Desde la UNAM

Hans Christian Andersen y el Vesubio – Dr. Ramón Zúñiga Dávila Madrid

La reciente erupción del volcán Fagradalsfjall en Islandia ha mostrado que en ocasiones este tipo de fenómenos ocurre de tal manera (erupciones efusivas) que permite experimentarlos de cerca. Claro que no es siempre el caso.

Hay en las redes algunos videos donde se aprecia a un grupo de investigadores cocinando salchichas en la lava emitida por una fisura del Fagradalsfjall. Sin embargo, es importante hacer notar que nunca se está exento de peligro al estar en proximidad a un evento eruptivo y se requiere de la autorización de los expertos y las autoridades con el apoyo de redes de monitoreo para poder permanecer cercanos al edificio volcánico durante cualquier tipo de erupción.

Los volcanes a través de la historia, en particular los activos, han sido siempre objeto de nuestra admiración, temor, fascinación y asombro. Una erupción, es un evento que muchos quisiéramos presenciar a distancia segura, lo cual es ahora posible por medio de las videograbaciones. Pero anteriormente si se presentaba la ocasión, las personas estaban sujetas al azar.

Un caso curioso es el de Hans Christian Andersen quien revolucionó la narrativa con sus cuentos de hadas atemporales, producto ​​de una gran sensibilidad. A mediados de febrero de 1834, mientras iba de gira por Europa, a sus 29 años, Andersen llegó a Nápoles, en el momento en que el imponente volcán Vesubio se encontraba en una de sus erupciones entonces regulares.

Siglos atrás, durante otro de sus episodios eruptivos, al menos dos ciudades (Pompeya y Herculano) habían sido sepultadas por la ceniza y la lava matando a unas 3 mil personas. Sin embargo, esta ocasión marcó a Andersen con un recuerdo que se quedaría con él por el resto de su vida.

A continuación, me baso en lo recopilado por María Popova (brainpickings), para evocar un recuento de su experiencia.

En “Diarios de Hans Christian Andersen” – Andersen escribe sobre su visita al Vesubio y su insensato intento de escalar el volcán, durante la erupción.

“Compré unos dibujos, caminé por el mar golpeando contra las rocas. – Fue el gran pulso del mundo lo que escuché. El mar alzó sus grandes alas, el humo negro como carbón se elevó desde el Vesubio hacia el cielo azul… ¡Qué matices de colores en las montañas! Justo cuando se puso el sol, la lava roja brillaba. Algunos niños jugaban a ser soldados en la playa, y vagabundos con sus abrigos marrones con capucha se sentaban en las rocas mirándolos”.

Andersen continúa el 21 de febrero:

“El humo se arremolinaba densamente desde el Vesubio y la lava desprendía una nube de vapor … Al anochecer caminé hacia el mar. El Vesubio arrojó grandes corrientes de lava; resplandeció en el aire; era como lenguas de fuego ardiendo. Este es lo más violento que lo he visto”.

Dos días después, el Vesubio alcanza su clímax y Andersen lo contempla y describe con gran detalle mientras él y un pequeño grupo de compañeros daneses se disponen a escalar la montaña, ahora sacudidos por los frecuentes resoplidos y bocanadas de humo y lava del Vesubio:

“La noche era tan infinitamente hermosa; cerca de nosotros podíamos ver toda la lava roja del Vesubio. El viento era tan frío que tuve que bajarme de mi burro y caminar… Pronto los burros no pudieron llevarnos más lejos. Nos detuvimos frente a la montaña misma, cuyos contornos redondeados estaban cubiertos de bloques de lava y ceniza. Ahora estábamos ascendiendo una pendiente bastante empinada, hundiéndonos sobre nuestras rodillas en cenizas. Con cada dos pasos nos deslizamos hacia atrás uno por uno. Las rocas grandes y sueltas se deslizaron hacia abajo cuando las pisamos…

Pasó una hora y estábamos en una especie de llanura debajo del caldero. Aquí alcanzamos a vislumbrar repentinamente la luna justo sobre el cráter. El humo negro como el carbón se arremolinaba hacia arriba; luego, una bola de fuego y cantos rodados gigantes y resplandecientes cayeron sobre la llanura que tuvimos que cruzar para llegar al flujo de lava … No había ningún camino; teníamos que caminar y arrastrarnos entre enormes trozos de lava … Con cada erupción, la luna estaba completamente oculta por el humo negro como la boca del lobo”.

Fue una gran fortuna que estos escritos no fueron los últimos que nos llegaron del gran autor de cuentos, pues aquel episodio eruptivo no llegó a ocasionar daños que lamentar como los de siglos anteriores.

En lo personal, pude experimentar en “cabeza propia” la caída de ceniza durante un episodio eruptivo del volcán Arenal, en Costa Rica en 1989, con una sensación de pequeños piquetes agudos. Esto dio pie a que canceláramos una expedición de aproximación ya que la actividad se incrementaba. El Arenal es un volcán que debido a su actividad de tipo efusivo (como el Fagradalsfjall en Islandia y el Kilauea en Hawaii) atrae mucho la atención de los turistas, pero que a través de su historia desafortunadamente ha cobrado la vida de personas tanto locales como foráneas, sobre todo debido a la esporádica caída de fragmentos piroclásticos y nubes calientes.

Nos hace considerar la frase de Rembrandt: “Debemos elegir sólo un maestro: La Naturaleza”.

Dr. Ramón Zúñiga Dávila Madrid

Investigador del Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México

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