Niels Rosas Valdez - Procesos del Poder

El día esperado – Niels Rosas Valdez

Por fin llegó el día. Hoy se marca la salida de Donald Trump como presidente de Estados Unidos de América, permitiendo la entrada a la Casa Blanca de una política más sana – aunque no necesariamente la mejor – para ese país y, en cierta medida, para el mundo. ¿Qué apuntes hay acerca de la transición de poder de nuestro vecino del norte y qué beneficios traerá la administración de Joe Biden?

Pareció más, pero apenas hoy se cumplen cuatro años de la llegada de Trump al poder en Estados Unidos. En su momento fue tan inexplicable e impactante, como doloroso su arribo a la Casa Blanca tras esa serie de declaraciones violentas y discriminatorias envueltas en una narrativa supremacista y visiblemente populista que ofreció al electorado, pero también a todo el mundo. Con sus acciones y discursos, el Republicano de Florida ha fungido como una llave de paso abierta para el regreso y la legitimación de las ideas de extrema derecha no sólo en Estados Unidos, sino también en el globo.

No sólo con el mal manejo de la pandemia – situación que se ha replicado en los gobiernos populistas de otros países –, sino con su narrativa incendiaria, violenta y parcial, Trump ha dañado a la sociedad estadounidense y ha confundido severamente a otras en el mundo. El mandatario republicano y Washington se han comportado como un niño mimado y berrinchudo que cree que puede hacer lo que le plazca sin merecer las consecuencias de ello. Ejemplos están en el resultado de la relación con la Unión Europea, con la Organización Mundial de la Salud, con la Organización del Tratado del Atlántico Norte y con China, entre otras, así como con, más recientemente, su decisión de no asistir a la transferencia de poder.

No obstante, a partir de hoy y con acciones, más que palabras, es tarea de Biden recuperar la credibilidad y restaurar la imagen de Estados Unidos. En varias cuestiones la tiene relativamente fácil, es decir, podrá sin muchas complicaciones entablar su política de protección ambiental, que es central en su agenda (a diferencia de otros países), permitiéndole destinar billones de dólares a ello y regresar al Acuerdo de París, por ejemplo. Sin embargo, el paso áspero en este contexto es el diálogo que tendría con China para que su compromiso sea mayor.

Otra de las tareas que presentan menos dificultades es la de regresar a las relaciones diplomáticas a través de la vía institucional, esto es, que la relación que se tenga con otros países, organizaciones internacionales, etc., sea por medio de funcionarios públicos instruidos y capaces para las responsabilidades que merezcan tales interacciones, y no enviar a familiares, como lo hacía Trump.

Por otra parte, hay ciertas particularidades que representan una dificultad mayor para la nueva administración presidencial. Los temas correspondientes a la relación con China, Rusia, Corea del Norte, Irán, Siria, etc., desde luego que merecen mucha atención y recursos. En ellas Washington, bajo Biden, buscará una relación más cercana de diplomacia y negociación, al menos eso es lo que se vislumbra desde ahora. No obstante, eso no significa que Trump haya implantado problemas en sus últimos días como mandatario, problemas que ahora serán del nuevo presidente demócrata.

En los recientes días Washington no sólo decidió no mover un dedo para asistir a su aliado Corea del Sur ante el percance que tuvo con Irán al capturar un buque en aguas internacionales, sino que colocó a Cuba en la lista de países colaboradores del terrorismo internacional y también acusó a China de causar genocidio (y además un genocidio cultural) contra de los uigures, un grupo étnico minoritario enclaustrado en campos de concentración en la región de Xinjiang.

Del primer movimiento quizá haber optado por no hacer nada obedecía a no encontrar un resultado que pudiera incidir severamente a la administración presidencial entrante, lo que, en cambio, sí implica para el segundo y el tercero. Acerca de Cuba, colocarla en esa lista significa mermar la política exterior reconciliadora que tuvo el gobierno de Barack Obama, estando Biden como vicepresidente y principal colaborador, con la isla caribeña. Con relación a China, muy probablemente Washington habría entablado una serie de acciones para atender la situación cada vez más conocida de los campos de concentración de uigures, pero, entendiendo la operación del demócrata, lo habría hecho poco a poco, con diálogo y negociación. No obstante, la posición abierta y vigorosa que deja la administración de Trump en este tema podría obligar al nuevo mandatario a atenderla de una forma más rápida, teniendo que cambiar la estrategia pensada. A pesar de ello, se vislumbra una cara menos mala de Estados Unidos con Biden.

Niels Rosas Valdez

Escritor, historiador e internacionalista

@NielsRosasV (Twitter)

[email protected]

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