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Trabajo doméstico: un mundo de abusos, discriminación y sobre explotación

Reportaje: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

A Josefina la corrió “la señora” después de 3 años de trabajar para ella porque ya “tenía mucho tiempo en la casa y decía que se le estaban empezando a perder cosas”. Está segura de que la corrió porque una vecina tuvo que pagarle como 30 mil pesos a “la muchacha que le ayudaba” cuando ya no la dejó entrar a la casa después de que faltó varios días porque se lastimó lavando el baño.

Josefina sabe que las trabajadoras domésticas tiene derecho a recibir seguridad social por parte de los dueños de las casas en las que trabajan, pero los patrones les descuentan mucho y la mayoría prefiere emplearlas a través de empresas que se especializan en seleccionarlas y “luego son bien abusivas”.

Esas empresas, muchas veces, les hacen firmar documentos en blanco para que respondan si se pierde algo en la casa en la que trabajan y otros papeles donde aceptan que no tendrán prestaciones. Algunas de esas empresas, incluso, recomiendan cambiar seguido a la trabajadora doméstica para evitar que “se hagan flojas” o se sientan “con mucha confianza”.

No hay datos reales sobre cuántas mujeres trabajan en el servicio doméstico en Querétaro, pero la delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) tiene a 392 trabajadoras de la capital con registro ante esta dependencia y otras 43 en San Juan del Río.

Josefina no tiene seguridad social, aunque admite que en una de las casas sí le ofrecieron registrarla en el IMSS, pero le descontarían mucho sobre los 340 que puede ganar diario y su esposo ya tiene Seguro Social en la fábrica, así que ella solo trabaja para completar el gasto.

“Pues sí me gustaría tener, pero ganas mil 300 a la semana, a veces te quedan a deber y te quieren descontar una parte, no conviene, hay que pagar transporte y no es la única casa en la que trabajas y algunos creen que si te dan seguro, ya tienes que estar ahí para cuando te llamen, cuando te organizas para ir a por lo menos dos o tres casas a la semana”, señala.

“Ya pasó la moda de darles Seguro”

En la ciudad de Querétaro operan diferentes empresas de reclutamiento para trabajadoras domésticas, que recurren a las redes familiares y de amistad que ellas mismas tienen para recomendarlas en las residencias.

“Así ya no te preocupas tanto en el tema de seguridad, porque si alguna empleadora dice que se le perdió algo, sabes cómo localizar a la trabajadora porque tienes a varias personas que la conocen, a su tía, a su hermana, a su prima, a su amiga y sabes dónde vive y la buscas para que devuelva lo que se perdió o se salde la deuda”, declara una de las reclutadoras.

“Hacemos entrevistas, ellas entregan todos sus documentos y cuando llegan aquí a Querétaro nos firman un pagaré en blanco, cuando se firma les decimos: con esto confiamos en ti que en la casa de la señora nunca va a hacer falta nada”, agrega.

El trabajo se divide en las señoras de “entrada por salida” y las de “planta”. Las primeras entran y salen todos los días en una jornada de 8 horas, que puede ser de 8 a 4 o de 9 a 5 y en ese espacio de tiempo, “la señora ayuda a hacer limpieza general, lavar, planchar y cocinar” por 350 por día y se pueden contratar uno, dos o tres días, pero deben ser fijos, para que puedan ir a otras casas.

La “señora de quedada”, puede salir cada 8 días, cada 15 días o cada 30 días. “Cada 8 días llegan el lunes a la central, entre 9 y 10 de la mañana, ellas pagas sus pasajes hasta la casa de la señora y las salidas son los sábado a las 12 del día. Tienen derecho a descansar un día y medio por semana. Si la requiere cada 15 días, descansa 3 días, si la requiere cada 30 días, descansa 6 días y los días son pagados”, detalla.

El sueldo es el mismo si se debe hacer la limpieza para una persona que vive sola o si hay niños, perros y adultos. Las empresas firman contratos de entre 3 mil y 4 mil pesos por un año con los patrones, para garantizarles que “si la señora se va por alguna situación personal, se casa, se embaraza o el ritmo de trabajo disminuyó o ya no están cómodas con ella, se reemplaza al personal”.

La reclutadora admite que hace unos años “estuvo muy de moda el tema de darles seguro, desde que entró esta nueva administración del presidente, pero cuando llegan a la oficina firman un documento donde saben que no cuentan con prestaciones de ley. Si una empleada dura 2 o 3 o 4 años, el cliente sí le paga el aguinaldo o le dan vacaciones, pero no es sencillo dar de alta a una empleada del Seguro Social y luego darla de baja, porque no son perfiles estables y ellas tendrían que pagar algo proporcional de los 350 pesos que reciben, ya pasó la moda de darles seguro”.

“Ya tenía muchos años, por eso me corrieron”

Josefina lleva como 25 o 27 años como trabajadora doméstica, ya no se acuerda bien. Su mamá también limpiaba casas, incluso cuando ya estaba muy grande, “a veces después de limpiar, se dormía, por eso me llevaba chiquilla para ayudarle, pero a la señora le daba coraje si se quedaba dormida, aunque ya todo estuviera listo”.

Es originaria de Miranda y tomaba un camión que la dejaba cerquita de Milenio III, donde trabajó hasta hace unos meses. Estuvo casi 3 años en la misma casa, de entrada por salida, al principio solo un par de días, después toda la semana. Pero cuando la señora se “acordó” que ya tenía mucho tiempo “le empezó a entrar miedo, porque una vecina tuvo que pagarle como 30 mil pesos a una muchachilla que le ayudaba”.

“Ella se lastimó lavando el baño, fue con un huesero, pero no quedaba y faltó varios días, pero sí avisaba que no podía ir. Cuando regresó, la señora la corrió, le dijo que ya tenía a otra, que era abandono de trabajo y la muchacha la fue a demandar, no supe a dónde, citaron a la señora y sí le pagó, como 30 mil pesos o algo y mi patrona se empezó a asustar, porque yo ya estoy más grande y ya tenía muchos años con ella, por eso me corrieron”, asegura Josefina.

Ella dice que ya sabía que iban a “acabar mal” cuando la señora le empezó a decir que se le estaban perdiendo cosas en la casa, “bueno, hasta unas toallas sanitarias decía que se le habían desaparecido y cuando me dijo que ya no quería que fuera, que ya no me tenía confianza, yo le dije que estaba bien, que me pagara la semana, mi señor me dijo: pa’ qué sigues ahí, no te vaya a mandar a la policía”.

Antes de estar toda la semana en la casa de Milenio, Josefina trabajaba en otras casas y en una de ellas sí le ofrecieron pagarle seguro social, pero “te descuentan mucho y no conviene, mis hijas y yo tenemos seguro social por la fábrica de mi esposo, yo nada más trabajo para lo que hace falta del gasto. Sí quisiera tener eso, pero dicen que tú también tienes que pagar y a veces ganas mil 300 a la semana otras veces 800 porque alguien te dice que no vayas un día o te queda a deber”.

De acuerdo con la reclutadora, no es común que las trabajadoras demanden a los patrones, porque “no van a conciliación tan fácilmente, por el tipo de perfil, que es relativamente bajo, que no tienen escuela y se conforman con que les den 2 o 3 o 4 mil pesos”.

Baja cifra de registros

En las páginas de buscadoras de empleo en redes sociales pueden encontrarse anuncios específicos donde se pide que las trabajadoras domésticas tengan de 18 a 45 años, sin hijos o con “hijos independientes”, que cocinen bien y que vivan, como máximo, a dos horas de Querétaro para llegar rápido a las casas.

Los sueldos que ofrecen van de los mil 400 a los mil 800 pesos semanales con posibles aumentos según desempeño y se les ofrecen alimentos, en los casos en los que trabajen toda la semana o que tengan salida cada 15 o cada 30 días.

Aunque hay una gran respuesta de parte de muchas mujeres, a todas se les advierte que deberán pasar por “filtros” para asegurarse de que son personas de confianza. Aquellas que acuden con las reclutadoras, aseguran que los representantes de las empresas sí las acompañan a las residencias para asegurarse de que son espacios seguros.

A pesar del gran movimiento en esas páginas, en la delegación local del IMSS hay 392 trabajadoras de la capital con registro ante esta dependencia y otras 43 en San Juan del Río.

Josefina no acudió a las empresas de reclutamiento, porque piden muchos papeles. Tampoco le interesa el Seguro Social o algunas otras prestaciones. A veces tuvo patronas que sí le pagaban una semana de aguinaldo o le regalaban cosas para llevarse a su casa, pero ella no quiere seguir trabajando en casas, ni quiere que sus hijas lo hagan porque “luego te tratan muy mal o te humillan”.

“Mi hija mayor ya se casó y no trabaja, pero mis otras dos hijas están todavía chicas, una ya está en la prepa, ahorita está difícil por el coronavirus, pero ella sí quiere terminar y yo le digo que si termina va a tener mejores trabajos que yo. La otra igual, quiere estudiar y pues ya, con ella yo termino y no quiero que hagan lo mismo que yo”, agrega.

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