Historias de la Metrópoli

Los aplausos de la esperanza: una jornada de vacunación en la UAQ

Crónica: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Fotos: David Steck

El auditorio de la Facultad de Contaduría de la UAQ se siente fresco y da un respiro a las personas que esperan unos minutos de “recuperación” después de recibir la vacuna contra el Covid-19. De pronto, un aplauso interrumpe el silencio del lugar. Le aplauden al personal, a los que creen voluntarios y estudiantes, a las enfermeras, porque les avisan que pueden irse a sus casas.

En el lugar no se ven chalecos de la Secretaría de Bienestar, no hay colores que pudieran relacionarse con algún partido. Los adultos mayores que asisten a la jornada de vacunación esperan afuera a que les toque su turno, sentados bajo la sombra de unas lonas en la explanada y les explican que el tiempo ideal en el que deben salir es de alrededor de 50 minutos, 30 de ellos son el tiempo de observación y recuperación dentro del auditorio.

Son muy pocos los que se quejan por la espera, la mayoría dan las gracias y se van satisfechos, sobre todo porque les contaron que tenían que hacer filas durante horas, pero no fue así.

Los policías que se ubican en el primer filtro de seguridad sobre Avenida Universidad, a una cuadra de la entrada a la UAQ, les permiten pasar con algún familiar si lo requieren o pasan solos si no necesitan ayuda y ese proceso es muy rápido. Otro filtro en la entrada de la universidad los detiene unos cuantos minutos para asegurarse de que hay lugar para todos.

Lo que la gente no sabe es que los trabajadores y voluntarios pasan hasta 12 horas en los sitios de vacunación. Azucena López Moreno, enlace de Difusión, Capacitación y Control de la Red Social de la delegación local de la Secretaría de Bienestar, es parte de las brigadas de vacunación en El Marqués, Corregidora y ahora Querétaro.

Los primeros días de la jornada en la UAQ estuvo de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Igual que sus compañeros come cuando tiene tiempo, porque hay que darle celeridad a la vacunación. Solamente en la universidad hay menos de 20 voluntarios y unos 100 compañeros de la Secretaría de Bienestar, además de otros integrantes de la misma universidad y de Becas Bienestar.

“Nos costó muchísimo trabajo lograr que se viera organizado, la misma gente dice que se ve muy bien, lo mencionan, hemos tenido mucho apoyo por parte de la UAQ, de los compañeros de protección civil y seguridad de la UAQ que han ayudado mucho para tener orden en la entrada, para los filtros, vine personalmente a contar las sillas, a ver cuántas eran, para asegurarnos de que saliera lo mejor posible”, agregó.

Cuando las personas aplauden, Azucena piensa que es porque se sienten bien atendidos, aunque no sabe si eso sucede en otros centros de vacunación. En la UAQ se volvió algo frecuente, “desde el primer día nos felicitaron porque estamos bien organizados, la primera célula de vacunados, el primer día que fue el más complicado, todos los que estaban en esa célula nos aplaudieron por la calidad de la atención”.

El aplauso, dijo Azucena, no es para un gobierno en particular, sino para la gente que está en el centro de vacunación y que trata de atenderlos lo mejor posible porque dentro de la UAQ no hay colores ni gobiernos.

“Nos aplauden a los que damos la cara, que somos todos los que estamos aquí, no traemos distintivos por la veda electoral, así que no saben que somos de Bienestar, creen que somos voluntarios, que somos de la UAQ o de la Secretaría de Salud, así que el aplauso es para las personas, no para la institución”, insistió.

Lograr que los adultos mayores esperen el menor tiempo posible requiere un gran esfuerzo. No solo son las horas de trabajo, sino la carga de meses. Los trabajadores de la Secretaría de Bienestar, señaló Azucena, no saben lo que es la cuarentena, porque no dejaron de trabajar un solo día, sobre todo a los responsables del programa para las personas Adultas Mayores que vieron cómo se triplicaban sus responsabilidades.

“Hay días que duermes 4 horas, porque tienes que organizar, ni tiempo tienes de tener miedo para el Covid, yo no me he enfermado, pero varios compañeros sí han tenido Covid y ya se recuperaron y ahí andan en la oficina. Los demás estamos acá, dando toda la atención que podemos”, afirmó.

Los aplausos dentro del auditorio interrumpen toda plática y le dan esperanza a los que siguen afuera, en espera de que los vacunen. Si ya se va un grupo puede avanzar el que sigue “y la mayoría se van muy agradecidos y se siente bien bonito cuando reconocen que estamos bien organizados y que les damos una buena atención”.

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