Historias de la Metrópoli

Trabajadores sin techo: una historia de la ciudad

Historia: Alejandro Ruiz/EnLaLupa.com

Fotos: César Gómez Reyna/EnLaLupa.com

Querétaro, Qro.- Alejandro está parado frente a las cortinas cerradas del Modatelas. Como él, un grupo de 6 personas acomodan los cartones que les sirven de colchón para pasar la noche. Maletas, mochilas y bolsas de plástico reúnen las pertenencias de quienes día con día pernoctan en las calles de la capital queretana tras pasar la tarde entera en búsqueda de un trabajo.

“Mire aquí están mis papeles, para que vea que no soy un delincuente”, dice Alejandro después de preguntarle si podíamos entrevistarlo. Saca del pesado bolso negro una carpeta arrugada donde está una copia de su CURP y una receta médica del Hospital del Niño y la Mujer.

“Yo me accidenté en enero y tengo que venir a mi terapia al hospital, no tengo trabajo y por eso me quedo en las calles”, asegura.

A inicios de enero Alejandro tuvo un accidente de tránsito que lo dejó en coma un par de días. Al despertar, el personal del Hospital del Niño y la Mujer le explicó que había sufrido lesiones graves en el brazo y las costillas, por lo que era necesario que acudiera a terapias de rehabilitación durante los próximos meses.

Sus gastos hospitalarios fueron absorbidos por su hijo mayor, quien desde hace años migró a la Ciudad de México con su familia “por suerte pudieron contactar a mi hijo”, relata Alejandro “y él se hizo cargo de estos gastos, pero han sido días difíciles porque no he podido trabajar debido a mi lesión.”

Alejandro es originario de Santiago Mexquititlán, Amealco, y a sus 44 años ha dedicado su vida a perfeccionar su oficio como albañil. Desde hace un tiempo Alejandro vive solo, pues después de que su hijo mayor migrara a la capital del país, su esposa e hija fallecieron.

Al no poder trasladarse diariamente a Santiago Mexquititlán, Alejandro decidió emprender la búsqueda de un empleo en la capital queretana que le permitiera solventar sus gastos personales y conseguir un cuarto mientras asiste a sus terapias de rehabilitación. Sin embargo, la realidad que ha enfrentado es otra muy distinta.

“Yo vivo solo y no tengo un sustento económico”, narra “por eso cuando me dieron el alta del hospital no supe a dónde ir, pues la terapia es diaria y yo no tengo forma de regresarme al pueblo, por lo que decidí quedarme en la calle.”

“Hay trabajo, hay muchas construcciones y obras, pero por mi brazo nadie me quiere contratar, pues no quieren hacerse responsables de algún accidente, pero trabajo hay”, asegura.

Entre la incertidumbre y la precariedad

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE),en el último cuatrimestre de 2020, del total de habitantes en el estado de Querétaro el 70.7 % se encuentra en edad de trabajar (15 años en adelante). Sin embargo, tan solo el 40.1% de esta población es económicamente activa.

Además, del total de la población económicamente activa, el 35.86 % percibe un ingreso menor al de 2 salarios mínimos, lo que equivaldría a un máximo de 283.40 pesos al día, mientras que el costo de la canasta básica, a finales de enero del 2021, se estancó en los mil 750.9 pesos mensuales, por lo que mensualmente le restan 6 mil 751 pesos para cubrir gastos de transporte, educación, vivienda, servicios básicos y salud.

“Yo nunca he tenido seguro” relata Alejandro “pero pues nunca me había pasado nada grave hasta ahora, y la verdad es que sí la he padecido muy duro.”

De acuerdo con el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Universidad Nacional Autónoma de México, para el primer trimestre del 2020 en el país existían 34 millones 167 mil 349 trabajadores sin acceso a instituciones de salud, situación que propició un escenario crítico para la clase trabajadora durante la contingencia sanitaria.

“Yo no me enfermé de Covid”, señala Alejandro “pero pues mi accidente me impidió trabajar, y no puedo costear una renta o mi transporte. Y como nadie me contrata pues decidí vender algunas paletitas en el centro para poder tener algo de dinero.”

En Querétaro, de acuerdo con la ENOE 2020, existen 184 mil 248 personas que trabajan en el sector informal, es decir, trabajadoras y trabajadores que no perciben prestaciones de seguridad social, y sin un monto salarial establecido.

“Yo siempre he trabajado así”, enfatiza Alejandro “pues como albañil siempre te contratan por obra o a destajo, a veces el patrón te apoya con los gastos médicos o con el transporte, pero nunca es una certeza. Aunque se gana bien, pero uno nunca mide los riesgos hasta que te pasa algo ¿verdad?”

Habitar las calles: necesidad y esperanza

De acuerdo con datos presentados por el municipio de Querétaro, durante febrero de 2021 en la ciudad había alrededor de 600 personas en situación de calle, a raíz de la crisis económica desprendida por la pandemia del Covid-19.

Pese a que la administración municipal ha emprendido programas para atender las necesidades de ocupación y vivienda de la población más vulnerable —como el albergue temporal Alcanfores, primero, y el Hogar de Transición Cambiando Vidas, después—, son muchas las personas que optan por hacer de las calles su hogar.

“Aquí nomás donde yo me quedo”, señala Alejandro “venimos de 6 a 10 personas, muchas vienen a buscar trabajo, otras son migrantes que vienen de paso, y así unos se van yendo otros llegan, y otros pues nos quedamos aquí.”

De acuerdo con el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), durante 2018, en el estado de Querétaro, existían 148 mil personas que vivían en condiciones de hacinamiento, asimismo, se reportaron 266 mil 100 personas que carecían de acceso a los servicios básicos de vivienda.

Para Alejandro, vivir en las calles no es algo que la gente haga por gusto “es más bien una necesidad, necesidad de mejorar las condiciones de vida, de salir adelante, de buscar un trabajo.”

De acuerdo al Censo de Población y Vivienda 2020, en Querétaro actualmente residen 96 mil 427 migrantes, de los cuales el 11.43 % es debido a la búsqueda de trabajo, convirtiéndose en la tercera causa de inmigración en la entidad.

“La verdad es que uno no quisiera irse de donde es”, recuerda Alejandro. «Yo por ejemplo quisiera estar trabajando el campo y viviendo ahí en el pueblo, pero de eso no se vive bien, y pues creo que tenemos derecho a aspirar a una mejor vida.”

Agrega: “Yo sólo pido solidaridad, que nos comprendan, hasta ahorita no hemos tenido ningún problema, sólo la gente nos mira feo a ratos, pero son más quienes se solidarizan con nosotros, nos traen un pantalón, o medicamentos.”

Y concluye: “Estoy seguro de que esto es solo una etapa en la vida, cuando se toca fondo sólo queda mirar hacia arriba y salir adelante, en eso estamos y vas a ver que pronto ya no estaremos en esta situación.”

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