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Susi no murió por Covid, pero sí por miedo a contagiarse

Historia: Lenin Robledo/EnLaLupa.com

9 de agosto de 2020, un día de angustia y dolor

00: 00 am

Después de un sábado de mucho ajetreo, la familia conformada por Mario Ulises, Susi y Sofía, su pequeña hija de 9 años, decidieron irse a dormir. Pasada la media noche, Susi se levantó con fuertes dolores abdominales acompañados de un intenso sangrado vaginal. Se desmayó. De inmediato, Mario Ulises se comunicó al 911; minutos más tarde acudió una patrulla y una ambulancia de la Cruz Roja. Le tomaron los signos vitales y lograron que recuperara el conocimiento; le aseguraron que era una descompensación y antes de retirarse del domicilio, le recomendaron mucho reposo.

2:00 am

Susi se volvió a sentir mal y solicitaron nuevamente una ambulancia, pero en esta ocasión, solicitada a través de un seguro de gastos médicos con el que contaba Mario Ulises. De inmediato la trasladaron al Hospital Ángeles, ubicado en la colonia Lindavista Sur, en la alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México. Ahí la atendieron de urgencia debido a que seguía presentando abundante sangrado, por lo que los médicos decidieron realizarle dos transfusiones de sangre.

7:00 am

El médico que atendía a Susi salió para informarle a Mario Ulises que ella estaba grave pero estable y que permanecería en terapia intermedia. Le recomendó presentar una queja en contra del hospital donde le habían recetado Misoprostol, pues de acuerdo con el especialista médico, eso no fue lo correcto.

11:00 am

Después de permanecer toda la noche en el hospital, Mario Ulises decidió ir a su departamento, ubicado muy cerca de esa zona, para descansar un poco, pues si ocurría algo grave le informarían de inmediato.

12:00 am

A esta hora, Mario Ulises recibió una llamada urgente del hospital para informarle que su esposa registraba frecuencia cardiaca muy alta y presión arterial baja, algo que preocupó al cuerpo médico, por lo que le sugirieron que regresara inmediatamente. Le preguntaron si Susi tenía alguna enfermedad o padecimiento crónico, pues había algo que no le permitía recuperarse. Respondió que no.

13:30 pm

Ya en el hospital, Mario Ulises y algunos familiares recibieron otro informe médico en el que mencionaba que no había signos de recuperación, por lo que era necesario realizarle estudios de sangre urgentes para detectar posibles bacterias o virus, un electrocardiograma y un análisis de pulmones.

2:00 pm

Los médicos le permitieron a Mario Ulises pasar a la sala de terapia intensiva en donde ya se encontraba Susi en ese momento. “El hospital fue muy humano, me permitieron verla. Estaba muy cansada, pero consciente. Estaba preocupada por nosotros”, mencionó. Aprovechó el momento para realizar una llamada con la intención de que Susi pudiera saludar a su pequeña Sofía, a sus suegros y sus padres. Mario Ulises decidió tomar una ducha como medida preventiva de higiene por el tema del Covid. Al salir, ya había una enfermera al lado de su esposa, quien le comentó que estaba perdiendo oxigenación.

La angustia crecía, pues al moverla de posición para ponerle suero, ella escupió los fármacos y su oxigenación bajó al 60%. De inmediato le pidieron a su esposo salir de la sala, pues la iban a intubar.

4:00 pm

Los estudios realizados no arrojaron la causa por la que Susi no respondía favorablemente. A esta hora, ella pidió hablar con Mario Ulises. Su mirada cansada y débil era de gratitud, de esperanza, de ganas de salir adelante por su familia. “Todo va a estar bien, mi piel canela” atinó a decirle Mario Ulises antes de retirarse nuevamente a petición de los médicos.

8:42 pm

El escenario menos deseable se confirmaba. Susi, falleció como consecuencia de un paro cardiaco. El certificado de defunción señalaba que la causa de la muerte fue por un choque hipovolémico por un sangrado obstétrico, sin embargo, nunca encontraron la razón por la que el tratamiento de los médicos no funcionó.

Se descartaron muchas posibilidades, incluso de coronavirus, pues también se le realizó la prueba para saber si esa era la causa, pero la prueba salió negativa.

El impacto emocional para la familia fue brutal. Mario Ulises pudo estar unos minutos con el cuerpo ya sin vida de su esposa “Le prometí que iba a luchar por mi hija, que no le iba a faltar nada. Le dije que la iba a extrañar mucho”. Ve hacia la luz, no detengas tu vida espiritual con Dios, sé feliz allá como lo fuiste aquí, susurró Mario a su esposa fallecida. Momentos más tarde, fue incinerada.

Una historia marcada por la pandemia

Hay familias a las que directa o indirectamente el Covid-19 les ha cambiado su vida, como es el caso de Mario Ulises Trujillo García, originario de la Ciudad de México y quien perdió a su esposa Susi en agosto del año pasado.

La historia de este matrimonio era como la de la mayor parte de las familias mexicanas, en donde el esfuerzo diario para vivir dignamente en un país que está en permanente crisis, era el común denominador.

Mario Ulises y Susi se graduaron como ingenieros aeronáuticos en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Se conocieron en el bachillerato en 2001, en donde los unió una fuerte amistad, basada en gran parte en la confianza de tener a alguien a quien contarle penas y alegrías. No fue hasta 2005 cuando comenzaron una relación de noviazgo al momento de ingresar a estudiar a la escuela superior. Una historia de amor que los llevó a contraer matrimonio por el civil en 2011.

Si algo admiraba Mario Ulises de Susi era la claridad de sus ideas, su entrega y talento en el ámbito escolar y profesional. Siempre fue de alto rendimiento en las aulas y en su trabajo. Gracias a esto, ya contaba con amplias posibilidades de escalar a mejores puestos directivos en la empresa en la que colaboraba, sin embargo, esos objetivos se truncaron de manera repentina. El miedo por contagiarse de coronavirus y una mala praxis, según lo señalado por Mario Ulises, fueron las causas que hicieron que Susi ya no esté entre nosotros.

La pandemia y el embarazo deseado

Tenían muchos proyectos, sueños y objetivos por alcanzar, como la compra de una casa en la Ciudad de México; pero el proyecto más importante para ellos, era construir y consolidar una familia. Deseaban un segundo hijo.

Debido a su trabajo, Susi viajaba con frecuencia a nivel nacional e internacional. Trabajaba en la industria automotriz. Su último viaje lo realizó a Estados Unidos, antes de que se decretara emergencia sanitaria en todo el país, lo que obligó a miles de personas a quedarse en casa.

A pesar del preocupante panorama, Mario Ulises y Susi decidieron que era el momento de planear un segundo embarazo, el cual se confirmó en julio de 2020. Acudieron a una institución privada especializada en temas de embarazo y ginecología ubicada al norte de la Ciudad de México en donde les dieron la feliz noticia.

“Con mucha emoción, vimos latir el corazón del bebé a través de un ultrasonido. Teníamos mucha ilusión de tener a nuestro segundo hijo”, comentó para EnLaLupa.com, Mario Ulises.

Con siete semanas de embarazo, la ginecóloga que los atendió, les pidió regresar a las 12 semanas, después de someterse a una serie de estudios prenatales para detectar alguna posible complicación del feto, algo que hicieron puntualmente. Pero, el sábado 8 de agosto, ya en la segunda cita y después de hacer el ultrasonido respectivo, la ginecóloga les informaba que el bebé llevaba dos semanas muerto en el vientre de la madre, por lo que les dio dos opciones a realizar de forma urgente, pues la situación ponía en riesgo la vida de ella.

La primera era acudir a un hospital para realizar un legrado inducido —algo que Susi descartó de inmediato por temor a infectarse de Covid— o tomar unas pastillas que “le ayudarían” a expulsar al producto. La especialista les aseguró que no tendría consecuencias negativas, que sólo iba a experimentar fuertes cólicos y algo de sangrado, lo que iría disminuyendo poco a poco. Debía tomar tres dosis de cuatro pastillas de Misoprostol cada tres horas. El mismo sábado 8 de agosto de 2020, Susi tomó en total 8 pastillas de Taneciprol de 200 mcg. Una decisión que a la postre sería fatal.

Los trámites

Con el dolor a cuestas, Mario Ulises comenzó el tedioso peregrinar de los trámites.  El primero fue sacar el certificado de defunción. Así transcurrió su vida durante los siguientes tres meses, de un lado para otro, con documentos de aquí para allá, para hacer efectiva, en primera instancia, la póliza de seguro de gastos médicos mayores, pues lo que se había pagado al Hospital Ángeles había ascendido a 254 mil pesos tan sólo por un día de atención médica.

La aseguradora no quería asumir ese gasto, pues argumentaba que la razón de la muerte se había debido a un legrado inducido y eso no lo cubría el seguro. Después de muchas explicaciones, el seguro otorgó sólo el 80% del total de los gastos.

“Tuve que ir peleando. Al final fueron cuatro pagos, de agosto a finales de septiembre, pero sólo nos cubrieron el 80%”, explica Mario Ulises.

También realizó los trámites respectivos ante la empresa en la que trabajaba Susi, en donde entregó documentos y equipo de cómputo a cambio de su respectivo finiquito.

La preocupación y angustia lo comenzó a invadir, pues, aunque había recuperado el 80% de lo pagado al hospital  —dinero que fue prestado por sus familiares—– la situación los había dejado desprotegidos económicamente, pues vivían al día, como la mayoría de los mexicanos.

Después de una pesada noche y como impulsado por una vocecilla interna, recordó que Susi, de manera previsora, había contratado un seguro de vida hacía ya varios años, con el objetivo de garantizar la educación de su hija en caso de que alguno de ellos falleciera. Mario Ulises comenzó a revisar documento tras documento de ella y encontró la ansiada deseada póliza, por lo que de inmediato se puso en contacto con Ivón Álvarez, la asesora de seguros que les brindó la póliza en el año 2013.

La tranquilidad de contar con un seguro

Ivón revisó de inmediato las condiciones de dicho seguro y le mencionó a Mario Ulises que estaba próximo a vencer, por lo que era urgente que se realizaran los trámites correspondientes para hacer válida la póliza. Con un acompañamiento profesional, se entregaron los documentos necesarios y justo, un mes después, Ulises recibió el depósito a su cuenta bancaria. Una suma considerable que ayudará a enfrentar de mejor manera esta dolorosa situación.

“La pérdida de mi esposa es irreparable y no hay dinero que nos consuele, pero si no hubiéramos tenido este seguro la situación iba a ser muy difícil. Si no vives esto, no te das cuenta de lo importante que es contratar un seguro, pues aparte de la carga anímica, está el tema económico”.

Uno de los objetivos de Mario Ulises, al compartir su historia, es justamente transmitir la experiencia que vivió para que más gente haga consciencia de la importancia de contar con un seguro médico y de vida, pues “todo puede cambiar en un día, como a mí me sucedió”.

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