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A través de talleres buscan preservar la tradición de la Cruz de las Ánimas

Reportaje: Patricia López Núñez/EnLalupa.com

La Cruz de las Ánimas, tradicional de la cultura chichimeca a partir de su fusión con la religión católica, es una de las protagonistas principales de la Semana Santa, de las capillas familiares de Tolimán y de muchas personas que deciden aprender a elaborar estas figuras para recordar a sus ancestros y contar con su protección, explica la investigadora Silvia Velasco Orozco.

La también artesana dedicó 7 años de trabajo a investigar la Cruz de las Ánimas, que lo mismo aparece en las más de 200 capillas familiares de la zona indígena de Tolimán, que en los altares del día de muertos de Campeche. Para mantener esta tradición, Silvia brinda talleres gratuitos donde explica a las personas qué elementos y figuras forman parte de la cruz y cómo pueden elaborarla.

Las cruces pueden tener los nombres de los familiares, presentar al sol y la luna como parte de las deidades indígenas, calaveras y una daga muy pequeña que representa al pedernal, una piedra de obsidiana con la que se hacía “el último corte de la tierra” antes de su descanso en septiembre, octubre y noviembre, cuando la tierra “no nos da nada”.

Al ser una fusión entre la religión católica y las tradiciones indígenas, lo mismo representa el proceso de la Semana Santa y el viacrucis de Cristo, que el sol, la luna y la muerte. La Cruz de las Ánimas puede encontrarse en Tolimán, Amealco, Estado de México, Hidalgo o en Campeche.

En Bernal, incluso, se tiene un museo de la Cruz de Ánimas aunque es poco probable encontrar a alguien que explique su significado. Por eso, Silvia realiza talleres informativos gratuitos para explicar cuáles son los elementos de la cruz, para después darles una cruz que cada quien debe elaborar.

“El objetivo es que cada persona inicie su propia Cruz de Ánimas familiar, es una descendencia, las cruces que han encontrado están llenas de nombres pintados en todos lados, nombres de todos los difuntos, vamos haciendo una representación de la persona que falleció con su nombre sobre la cruz y ahí está su ánima para cuidarnos o para que consiga su descanso eterno”, puntualizó la investigadora.

La cruz como protagonista

Cada 3 de mayo se celebra el día de la Santa Cruz o la fiesta de las cruces, tanto en las comunidades como en las familias y muchas de ellas se asocian a entidades sagradas de origen prehispánico. Silva señaló que las cruces festejadas en las comunidades muchas veces se ubican en los caminos o en las cimas de los cerros que tienen un significado especial.

Esas cruces suelen ser de gran tamaño y de madera, pero las cruces familiares o domésticas son pequeñas y cuentan con diferentes materiales, porque muchas son de madera y otras son de hojalata o cerámica.

Las cruces se llevan en las peregrinaciones para bendecirlas, hay quien sube y baja la Peña de Bernal con una Cruz de Ánimas y también se representa en las capas de los danzantes en las diferentes festividades, porque en las comunidades indígenas existe un apego importante hacia ella.

“La Cruz de las Ánimas es muy singular y la encontramos en las capillas o altares familiares de diferentes comunidades indígenas del estado, es una fusión entre lo religioso y nuestras deidades, presenta el proceso de la semana santa, el viacrucis de Cristo, en las deidades presenta el sol, la luna, imágenes relativas a la muerte”, explicó Silvia.

Al ser propia de la cultura chichimeca y tener presencia en puntos como Tolimán, Amealco, Estado de México e Hidalgo, por mencionar algunos, ahora se trabaja en mantener viva la tradición de elaborarlas, como una manera de recordar a los ancestros.

De la enseñanza, a la tradición viva

Silvia asegura que la Cruz de Ánimas o Cruz de las Almas fue una estrategia didáctica en la que los religiosos católicos enseñaron el evangelio a través del arte.

Por eso, “en la cruz se encuentran la columna donde azotaron a Jesús, su túnica y los clavos de la crucifixión, los dados con los que los soldados echaron a suerte la túnica, la caña con una esponja empapada en vinagre que le dieron de beber, la lanza con la que un soldado le atravesó el costado, el cáliz de su sangre, la corona de espinas, la escalera usada para el descendimiento de su cuerpo y la siga INRI, que significa Jesús de Nazaret, rey de los judíos. En el travesaño puede verse el martillo para clavar y las pinzas con que quitaron los clavos”.

La cruz católica se fusionó con la base de cruz de los 4 elementos de las comunidades indígenas, donde incluso en las ceremonias suele pedirse permiso a los 4 puntos cardinales, norte, sur, oriente y poniente, o a los 4 elementos, agua, tierra, aire y fuego.

“Ya teníamos un inicio de una cruz, en las comunidades indígenas la persona que hacía y hace las ceremonias se ubica en el centro y apunta a los 4 puntos, eso se fusiona con la cruz de la religión católica y así es como tenemos esta combinación de creencias que se plasman en imágenes sobre una cruz”, reiteró.

El taller de la organización “La Cajita Queretana” dura dos horas, en el que primero se brinda la explicación y no puede recibirse a más de 5 personas. A todas ellas se les da una cruz y otros materiales para que la gente pueda llevarse lo que elabore para iniciar su cruz.

“Llevamos incienso porque hacemos una ceremonia para que se empapen de la cultura indígena, es una experiencia enigmática y completamente gratuita, la idea es mantener viva la tradición para que toda la gente pueda conocer más sobre nuestras raíces”, agregó.

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