Eric Rosas - La onda plana

México, el país equis – Eric Rosas

La equis que lleva intermedia el nombre de México es más que un símbolo gráfico o un fonema, es una símbolo de la posición geográfica privilegiada que posee nuestro territorio y que en diversas épocas de la historia ha sido aprovechada, aunque casi nunca para beneficio de los mexicanos. Por ejemplo, en los tres siglos que duró el virreinato, los puertos de Veracruz y de Acapulco sirvieron como enlaces terrestres para el comercio de mercancías entre la España peninsular y las colonias del sureste asiático, que se realizaba gracias a la Nao de China o el Galeón de Manila. Por este cruce de la equis mexicana llegaron a América y Europa sedas orientales, frutos como el propio mago, palmeras cocoteras, pimienta, arroz, azafrán y especias; y salieron del Viejo Continente y de la Nueva España para el mundo plata, oro, cochinilla, café, cacao, chiles, cuero, ganado y vino.

En nuestros días, el otro brazo de la equis ha tomado igual relevancia, pues conecta a la economía norteamericana, en la que se encuentra al mercado más poderoso del mundo, los Estados Unidos de América, con la de Latinoamérica, que posee otro mercado atractivo por numeroso, pues iguala en población al de la Unión Europea. México es así el cruce de caminos en el que todos los países desearían convertirse. Más hoy en día, cuando la globalización ha tejido una telaraña de cadenas de proveeduría que se mantiene funcionando en equilibrio inestable, aferrada a veces a locaciones distantes y riesgosas. Ejemplos de lo anterior han surgido cada vez más frecuentemente a consecuencia de sucesos tan variados como lo han sido la emergencia de la sindemia de Covid-19 a finales del 2019, o la más cercana obstrucción del canal de Suez. Estos dos casos han desnudado la enorme vulnerabilidad que representa el depender de cadenas de suministros establecidas sólo a partir de criterios monetarios, pero sin considerar otros muy importantes.

Durante el año y medio que el mundo occidental ha sufrido la sindemia de Covid-19, industrias como la automotriz han pagado las consecuencias de haber concentrado irracionalmente la manufactura de autopartes y circuitos semiconductores en países como China, Taiwán y Corea del Sur. Economías tan importantes como la Unión Europea han padecido al querer obtener vacunas contra la Covid-19 que, a pesar de haber sido desarrolladas en su territorio, dependen para su manufactura o envase de otras naciones tan lejanas y afectadas como la India, Argentina o México mismo. En las crestas de las olas iniciales de contagio, la escasez de pruebas rápidas y de equipo médico de protección como las mascarillas, puso en jaque por igual a los sistemas de salud de naciones avanzadas y en desarrollo.

Las cadenas de suministro que posibilitan la producción mundial presente se han vuelto bombas de tiempo que podrían explotar en cascada afectando la economía mundial de forma profunda y prolongada. La farmacéutica Pfizer, por ejemplo, cuenta con una cadena de suministros de más de cinco mil proveedores. Para fabricar un teléfono inteligente iPhone, Apple debe recibir a tiempo componentes de 49 países distintos. El 72 % del cobalto que se utiliza para la fabricación de las baterías para vehículos eléctricos se produce en China. Esta exagerada dependencia o concentración ha encendido las alarmas en todo el mundo y por este motivo es por el que la administración encabezada por Joe Biden ordenó en febrero pasado que se realizara una revisión exhaustiva de las cadenas de suministro que resultan estratégicas para la economía estadounidense.

En esta coyuntura, la equis de México adquiere nueva relevancia, pues una vez definidas estas proveedurías clave para la región, su rediseño deberá tomar en cuenta no exclusivamente la optimización de los costos de producción y logística asociados, sino también muchas otras variables como la seguridad biológica, energética, alimentaria, cibernética y física, la proximidad geográfica, la afinidad cultural, el desarrollo regional que mantenga un crecimiento sostenido del mercado norteamericano, entre otros factores. En el caso de Canadá la comprensión de esta realidad es absoluta y a México la realidad le mostrará que no tiene otra opción.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

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