonas bajas, como Tabasco, cada vez se inundan con mayor frecuencia y, si no logramos detener el CGA, terminarán quedando bajo el mar. Las regiones más altas, esas que poseían nieves antes denominadas “eternas” —como las cumbres de la cordillera neovolcánica del centro del país—, a causa del CGA pierden sus glaciares y sólo se presentan nevadas en unos pocos días del invierno.

El IPCC informa que la mayor vulnerabilidad de México ante el CGA está en tres regiones: en sus playas, muchas de las cuales quedarán bajo las aguas, en sus zonas áridas, las cuales se convertirán en super áridas —y por ende no podrán entregar cosecha alguna— y sus ciudades, las cuales se volverán inhabitables.

El CGA ya ha iniciado también en México y el fenómeno sólo se agravará en las décadas venideras. Es urgente que la humanidad inicie las medidas para mitigar el fenómeno.

La vulnerabilidad futura: el caso de las ciudades

Como antes indicamos, en el mediano plazo el problema generado por el CGA se desplazará a las ciudades. Y, de alguna manera, ya lo es en nuestros días pues como en ellas el consumismo y el exceso privan son las directamente responsables de la exigencia de una cantidad creciente de recursos tanto hídricos como energéticos y alimentarios.

Las regiones rurales y semirurales del país no sufrirán mayormente cuando la crisis derivada del CGA muestre sus peores efectos porque son básicamente autosuficientes (o pueden serlo pues, en general, poseen tierra y agua).

Son las grandes aglomeraciones humanas existentes en México y el mundo las que serán un problema para todos; son los habitantes de las ciudades los que pueden desequilibrar a la sociedad: cuando carezcan de los insumos vitales: agua, alimentos, energéticos y demás, saldrán a buscarlos, exigirlos o robarlos. Los citadinos hambrientos serán capaces de hacer cualquier cosa para obtener los insumos a los que están acostumbrados. Nunca olvidemos que las ciudades tienen reservas de alimentos para apenas unos pocos meses.

Cuando la productividad de la tierra comience a disminuir (y lo hará, el IPCC indicó que, el CGA ocasionará un descenso de la producción agrícola a cielo abierto de casi un 15%) las ciudades sufrirán desabasto, los precios de los productos del campo se incrementarán e iniciará una crisis social que sólo aumentará la ya importante anomia social de México.

Para evitar tan nefasto panorama es necesario iniciar ya un vasto movimiento de educación ambiental, así como de incremento de la autonomía de las ciudades en agua, alimentos y energía. En nuestros días contamos con varias ecotecnologías que permiten resolver esos retos y de las que hemos comenzado a escribir en esta columna.

Requerimos, asimismo, diseminar una educación ambiental que fomente el “Pensamiento catedral”, es decir, aquél que poseía la humanidad en los años en los que se construían catedrales, obras que duraban varias generaciones y, por ende, los que las iniciaban sabían que nunca las verían terminadas, pero que podían imaginar lo glorioso que sería en resultado.

Esas personas, las que poseían el “pensamiento catedral”, eran capaces de vivir en el mundo del futuro y por esa razón fueron capaces de construir esas obras monumentales.

En nuestros días, para evitar los peores efectos de la catástrofe venidera, la humanidad requiere con urgencia recuperar ese “pensamiento catedral”. Afortunadamente, a lo largo y ancho de la tierra, urbanistas visionarios se encuentran planeando las ciudades del futuro, como la Woven City que Toyota establecerá en Japón.

No es imposible “vivir el futuro”, los científicos que versan sobre el CGA lo hacen todo el tiempo. Es gracias a ellos que ha sido posible predecir el incremento en frecuencia e intensidad de los fenómenos hidrometeorológicos (huracanes, tifones, sequías, ondas de calor, incendios forestales), el aumento del nivel del mar (que inundará playas, islas e innumerables regiones bajas de la tierra) así como los nefastos efectos que ocasionará el derretimiento del Ártico y demás regiones nevadas.

En México, si la humanidad no detiene el CGA, hacia la mitad del presente siglo, no sólo el estado de Tabasco quedará de manera permanente bajo las aguas, poco después la península de Yucatán quedará también bajo el mar, al mismo tiempo que los países bajos de Europa y amplias regiones de China y Bangladesh.

Los científicos del IPCC también informan que el CGA y fenómenos asociados (Sexta extinción masiva de las especies, Contaminación generalizada) ocasionarán una disminución de la productividad a cielo abierto, es decir, que mientras la humanidad sigue creciendo (en 2011 alcanzamos los 7 mil millones de seres humanos y en 2020, sólo apenas 9 años después, ya somos 7,700 miles de millones), la productividad agrícola desciende. Algo similar ocurrirá con los combustibles fósiles.

La humanidad, si pretende sobrevivir, está obligada a decrecer, a ser “autocontenida”. Si no lo logra, serán la naturaleza misma la que acabará —y de la manera más abrupta que podamos imaginar— con los logros que la humanidad ha alcanzado.

Conclusión

En nuestros días, ser humanista es ser ambientalista. Son nuestros científicos y activistas ambientales los que ya despertaron y son capaces de apreciar el mundo venidero, son ellos los que han iniciado la lucha por el bien de todos.

Los negacionistas (deniers), al contrario, sólo confunden a las mayorías. Debido a una mirada vergonzosamente cortoplacista, son incapaces de apreciar los escenarios venideros y continúan la expoliación del mundo, como si éste fuese infinito.

Afortunadamente, como cualquier organismo vivo, las ciudades se renuevan con el paso del tiempo, se modernizan edificios y calles, se renuevan fachadas y mejoran servicios.

Es en esos cambios donde está la oportunidad que puede aprovechar el “pensamiento catedral”. Si somos capaces de establecer códigos urbanos que exijan sostenibilidad a las estructuras nuevas, lograremos poco a poco establecer las mejores ecotecnologías.

Es también por eso que nuestra esperanza está en jóvenes con una correcta educación ambiental. Son ellos los que, acompañados de todos aquellos que posean “visión de futuro”, podrán realizar los cambios que son menester para mitigar los peores efectos del CGA. Nos toca a nosotros establecer las leyes que hagan posible la construcción de una sociedad sostenible.

Para lograr tales cambios se requiere, entonces, primero formar a los educadores, es decir, lograr que sean capaces de apreciar con precisión las amenazas venideras para, de tal manera, hacer las propuestas concretas que minimicen los peores efectos. En segundo lugar, establecer un movimiento ciudadano que obligue a los tomadores de decisiones a establecer las leyes que garanticen la sostenibilidad. Finalmente, se requiere que los mejores de nuestros jóvenes, los más propositivos e influyentes, se sumen a las tareas ambientales para, de tal manera constituir los cuadros que acompañarán el amplio movimiento social de reconfiguración de las ciudades y los pueblos. Continuará.

Luis Tamayo Pérez

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