Jorge Luis Montes - Psique Parlamentaria

De Fouché al Papa latinoamericano – Jorge Luis Montes

Una de las lecturas obligadas para los políticos latinoamericanos ha sido la biografía de Joseph Fouché, extraordinariamente escrita por Stefan Zweig. Narra la vida de un hombre incapaz de asumir un compromiso virtuoso con un movimiento social que no le beneficiara en su carrera política.

Un político francés con extraordinarios dotes de malabarista, capaz de mantenerse en los hilos del poder pese a los fuertes vientos de cambio ocurridos en la convulsa Francia de la Revolución, del Imperio Napoleónico e incluso en la Reinstauración del Imperio. Con olfato de sabueso, seguía las huellas del poder. Previsor de los cambios de viento, identificaba el momento de voltear bandera. Huérfano de ética y moral, Fouché rebasó los límites de la traición cómo método de sobrevivencia en los grupos de poder que antecedieron y siguieron a la Revolución Francesa.

Lo mismo era adoptar y abandonar ideales diametralmente opuestos. A la distancia no se pudiera confiar en un hombre formado académicamente en el sacerdocio y dio clases a seminaristas, que en un santiamén se puso a saquear y quemar iglesias, para demostrarle a sus nuevos colegas comunistas, que era un auténtico correligionario y que para variar, sólo un quinquenio después, los ideales del comunismo lo habían transformado en un acaudalado con cuentas personales multimillonarias.

No deja de sorprender la fragilidad de la honra de este obscuro personaje, que votó por la ejecución de Luis XVI, para instaurar una república y años más tarde conspiraría para devolver la corona a la monarquía con Luis XVII. Con sus cualidades logró engañar e intimidar al propio Napoleón.

A este personaje nada causaba estupor, en los umbrales de su vida pública fue amigo de Robespierre a quien años después confrontó a muerte, solo por mantenerse vigente en la arena pública.

Ese fue Fouché, en la mañana clérigo, a medio día comunista, por la tarde republicano y antes de rayar la tarde de su vida, Duque de Otranto. Tiró la sotana para quemar y saquear iglesias. Un día Girondino y al otro jacobino, de un extremo pasaba al otro sin un ápice de remordimiento. Algo de lo que hoy abunda en este medio y le han dado por denominarlo pomposamente pragmatismo.

El libro es una crítica a la falta de escrúpulos del personaje, sin embargo, angustiosamente, y tal como ocurre con El Príncipe de Maquiavelo, muchos de los lectores de esta literatura, toman estas actitudes como manuales del buen político, y aplican la perversión en el ejercicio público. Ejemplos hay muchos y haría falta tinta y papel para señalarles.

Éste es el contexto de la literatura de almohada de la mayoría de políticos de la vieja guardia de nuestro país y de sus cachorros.

En estos días de reflexión en torno a la Semana Santa en la que se conmemora la muerte y la resurrección de Cristo por la comunidad cristiana, me he dado tiempo de leer la encíclica de Papa Francisco, Fratelli Tutti (todos hermanos), publicada en octubre del 2020 y que había postergado su lectura, por una u otra razón. Más creo que valió la pena la espera, porque me da la oportunidad de contrastar dos pensamientos opuestos entre lo profesado por Fouché y el primer Apóstol de San Pedro Latinoamericano.

La encíclica es una crítica precisamente a las actitudes fouchianas, además, confronta los grandes males de la actualidad, como la desigualdad generada por el neoliberalismo que ha convertido al hombre y a las naciones en consumidores o en espectadores. La globalización, dice el Papa, nos hace más cercanos, pero no más hermanos.

Bergoglio hace una invitación a ponderar la vida en comunidad y abandonar los intereses individuales. Y evitar así, la vieja política del divide y reinarás. Una encíclica que invita a la hermandad y a la fraternidad general. Un discurso que busca derrumbar el ideario individual que caracteriza a los políticos inspirados en el modelo Fouché.

Dado que la encíclica papal, no es un documento estrictamente católico, es más bien una carta universal para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hago votos en estos días, para que en las nuevas generaciones de políticos, se arraigue la cultura de la colectividad y no de la ambición personal, tal como lo propone el Papa argentino y latinoamericano. Máxime cuando están por arrancar las campañas electorales, que sea pues, abundante el pensamiento de hermandad, fraternidad y colectividad por encima del ideario de Fouché.

Jorge Luis Montes Nieves

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