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Un año sin clases: aumenta estrés, ansiedad e insomnio entre menores

Reportaje: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Mateo no quiere ya tomar clases en línea porque lo tiene cansado la pantalla. Sí quiere ver a sus compañeros, pero siente que no se concentra, la maestra lo regaña porque apaga la cámara cuando se aburre o porque juega con el celular, pero es que en su casa no hay más niños y muchas veces está solo en su sala.

Su caso no es único. El psicólogo y psicoterapeuta infantil Jesús Israel Nieves Romero advirtió que a un año de que las aulas están cerradas, las niñas y los niños tendrán que pasar por un proceso de sanación emocional, porque muchos viven algo similar al proceso de duelo al estar lejos de sus amistades; otros, viven con estrés y ansiedad, así como mayor dificultad para concentrarse y problemas de sueño.

De acuerdo con datos de la Unidad de Servicios para la Educación Básica del Estado de Querétaro (USEBEQ), hay 215 mil 289 estudiantes de primaria y 100 mil 471 más en secundaria. En el caso de los primeros, el 94% toman clases a distancia desde el año pasado, el 3% no tienen contacto con los profesores ni toman clases y el resto lo hace de manera intermitente. Las cifras son similares en el caso de los alumnos de secundaria. Muchos de los niños y adolescentes no tiene compañía de otras personas de su edad o lo tienen de manera esporádica. Además, sienten que la computadora los distrae como es el caso de Mateo. Tiene 8 años y sabe que debe poner atención, pero pensar en tomar más clases desde una pantalla lo pone nervioso, “no me dan ganas, la maestra sólo habla y no tenemos tiempo de preguntar porque se acaba el tiempo en Zoom, ya no quiero tomar clases”.

Los maestros ya quieren volver a la normalidad

Mary extraña a sus niños y ya quiere volver a clases. Es profesora de una primaria privada desde hace 9 años. Durante el inicio de la pandemia, la escuela le sostuvo su sueldo íntegro y la hacía acudir al salón para conectarse con la clase. Conforme avanzó el año lectivo, en la escuela le dijeron que muchos padres no pagaban a tiempo, que había pocos niños y que le pedían “el apoyo de trabajar” por menos sueldo.

A cambio, dice Miss Mary, le ofrecieron trabajar desde su casa y no tener el horario completo sino sesiones por Zoom que se repartirían entre todos los profesores de la escuela con diferentes clases. Como le dijeron que era temporal, tampoco tuvo problema. “

Para ella no cambian las ganas de enseñar, pero le falta tiempo para escuchar a “mis niños. Sé que se quedan con dudas, que se distraen, unos nunca encienden la cámara y les tengo que avisar a sus papás, éstos se enojan porque tienen que trabajar y no pueden estar cuidando si los niños encienden las cámaras, muchos no mandan tareas, las sesiones de Zoom tiene un tiempo límite porque la escuela no contrató el servicio y usa la versión gratuita y todo se volvió más difícil”.

Dice que trabajar como maestra siempre fue y es complicado por el nivel de planeación y responsabilidad, pero con la pandemia “es como si no tuviéramos horario, los papás y las mamás no respetan si es domingo a las 10 de la noche y se portan como si nos hicieran un favor al seguir pagando la escuela de sus hijos. Están y estamos tan estresados, que nadie piensa en cómo se sienten los pequeños y ellos son los que pagan por todo esto en sus emociones”.

Estrés, falta de concentración y el reto de la sanación emocional

El psicoterapeuta infantil y coordinador general del Colectivo de La Otra Bandita, Jesús Israel Nieves Romero, señaló que las relaciones y los vínculos de la infancia son necesarias y muy importantes porque al mundo lo conocen a través de los procesos sociales.

La pandemia cortó ese proceso y tiene consecuencias emocionales, para algunos incluso similares a los procesos de duelo. Además, hay más estrés y ansiedad que provocan falta de concentración al no tener claridad sobre su situación, al igual que problemas de sueño.

Divide a los niños por dos grandes momentos: aquellos que recién ingresaron al preescolar y migraron a los medios virtuales por la pandemia, el resto, los que tenían un buen tiempo de asistir a la escuela. “Es importante diferenciarlos porque tienen características distintas: lo que estaban en una sintonía y empiezan a tener procesos similares al duelo y añoranza desde los amigos, maestros y una metodología y los que sienten que esto es como lo normalizado”, explica.

La gran ventaja de la infancia, añade, es su plasticidad para volverse a conectar, pero eso necesitará un esfuerzo para que niñas y niños puedan regresar a la vida normal. Por ahora, afirma, los adultos tienen el deber de proteger a niñas, niños y personas adultos mayores, aunque los demás tengan que trabajar, pero es parte de la responsabilidad de la adultez.

Una posible ayuda, agrega, es encontrar espacios en los que las niñas y los niños puedan conectar con la naturaleza o con sus emociones a través del arte, de la música, del teatro, para alejarse de las pantallas, “hasta escribir una carta puede hacerlos sentir diferente”.

“La maestra se enoja mucho”

Mateo no tiene muchas ganas de tomar clases “o sea, sí quiero ir a la escuela, pero en la compu me aburro mucho”. Su maestra “es muy linda, pero va muy rápido porque se le acaba el tiempo”. Cuando quieren preguntar, les dice que en la siguiente sesión responderá preguntas, pero ya nadie las hace.

Siente que no está aprendiendo, menos en la clase de inglés porque ahí no entiende nada, ni en matemáticas, porque ahí está peor. Sus papás trabajan y no le ayudan y su hermano mayor también toma clases, pero él se encierra en su cuarto. Su papá lo regaña porque sus calificaciones bajaron y su mamá le dice que no importa si repite el año, que si quiere deje la escuela hasta que las cosas estén mejor.

Lo peor de la clase en la computadora es cuando quiere saludar a sus compañeros y su maestra les da un ratito, pero luego los silencia a todos y si alguien interrumpe se enoja. “Si juegas con la silla te regaña, si te paras a comer algo se molesta, si te ve jugando dice que mejor te salgas de la clase”, cuenta Mateo.

Su esperanza siempre es que pueda platicar ese ratito con sus amigos al inicio de la sesión. «Mi mamá dice que ya casi se acaba otra vez el año y quién sabe si vamos a regresar otra vez”.

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