Historias de la Metrópoli

Héroes anónimos: limpiar una ciudad en tiempos de pandemia

Historias: Alejandro Ruiz/EnLaLupa.com

Fotos: César Gómez Reyna

Querétaro, Qro., 14 de enero de 2021.- Son las siete en punto en la colonia Presidentes. Desde hace un par de minutos el sol se ha escondido para dar paso a la noche, y en este breve espacio donde la tarde agoniza al tiempo en que el alumbrado público se va encendiendo sobre la avenida, la calma comienza a pesar sobre la urbe.

Es sábado, y poco a poco las calles de esta zona ubicada al sur de la ciudad se van vaciando. Pocos automóviles circulan sin prisa sobre la calle, mientras que algunos grupos de transeúntes van y vienen en la acera. El transporte público va reduciendo la frecuencia del tránsito de sus rutas, y dos o tres puestos de comida siguen instalados despachando a algunos clientes. Los rostros de la gente ponen en evidencia el cansancio de toda la semana, una mezcla de alegría y fatiga se refleja en el paso ligero de los cientos de personas que retornan a sus hogares tras concluir su jornada laboral. Sin embargo, para los trabajadores del servicio de recolección de basura: el turno apenas comienza.

Como todas las noches, María enciende el motor del pesado camión con el que se abre paso entre las pequeñas calles empedradas de la Delegación Josefa Vergara y Hernández. Su misión es simple: cubrir en seis horas, junto a sus compañeros, la ruta que les ha sido asignada, llevándose consigo todas las bolsas de basura que surjan de las casas.

“Yo entré a trabajar aquí hace dos años” relata María, quien es la única mujer que conduce una unidad de recolección de residuos en la concesionaria Red Ambiental “En aquél entonces me encontraba sin empleo y tenía que conseguir algo para poder sostener a mi familia.”

A sus 30 años, María es madre de dos hijos pequeños, los cuales, según su testimonio, la impulsan para seguir adelante. “Yo siento que me he ido superando, pues ser operadora de un camión no es fácil, tienes que estar muy atenta a todo lo que pasa alrededor y saber guiar a tus compañeros.”

Con el paso de los años, las habilidades y experiencias de “Mari”, como la llaman de cariño sus compañeros, le han permitido abrirse camino en un mundo dominado por hombres, donde los prejuicios del machismo muchas veces impiden que las mujeres ocupen puestos de dirección o de mayor responsabilidad dentro de sus centros de trabajo.

“Primero entré como ayudante”, recuerda María mientras toma un descanso a un costado de la unidad de recolección. «Yo era de las que andaba corriendo detrás del camión recogiendo la basura de afuera de los domicilios. Ya después, fui escalando hasta llegar a ser operadora de una unidad. Esto fue en enero de este año, pero comencé a manejar el camión hasta después de marzo, pues se vino la pandemia.”

La emoción de María por convertirse en una operadora se vio pausada durante un par de meses, pues tras la entrada de México a la fase dos de la pandemia por el Covid-19, los 385 empleados de Red Ambiental se vieron obligados a recibir capacitaciones acerca de cómo cumplir con las medidas sanitarias para prevenir contagios entre ellos.

 

Prevenir para continuar: los trabajadores que nunca paran

Al ser considerada por la Secretaría de Salud como una actividad esencial, las empresas de Recolección de Residuos Sólidos Urbanos (RSU) —los cuales se atienen únicamente a los desechos domésticos que producen las personas— no han podido parar sus actividades durante la pandemia.

De acuerdo con la Guía de Acción para los Centros de Trabajo ante el Covid-19, publicada el 24 de abril del 2020 por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) en conjunto con la Secretaría de Salud, la recolección de residuos sólidos urbanos —o domésticos— es catalogada como una actividad de riesgo medio de contagio debido al contacto altamente frecuente con público en general y sectores específicos de la sociedad.

De igual forma, en un comunicado emitido el 30 de marzo por estas mismas dependencias federales, el Estado mexicano estableció una serie de responsabilidades y obligaciones para los centros de trabajo que, debido a sus actividades, no podían parar labores.

Entre esta serie de consideraciones, detallaron que es responsabilidad de las empresas que se dedican a labores esenciales procurar el cumplimiento de las medidas sanitarias para los trabajadores a través de estrategias preventivas como el establecimiento de horarios escalonados, el aseguramiento de insumos de desinfección en los centros de trabajo, así como el apoyo en el traslado de personal para que los recolectores no se expongan a contagios dentro del transporte público.

De acuerdo con la concesionaria Red Ambiental, las condiciones de seguridad que se han implementado dentro de la empresa van desde la colocación de lavamanos en la entrada de la planta, hasta la presencia de un médico general que periódicamente verifica el estado de salud de quienes ahí laboran.

Para los trabajadores de Red Ambiental, las caretas, cubrebocas y guantes se fusionaron con el verde y el caqui de sus uniformes. Ahora, antes de iniciar su turno, todo el personal, sin excepción, está obligado a pasar debajo de un túnel sanitizante que les rocía líquido desinfectante en su ropa. Después se les toma la temperatura para revisar que no tengan fiebre y, posterior a ello, proceden a lavarse las manos y desinfectarlas con gel antibacterial.

“Esto es todos los días” señala María “pues para poder comenzar nuestro turno tenemos que cumplir todos estos protocolos de la empresa. Aquí dentro del camión tenemos gel antibacterial y agua con jabón, para que los podamos usar durante el trayecto. Ya después de que vamos a descargar la basura al relleno sanitario, regresamos a la planta donde nos toman la temperatura y pasamos de nuevo por el túnel sanitizante.”

Sin embargo, y pese a las medidas establecidas, durante este periodo de contingencia sanitaria, la empresa ha reportado dos casos de contagio entre su plantilla laboral, a quienes, de acuerdo con la información presentada por el personal administrativo, se les han respetado su derecho al salario íntegro, así como el goce de incapacidad.

Asimismo, aseguran, que en caso de que un trabajador presente síntomas asociados al Covid-19, inmediatamente se procede a darle de 15 a 30 días de incapacidad para prevenir un posible brote de contagios dentro de la empresa, pues de acuerdo con los jefes de área, implica un “riesgo laboral”.

Los riesgos en el trabajo

Ricardo es un joven de 24 años quien antes de febrero laboraba como obrero en una fábrica de la zona industrial, sin embargo, debido al cierre temporal de varias empresas, la amenaza de quedarse sin empleo lo motivó a presentar su solicitud en la empresa Red Ambiental.

“Cuando yo entré a trabajar aquí hace 9 meses no imaginaba que se venía una pandemia como la que vivimos hoy” dice Ricardo con un aire sarcástico mientras toma un descanso junto a sus compañeros.

Junto con María, Ricardo es recolector en una de las 178 rutas con las que la concesionaria se encarga de recoger los residuos domésticos en el municipio de Querétaro.

“Yo me siento tranquilo y bien”, dice Ricardo después de interrogarle respecto a cómo ha sido su trabajo durante la contingencia sanitaria. “Mi familia se preocupa un poco, pero en realidad yo no tengo miedo, porque siempre me estoy lavando las manos. Sólo algunas veces me preocupa cuando dejan vidrios o jeringas en las bolsas, o por las mascotas que luego nos corretean.”

A mediados del mes de abril la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semar), presentó, en conjunto con la Secretaría de Salud y el Concejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), la Cartilla de mejores prácticas para la prevención del Covid-19 en el manejo de Residuos Sólidos Urbanos (RSU). Sin embargo, la difusión de estas disposiciones entre la ciudadanía ha sido muy poca.

A los riesgos cotidianos a los que se exponen los recolectores de basura, se les ha sumado el peligro de contagiarse debido al mal manejo de los residuos, pues de acuerdo con su testimonio, muchas de las veces la ciudadanía no separa los desechos provenientes de algún enfermo, o identifica las bolsas que puedan contener algún material punzocortante.

“Esto ha provocado que varios compañeros se hayan lastimado mientras estamos trabajando, pues al cargar la bolsa hacia el camión se han picado con jeringas o vidrios. Es un riesgo, pues con la situación actual no sabemos si estas cosas provienen de alguien con Covid”, añade Ricardo.

Dentro de esta cartilla, una de las recomendaciones que lanzan las autoridades federales a la ciudadanía es la de reducir al máximo la generación de desechos. Empero, de acuerdo con datos publicados por el municipio de Querétaro en el 2016, en esta entidad se producen en promedio mil toneladas diarias de residuos sólidos urbanos, de los cuales una gran parte es recolectada por la concesionaria Red Ambiental.

Dentro del documento emitido por la Semar, se hace hincapié en que los residuos provenientes de personas contagiadas del Covid-19 deben de ser rociados con una solución a base de cloro y agua, para después almacenarse en una doble bolsa identificada claramente como un residuo peligroso, y posteriormente ser depositada en un lugar aislado y ventilado donde los trabajadores de recolección puedan recogerla tomando las medidas preventivas necesarias.

Sin embargo, y a pesar de estas recomendaciones, durante los trayectos de recolección muy pocas veces se observa alguna bolsa que cumpla con estas características, lo cual pone en evidencia la falta de información entre la ciudadanía respecto a esta medida sanitaria, importante para prevenir los contagios por el Covid-19, los cuales, al 20 de enero, estaban cerca de los 38 mil casos.

Pese a ello, para Ricardo “no queda otra más que chingarle” pues ante la escasa oferta laboral en el municipio, se tienen que sortear los riesgos de un contagio para poder adquirir un sustento económico.

Riesgos que se está dispuesto a aceptar

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) sólo entre el 5 y 10% de los trabajadores son capaces de costear los gastos que representa una enfermedad o accidente grave.

Según un estudio presentado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, en el 2020 hay 34 millones 167 mil 349 trabajadores sin acceso a servicios de salud básica.

Para Luis Ángel, uno de los recolectores que acompañan a Ricardo y María, trabajar en estas condiciones representa un riesgo que está dispuesto a enfrentar.

“Yo soy padre de dos hijos pequeños” relata el joven de 21 años “y no tenía cómo mantenerlos. Por eso hace dos meses me vine para Querétaro, para buscar trabajo y poder solventar los gastos de mi familia.”

Hace un par de meses, Luis decidió migrar de su pueblo natal ubicado en el municipio de Jalpan hacia la capital del estado, esto, debido a las precarias condiciones económicas que atravesaban él y su familia.

Sin embargo, al llegar al municipio de Querétaro, Luis se encontró con que las mismas condiciones que lo orillaron a migrar se replicaban en la ciudad.

Información de la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño (Canacope) en el estado de Querétaro señalan que al menos dos mil negocios pequeños se vieron forzados a cerrar definitivamente desde el 20 de marzo. Esto, derivado de un decreto en el que el gobierno estatal, presidido por Francisco Domínguez Servién, ordenó el cierre temporal de cualquier espacio que permitiera la congregación de diez o más personas, entre ellos: escuelas, teatros, restaurantes, bares y oficinas.

La nueva normalidad había llegado a Querétaro semanas antes de que la Federación decretara la jornada nacional de sana distancia. A partir de ese momento el paisaje urbano fue adquiriendo un tono más gris que el de costumbre. Las contradicciones y contrastes sociales propios de la ciudad se pusieron de relieve. Mientras algunas personas trabajaban desde casa, otras se fueron quedando sin hogar. Miles de niñas y niños continuaron sus estudios a través del programa “Aprende en Casa”, a la par de que otros tantos tuvieron que abandonar sus estudios para aportar ingresos en sus hogares. Un ejército de desposeídos inundaba las grandes avenidas, y para algunos, como Luis, estar en casa no era una opción.

“La situación se había puesto muy difícil”, recuerda Luis mientras conversamos “y yo no podía quedarme sin trabajo”

“Por eso decidí presentar mi solicitud para ser recolector de basura. Y ahora ya tengo un mes trabajando aquí” añade.

De acuerdo con la empresa Red Ambiental, el salario promedio de un recolector de basura es de mil 450 pesos semanales, más prestaciones de seguridad social, lo que equivale a un salario diario de 207.14 pesos y de 6 mil 214 pesos al mes. Si comparamos ese sueldo con el costo mensual de la canasta básica en México, el cual es de 2 mil 780 pesos, a un recolector de basura le quedan tres mil 434 pesos para cubrir gastos de educación, servicios, vivienda y transporte.

Para Luis, esta realidad es algo que hay que sortear diariamente, pues al no poder quedarse sin empleo debido a sus hijos, decidió entrar a laborar en plena pandemia a un trabajo que implica un riesgo medio de contagio no sólo para él, sino para sus seres queridos.

“Yo no tengo miedo por mi”, relata “pero sí me da miedo contagiar a mis niños. Por eso cada que llego a casa después de trabajar me lavo inmediatamente las manos y me meto a bañar antes de abrazar a mis hijos.”

A la frase de Ricardo “no queda de otra, hay que chingarle”, Luis agrega que hay que hacerlo “pero con cuidado y precaución, pues ya este virus no sólo nos afecta a nosotros, sino a todos.”

“Nosotros quisiéramos que la gente fuera más consciente, que separaran su basura, que etiquetaran lo peligroso, que nos ayuden a cuidarnos entre todos y salir de esta”, concluye María antes de subir a la unidad de recolección y perderse entre las sombras.

Vuelve a sonar el motor del camión, las luces parpadeantes de la trituradora vuelven a iluminar las oscuras calles. Una señora se acerca con un billete de 20 pesos. “Gracias por su trabajo” les dice a los recolectores, mientras María avanza con cautela para no chocar con algún automóvil. Son las 10 de la noche en la colonia Presidentes, y la jornada de estos héroes anónimos continúa. Pues nunca ha parado.

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