Rocío Benítez - Zona de la Visión Perpetua

Amor a la palabra amor – Rocío Benítez

¿Qué es el amor? Por supuesto que hago tremenda pregunta porque mañana es 14 de febrero. Pero el amor no es tema de un solo día. Y la interrogante inicial no tiene respuesta única. Pues cada persona, cada región, cada cultura tiene su definición, por sus creencias, costumbres, por lo que ha experimentado. El amor no sólo en encasilla en la relación de pareja. Se habla de amor maternal, amor propio, amor a la tierra, a la vida. Amor al mismo amor. Amor a la palabra.

El amor es también columna vertebral de la poesía. Y los escritores han dejado en sus obras, o cartas personales, enseñanzas del amor y su contraparte. Amor pasional, loco, amor incondicional. Aquí algunos ejemplos.

“Escucha, amor, escucha el rumor de la calle,/ eso es hoy el poema, eso es hoy el amor”: se lee en el libro “Último round”, de Julio Cortázar.

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El poeta portugués Fernando Pessoa escribió “todas las cartas de amor son ridículas”…  Y sus cartas dedicadas a Ofelia Queiroz (su amor imposible) lo constatan.

 

“Mi amorcito, mi bebé querido: Son cerca de las cuatro de la madrugada y, a pesar de tener todo el cuerpo dolorido y reclamando reposo, he resuelto desistir definitivamente de dormir. (…)

¿Entiendes, mi bebé adorado, cuál es el estado de ánimo en que he vivido estos días, sobre todo estos dos últimos días? Y no imaginas la disparatada añoranza, la añoranza constante que he tenido de ti. Cada vez más tu ausencia, aunque sea solo de un día para otro, me abate. ¡Cuánto más debo padecer por no verte, mi amor, desde hace tres días! Dime una cosa, amorcito: ¿por qué te muestras tan abatida y tan profundamente apesadumbrada en tu segunda carta, la que me enviaste ayer por medio de Osorio? (…) ¿Qué te sucede, amor, además de estar separados? ¿Hay algo aún que te inquiete? ¿Por qué hablas en un tono tan desesperado de mi amor, como dudando de él, cuando no tienes razón alguna para ello?”

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De la poeta argentina María Meleck Vivanco:

“Amor de ojos vendados Tiembla en el desván de la cordura De infinitas orillas su rumor contra el cielo Caída en los cristales anémicos y tristes Su rosa de placer, con los núcleos amargos en un sola vuelta entretejidos sangran gota por gota sus placentas Cotidianas lisonjas que bordean la sed Y siglos retorcidos en la guerra Miro aquí al niño solo Al final de piel envejecido, perdido en la ciudad de su aliada la sombra. Los metales muy blancos quemados por la luna. Y el vellocino de oro que prefiere el silencio Susto a susto el iridio anda por los rincones De a poquito nos tocas sus pestañas de pluma Sus faisanes de garras bordadas en el hueso El ocaso se duerme sobre mi corazón Masticando la nada”.

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De Dolores Castro, Haiki:

 

Di con tu amor

todo piel y fragancia

alrededor.

 

Última luz

pero en la oscuridad

me quedas tú.

 

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Carta de  Marcel Proust a Geneviève:

“Madame: Amo a las mujeres misteriosas y usted lo es, como ya he comentado en varias ocasiones en el banquete, donde me habría gustado que se viera reconocida. Pero no puedo amarla completamente, y voy a decirle la razón, aunque no sirva de nada, pues como bien sabe pasamos el tiempo haciendo cosas que no sirven para nada, que incluso molestan mucho o solo un poco, sobretodo cuando se ama. Usted piensa que cuando alguien se expone demasiado deja evaporar su encanto, y creo que acierta. (…) Sin embargo, no es usted lo suficientemente consciente de esa verdad (no creo que sea consciente de ninguna verdad) que habría que atribuir en su mayor parte al amor platónico. Una persona poco sentimental se vuelve extrañamente sentimental si se ve limitada al amor platónico. Como pretendo acatar sus bonitos preceptos contra el mal gusto, no puedo precisar más. Pero piénselo, se lo ruego. Tenga alguna deferencia en atención al vivo amor platónico que le profeso, dígnese creerlo y permitirlo, su respetuosamente devoto”.

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Enriqueta Ochoa: La luz fue cayendo a pedazos

XII

Todo lo que yo amé

me fue arrancando,

aspirado por el tragasol de la distancia.

Impotente,

ahumado en soledad,

desagotándome de amor,

me miro en esta tarde

que se deslíe sumisa

al resbalar en los cristales.

Rocío Benítez

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