Historias de la Metrópoli

Monina: tras su divorcio superó el miedo e hizo de la yoga la vía para su liberación

Historia: Ana María Reséndiz/EnLaLupa.com

Fotos: Ricardo Arellano/EnLaLupa.com

El miedo a lo desconocido y la incertidumbre de un futuro incierto podría lleva a cualquier persona a caer, a perderse. No es el caso de Ruth Jeannette Genoveva Aguayo Hagemann. Su historia nos deja ver que aunque a veces no es fácil, las mujeres se pueden empoderar y tomar la responsabilidad de sí mismas.

Monina, como la conocen, se casó a los 21 años, tuvo dos hijos y se dedicó a ser ama de casa. Ocho años más tarde se divorció, lo que hizo que el miedo la invadiera.

Para ella, la separación le representó un gran reto, debido a que durante el matrimonio su esposo era el sostén económico de la familia.

Ahora, y desde hace 20 años, es propietaria del estudio de yoga Yatnah, una de las primeras escuelas de su tipo en Querétaro, proyecto que impulsó como una forma de independencia y autonomía económica y personal, luego de su divorcio.

El negocio se encuentra en la calle San Diego de los Padres No. 310, en la colonia Vista Alegre. Está ubicado en la parte superior de su casa. La puerta de entrada da a un pequeño espacio donde los visitantes deben quitarse el calzado, para posteriormente subir unas escaleras de caracol.

Monina llegó a dar clases de aerobics y spinning desde los 14 años, hasta que encontró el yoga. Mientras estuvo casada el yoga sólo era una actividad que practicaba para relajarse y quitarse las tensiones de la vida cotidiana, pero decidió dar clases y emprender su negocio luego de su divorcio, relata a EnLaLupa.com en la recepción del estudio, un espacio acogedor, decorado en tonos blanco y azul y accesorios que transmiten tranquilidad.

Sobre cómo a partir del divorcio decidió abrir su estudio expresó: “cuando una está en esa tensión, hay una emoción impresionante de decir: ¿ahora qué voy a hacer? Esa emoción incluye miedo, entusiasmo, euforia y deseo de lograr algo, y ahí es donde nace la sensación, la semilla, de un anhelo individual hacia algo, que es el compartir y ayudar a muchas mujeres en este proceso, desear ser terapeuta y maestra de maestros”, relata Monina.

Inició su negocio con una lona, para posteriormente construir su estudio con apoyo de su exesposo, quien es ingeniero civil: “mi expareja nunca me dejó, pero yo me moría de miedo y le dije: ayúdame a poder dar clases, ayúdame a construir algo; y él me ayudó a construir esto”.

Luego de la recepción, se encuentra una sala amplia y libre con herramientas de apoyo como cuerdas y tapetes para yoga, una gran manta en la parte del fondo, donde se respira un ambiente de paz.

Empezó con una alumna a quien dio clases por tres meses “y esa trajo a otra y esa a otra hasta que llegamos a más de 100 alumnos, antes de la pandemia”, continúa platicando.

Cuando se divorció sus hijos cursaban el preescolar. Organizaba sus horarios para poder atender a sus hijos y, al tener su hogar en el piso inferior a su estudio, subía y bajaba para dar clases y a la vez asumir su papel de madre.

“Daba clases y a la hora que los alumnos estaban en savasana (una postura de yoga que se usa para relajarse al final de una sesión) yo bajaba a ver si mis hijos ya habían hecho la tarea, a veces me los traía aquí para estar conmigo. Se oye todo (lo que ocurre) abajo, entonces oía si querían leche, si abrían el refrigerador, si no lo abrían, si ya se estaban peleando entre ellos y entonces bajaba mientras los alumnos meditaban y les decía a mis hijos: suban o paren”, cuenta con cierta gracia.

Monina comenta que su exesposo a veces pasaba por los niños para llevarlos a la escuela o al futbol y en otras ocasiones para regresarlos a casa: “a pesar de estar divorciados, él asumió la paternidad como pudo y yo como pude la maternidad”. En algunos momentos ella pidió a una compañera dar clases en su lugar para ir a reuniones escolares o cuidar a sus pequeños si éstos se enfermaban; nunca dejó a sus alumnos sin clases, afirma.

Llegó un tiempo en el que los grupos fueron constantes, por lo que decidió formar maestros, lo que le permitió tener más tiempo para sus hijos: “había más gente, y entre los grupos y los hijos yo ya no iba a poder atender bien a todos. Me hizo muy feliz ver a los alumnos como crecían y empezaban a impartir clases”.

El yoga la llevó a entender la vida de una forma diferente: “dije: esto es lo mío. Aunque tenga miedo yo voy a hacer lo que me haga sentir feliz”. Ahora Monina es abuela por partida doble, pues uno de sus hijos, quien tiene 24 años, ya es padre de familia; su otro hijo, de 22 años de edad, continúa estudiando. Ella se ha formado en todos los estilos de yoga. Da clases y terapia restaurativa, y su negocio se ha ampliado a dos sucursales, sin embargo, debido a la pandemia ha comenzado a tener problemas.

Que exista «Con Ellas Hacemos la Diferencia» es una maravilla

Monina subraya que hace algunos meses se enteró del programa “Con Ellas Hacemos la Diferencia” del gobierno municipal de Querétaro, que busca empoderar a las mujeres queretanas e impulsar su desarrollo. Dice que hace 20 años, cuando inició su negocio, un programa de ese tipo le hubiera ayudado mucho.

No obstante, asegura que de continuar este programa —como lo ha planteado Luis Nava, candidato a presidente municipal de Querétaro por el Partido Acción Nacional (PAN) y Querétaro Independiente (QI)— buscará acceder a éste para poder asegurar la sobrevivencia de su estudio de yoga. Revela que debido a la pandemia no ha podido dar clases presenciales, lo que ha complicado la situación del negocio, pues aunque algunos alumnos reciben clases en línea, otros se fueron y no han regresado.

“Hace 20 años esos programas no existían, si hubieran existido a mí me hubieran ayudado mucho. Sin embargo, yo necesito apoyo hoy en día, por lo que creo que es una maravilla que exista un programa como éste.  A las mujeres nos conviene mucho para apoyarnos en momentos vulnerables”, reiteró.

Comenta que hay muchas mujeres que tienen miedo de divorciarse y se quedan al lado de su marido porque no pueden culminar un proceso de autonomía por falta de apoyo.

“Las mujeres en mi condición necesitan un apoyo de algún tipo, más en estos momentos y también para el futuro, pues sin duda hay incertidumbre sobre lo que vendrá después.  Al final yo sí recibí apoyo de mi exmarido, pero hay otras mujeres que conocí en este proceso (de divorcio) que no tienen ninguna ayuda y esa vulnerabilidad de tener a los hijos solos y tenerlos que sacar adelante es muy complicado si no existe un sostén, por eso la importancia de programas como «Con Ellas Hacemos la Diferencia».

 

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top