Jovita Zaragoza Cisneros - En Do Mayor

Guerrero: historia de despojos y abandono gubernamental (I) – Jovita Zaragoza Cisneros

¿Qué está en el centro de la pelea por un Estado con una historia de oprobio ancestral, llevado a límite de la desesperanza, de la miseria y de la violencia? ¿Qué representa para quienes ansían ser sus garantes, un Estado que chorrea sangre y dolor de aquellos que han sido despojados de sus predios y obligados a abandonar su terruño y por quienes han perdido a familiares a manos del crimen organizado coludido con autoridades?

¿Qué nos dice a la sociedad mexicana, y al gobierno mismo, la imagen estremecedora de este sábado, en la que vemos alrededor de 30 niños, cuyas edades oscilan entre los 7 y 12 años de edad, armados e integrándose a la policía rural de su comunidad en la montaña de Guerrero? ¿Necesita más explicación este fenómeno que se está viviendo en el Estado más rezagado en todos los ámbitos de la vida y sumido desde hace años en una violencia siempre en ascenso? ¿Qué más se necesita para entender ese sempiterno oscilar entre figuras políticas ambiciosas y cuyo actuar corresponde más a los viejos caciques caprichosos, violentos hasta la demencia, que dejaron su impronta sembrada en personajes como Félix Salgado Macedonio, que insiste en regresar a esos viejos esquemas de gobierno que tanto daño hicieron a la vida de México?

¿Cómo entender que esté violentando todo orden por el mero capricho de gobernar en un Estado que, por hoy, parece estar en una tregua engañosa en cuanto a la baja de violencia, pero late viva y siempre al acecho para hacer notar su presencia en este territorio de sistema educativo e instituciones débiles y un tejido social profundamente lastimado?

¿Qué es lo que se disputa allí, en ese Estado que parece estar a punto de sucumbir bajo el peso de una historia que dejó heridas que nunca han cicatrizado, porque no ha habido actor político con voluntad genuina para sanarlas con honestidad y ayudarles a rehacerse de su historia de vejaciones y despojos?

Esperanza fallida

Quizá para entender un poco de su proceso de deterioro, vale la pena hacer un pequeño recorrido por su historia de los últimos años. Porque, contra lo que se puede pensar, Guerrero todavía tiene mucho que ofrecer en sus suelos y continúa siendo un punto estratégico para el turismo, una de las principales fuentes de ingresos del país. Y los que ambicionan su gobierno lo saben. Como saben también que han debilitado el ánimo social para someter y controlar a una mayoría de sus ciudadanos, a través de la ración indigna de dádivas, práctica ancestral impuesta por ese Priismo de viejas mañas que hoy está más vivo que nunca, camuflajeado en Morena.

Porque nada de lo que hoy sucede allí puede entenderse sin un ayer que explique este deterioro. Y no hace falta remontarnos tantos años atrás para seguir el hilo conductor que nos explique un poco de su presente. En una parte de su historia más reciente está parte de su respuesta. Me refiero a la del cruento periodo de la guerra sucia, registrada en 1968 y que han hecho creer a la opinión pública que terminó a finales de los años setenta. Bien valdría dedicar un capítulo aparte a este tema.

Por hoy vamos a mediados de 1988, cuando se supo que un nuevo partido muy diferente al PRI surgía, generando genuino entusiasmo en una mayoría de la población. El nuevo partido encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, cuyo cobijo del nombre y apellido de su padre, “Tata” Lázaro, era   garantía de aceptación,fue visto como una opción de cambio. Él sí escucharía la voz del pueblo. Él haría contrapeso al amañado PRI, dijeron cientos de voces en Guerrero. Creían en él.

En ese momento, en 1988, el gobernador del Estado era José Francisco Ruiz Massieu, apenas subido al poder el año anterior. La población guerrerense era de aproximadamente 2 millones 500 mil habitantes. De esa cifra. Chilpancingo, su capital registraba menos de 100 mil habitantes, Acapulco, el puerto tenía poco más de medio millón.

La Perla del Pacífico como se le conocía a Acapulco, cargaba con orgullo su historia de oropel y glamour que diera fama y prestigio internacional; pero empezaba a tener competencia con otros destinos turísticos que tomaban relevancia. Sin embargo, seguía siendo un referente de lo paradisíaco y henchía de orgullo a propios y extraños el arribo constante de turismo que sostenía la economía del puerto.

Acapulco crecía. Grandes desarrollos turísticos y residenciales que generaban empleos y despertaban el entusiasmo en unos, descontento en otros. Pero crecía también la corrupción gubernamental, ensanchando la brecha de desigualdad social. La sierra guerrerense sufría la tala indiscriminada de árboles y crecía la siembra de marihuana. De Acapulco hacia Zihuatanejo, salpicadas aquí y allá, a lo largo de la carretera, empezaban a verse casas de concreto, firmes, macizas con sus grandes antenas parabólicas que sobresalían de las casas y casuchas de palma y bajareque. Eran construcciones hechas en su mayoría por los beneficios que la siembra y tráfico de mariguana estaba dejando, decían los lugareños.

En los pueblos principales como Petatlán, ubicado a poco más de 200 kilómetros de Acapulco y menos de 35 de Zihuatanejo, de manera discreta se ofrecían dólares a más bajo precio que en los bancos. De allá, de sierra arriba y adentro, bajaban habitantes a los poblados grandes y a Zihuatanejo a venderlos para hacerse de pesos mexicanos y poder allegarse los insumos diarios.

Barra de Potosí, lugar paradisíaco y natural, era apenas conocido por turismo extranjero. Algunos empresarios de la ciudad de México tenían su casa de descanso allí. El sitio era mayormente visitado por los lugareños que, en tiempos de lluvia, disfrutaban el espectáculo   de la unión del agua dulce de la laguna y la del mar. El paseo en lancha por los arcos naturales de los manglares era, y es todavía, para la gente de los alrededores cosa común.

Delante de Zihuatanejo, apenas a 5 kilómetros, Ixtapa había iniciado su oferta turística en   1974. Un par de hoteles de firma internacional ofrecía garantía de hospedaje y confort. Ixtapa   era, y sigue siendo, un rincón privilegiado ya consolidado como un destino Internacional. Más adelante, bordeando la carretera, casi con el límite de Michoacán, Playa Troncones empezaba a resultar atractivo para algunos extranjeros. Sus doce kilómetros de mar abierto   rodeado de vegetación y camino de terracería dentro de la carretera resultaban atractivos para construcciones privadas. Bungalows y palapas construidas por extranjeros s que adquirieron terrenos y fincaron allí su lugar de vacaciones. Era un lugar poco conocido y no publicitado. “Al lugar llegarían más tarde figuras como José Luis Cuevas, cantantes destacados de la época y hasta la diputada priista Beatriz Paredes Rangel”, documentan los diarios del lugar.

PRD y las tribus en su interior

Ese era el escenario de Guerrero cuando irrumpieron las voces insistentes hablando de los beneficios que el Nuevo Partido llevaría a las poblaciones del Estado. En las familias el tema sobre el nuevo partido versus PRI, era punto de encuentro y desencuentro. “Pa´ganarle al PRI va estar cabrón. Es un partido con titipuchal de mañas y –además- ya parece que va a soltar así como así el mando” decían unos. “Cuauhtémoc no tiene necesidad de robar. Por eso se salió del PRI a causa de los mañales que tiene ese partido de trácalas”, decían otros.

La esperanza de un nuevo horizonte político se abría. Eso creíamos. En realidad, el partido, conformado por tribus filtradas en su interior se encargaron de colapsar cualquier intento de consolidación de una izquierda verdadera.

Promesas de cambio hacia afuera, ambiciones agazapadas y disfrazadas de voluntad de cambio, esperando el momento de salir. En el horizonte, y dentro del PRD varias de las figuras políticas que hoy vemos en primer plano. Entre ellos el hoy presidente López Obrador y Félix Salgado Macedonio. El chapulineo disfrazado primero, luego descaradamente fue, a partir de entonces, la constante de la política en el país. Expertos en maromas, construyeron un circo donde se mezclaron derechas, izquierdas, centros y desvergüenza total para formar al Morena de hoy que, por cierto, siguen en las mismas, disputándose entre ellos el poder.

Lo demás, ya lo sabemos. “El resultado de las elecciones de 1988 dieron a Carlos Salinas la presidencia a partir de una gran polémica por el desempeño irregular de la Secretaría de Gobernación a manos del ahora gran amigo del presidente, Manuel Bartlett Diaz. Grandes sectores de la sociedad calificaron la jornada como el mayor fraude electoral de la historia de México. Los candidatos Manuel Clouthier del PAN, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano del FDN y Rosario Ibarra del PRT denunciaron la ilegalidad del proceso. En los días posteriores a la elección se realizaron diversas manifestaciones expresando el descontento por la manera en que se llevó cabo la elección”, documentaron medios y el propio PRD.

Mientras tanto, Acapulco se llenaba de fraccionamientos y el panorama en los municipios era más desolador. El PRD fue ganando en algunos municipios de Guerrero, empezando así a posicionarse como una opción. Con sus estiras y aflojas se consolidaba como una tercera fuerza partidista. El panorama político mexicano parecía caminar hacia una democracia que traía escepticismo en unos, desconfianza en otros y esperanza de cambio para muchos más.

Ruiz Massieu terminó su periodo gubernamental en 1993 y Rubén Figueroa Alcocer subió a la gubernatura. El año 1994 sería de grandes sacudidas y estupor en todo el país. Apenas tres meses de iniciado el 1994, en marzo 23, ocurrió el asesinato de Luis Donaldo Colosio, perpetrado en medio de la multitud en Lomas Taurinas, barrio de   la ciudad de Tijuana. El país entero se cimbró. ¿Qué estaba pasando? ¡De dónde la encomienda? ¿Por qué? ¿Quién o quiénes contra quiénes? PRI contra PRI? Vinieron la incertidumbre y las especulaciones siempre acechando en una sociedad que, como la nuestra, el rumor busca salida entre la bruma gubernamental. Silencio, soberbio silencio. Hermético silencio. Cómplice y cobarde silencio.

Seis meses y cinco días después, el 28 de septiembre de ese año vino el de Ruiz Massieu, ejecutado en pleno corazón de la Ciudad de México. ¿Qué pasó? ¿Qué pasaba? Bruma. Historias mágicas. Chivos expiatorios. La Paca. El ridículo. La ignominia. El cinismo. El estupor. El hedor que golpea al país. La sensación de vulnerabilidad ciudadana. Escalofrío.

La codicia, la impudicia, el cinismo, la soberbia, la rapiña, el reparto de beneficios a costa del hambre de miles y miles, acrecentando las desigualdades usadas después como acicate por algunos actores políticos para sembrar más resentimiento social. El Narco en Guerrero avanzaba y avanzó… ¿Solos? ¿Lo sabe usted? ¿Quién lo sabe?

Jovita Zaragoza Cisneros

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