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Aun con maestros vacunados, es un terrible error regresar a las aulas, alertan expertos

Daniel Cisneros, quien el año pasado publicó el libro Crónica de la pandemia (Confinamiento Covid-19), reflexiona sobre los riesgos del retorno a clases presenciales en este momento, y charla con el escritor Élmer Mendoza, el teórico de la educación Hugo Aboites y la doctora en ciencias médicas Laurie Ann Ximénez-Fyvie (autora de Un daño irreparable: la criminal gestión de la pandemia en México), quienes se desempeñan, o se han desempeñado, como docentes en distintas instituciones educativas

Reportaje: Daniel Cisneros/EnLaLupa.com

La prudencia es el conocimiento de las cosas que deben buscarse y las que deben evitarse.
Marco Tulio Cicerón.

La necedad es la madre de todos los males.
Marco Tulio Cicerón.

La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede.
Aldous Huxley.

Para todos los profesores, alumnos y padres de familia por su esfuerzo, paciencia, entrega, dedicación, perseverancia, tenacidad, empatía y solidaridad durante las clases a distancia.

Ha sido imposible no sentir profunda tristeza por la forma tan brutal y lamentable en que la pandemia por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 ha golpeado en todas direcciones: contagios, decesos, desempleo, educación, niñez, violencia, cultura, migración, indigencia… Y, por otro lado, también ha resultado inevitable experimentar malestar e indignación con las autoridades mexicanas (de todos los partidos y niveles de gobierno) por sus innumerables desaciertos, omisiones, mentiras, contradicciones.

Quizá por ello me invadió la necesidad de explicarme y explicar las repercusiones de la pandemia en diversas áreas de la existencia, de dejar un registro que ayudara a mostrar y comprender este terrible momento histórico. Por eso, el año pasado, escribí el libro Crónica de la pandemia (Confinamiento Covid-19). Mi idea, un tanto utópica, igualmente era contribuir a señalar los desaciertos con la esperanza de re direccionar las acciones (pues México ha sido uno de los países con mayor número de contagios y fallecimientos). Lastimosamente no ha sido así.

Uno de los últimos yerros del gobierno es la propuesta de volver a clases presenciales sin haber vacunado primero a la mayoría de la población para generar cierta inmunidad colectiva, pues de nada sirve inocular la vacuna a docentes si se deja vulnerables a todos los demás. Esto pese a lamentables ejemplos como Colombia y Argentina: naciones en las que debido al regreso anticipado a las aulas han crecido considerablemente los contagios en la población escolar y se han registrado decesos de profesores. Y qué decir de Brasil, donde, tras retornar a la escuela, una menor de 13 años se infectó de Covid-19 y falleció.

Aunque en México se plantea un retorno escalonado y utilizando un modelo híbrido (clases presenciales y a distancia), el riesgo es latente (tan sólo previo a la actual pandemia, y durante épocas de enfermedades respiratorias, ha sucedido que alumnos con tos o gripe contagien a otros compañeros o, incluso, a profesores).

De hecho, en Campeche, primer estado en volver a las aulas a mediados de abril, el poco tiempo que duró la reapertura (antes de su nuevo cierre por aumento de contagios) se registró lo siguiente: “Cierran escuela en Campeche por maestra contagiada de Covid-19” (El Financiero, 4 de mayo de 2021); “Cierran otra escuela en Campeche por alumnos con fiebre; temen contagio de COVID-19” (La Razón, 11 de mayo de 2021), “Cierran segunda escuela en Campeche por contagio de covid-19” (Milenio, 12 de mayo de 2021), “Un paso atrás: Campeche suspende clases presenciales tras incremento de casos Covid” (El Financiero, 22 de mayo de 2021).

Y lo anterior a pesar de que Campeche era una de las entidades que presentaba menos casos activos del virus. ¿Qué podría ocurrir en lugares con elevada densidad poblacional y con los mayores índices de contagios del país como son Ciudad de México —donde, curiosa y convenientemente para el gobierno local, es muy probable que el viernes previo a las elecciones y a la reapertura de colegios, se informe que transitarán hacia semáforo epidemiológico verde— o Estado de México, los cuales, a decir de sus autoridades, tal vez podrían retornar a las aulas el 7 y a mediados de junio, respectivamente?

Ahora bien: pese al descenso del virus en diversas entidades (debido no tanto a acciones eficientes y oportunas de las autoridades, sino, se ha señalado, en gran medida quizá más bien a causa del actual clima cálido y del elevado número de contagiados en el país, quienes, de algún modo, han generado cierta inmunidad natural tras infectarse) es aventurado olvidarse del riesgo latente de un nuevo repunte o rebrote como, en días recientes, ha sucedido en Quintana Roo, Tabasco, Campeche, Yucatán, Colima, Baja California Sur y Baja California.

Si difícilmente se podrán ver a profundidad nuevos temas, realizar pruebas diagnósticas de conocimientos, nivelar aprendizajes o brindar efectivo apoyo socioemocional a los alumnos debido a que los profesores estarán muy atareados por el cierre de evaluaciones, ¿tendrá sentido regresar a las aulas a un mes —o, en algunos casos, a menos— de concluir el presente ciclo escolar?

Y si la vuelta a las aulas será voluntaria para los estudiantes y sólo se llevará a cabo en los estados donde haya escuelas con el semáforo epidemiológico en verde, entonces: ¿qué sentido tendrá así cuando existirán alumnos recibiendo clases en presencial y, al mismo tiempo y manteniéndose tal como están ahora, otros en virtual?, ¿tendrá sentido mantener algunos colegios abiertos y otros cerrados?, ¿así se daría una educación, aprendizaje y aprovechamiento académico homogéneo, o, por el contrario, una educación desigual, diferenciada y heterogénea?, ¿así se ensanchará la brecha educativa entre unos y otros?, ¿con un sistema hibrido no se corre el peligro de no ser efectivos ni en virtual ni en presencial, pues con el exceso de trabajo docente resultará prácticamente imposible ser totalmente eficientes en ambos?

Y surgen otras interrogantes: ¿es suficiente el bajo porcentaje de vacunados con dosis completa que actualmente hay en México?, ¿cuánto se ha invertido —y se invertirá— para generar condiciones adecuadas?, ¿los colegios —en su totalidad— han recibido los recursos económicos que requieren, o se les abandonará a su suerte?, ¿absolutamente todas las escuelas se acondicionarán con lo necesario para su reapertura?, ¿en las aulas se instalarán medidores de CO2, filtros de aire y buena ventilación?, ¿se dotará permanentemente de mascarillas N95 a los estudiantes?, ¿se aplicarán constantemente pruebas PCR a la población total —y no sólo parcial, o de forma aleatoria— de cada institución educativa para detectar oportunamente casos de Covid-19?

Si recordamos, en su momento enfermeros y demás personal médico protestaron por el abandono que sufrieron al no dotarlos del equipo e insumos requeridos para enfrentar la pandemia, lo cual provocó varias muertes. Tampoco olvidemos que, pese al riesgo de contraer el virus, médicos de instituciones privadas denunciaron no ser incluidos como grupo prioritario para ser inoculados con la vacuna. Entonces, ¿qué garantiza que se actuará diferente y que existirá una genuina preocupación por la comunidad escolar?

Igualmente recordemos que el pasado 12 de abril en los periódicos apareció una información que da cuenta del cuestionable actuar de las autoridades durante la pandemia: “México pudo haber evitado 190.000 muertes en 2020, según un informe encargado por la OMS” (El País).

Probablemente por los innumerables desaciertos del gobierno es que Laurie Ann Ximénez-Fyvie, doctora en Ciencias Médicas por la Universidad de Harvard, investigadora en microbiología y jefa del Laboratorio de Genética Molecular de la UNAM, expresa sobre su libro Un daño irreparable: la criminal gestión de la pandemia en México: “Esta investigación aclara el crimen por omisión que el gobierno mexicano perpetró contra sus ciudadanos”.

Sí, tal vez por eso en charla para Radio Fórmula esta investigadora sugirió la existencia de cierta intencionalidad o dolo de Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, y quien ha comandado los destinos del país frente a la pandemia: “Es claro que el papel del doctor López-Gatell ha sido político más que académico o científico. Es decir, a él no le faltan credenciales. Él es una persona capacitada, tampoco es un ignorante. Es un hombre inteligente, bien preparado, que sabe a lo que se dedica. La situación que sucede aquí es que esto no es un error basado en falta de información. Ésta ha sido una decisión consciente de una persona que ha sabido perfectamente bien qué se tiene que hacer para detener esta catástrofe y ha tomado la decisión consciente de no hacerlo. Esto no es un error.”

He aquí algunos inconvenientes de que en México se reabran las escuelas en este momento: aún no se vacuna a educandos ni, como ya mencioné, a la mayoría de personas; existen estudiantes (y profesores) con comorbilidades o enfermedades crónicas que los coloca entre los grupos vulnerables; riesgo de reactivar o acelerar la cadena de contagios al poder infectarse alumnos que, a su vez, trasmitan el virus a sus familiares o a aquellos con quienes conviven; peligro no sólo durante la interacción escolar (pues, por ejemplo, en el caso de los estudiantes, sobre todo en los más pequeños, quizá por la falta de costumbre o la incomodidad no siempre permanezcan con el cubrebocas o no lo porten correctamente), sino a lo largo del traslado en que, por decir algo, se genera aglomeración de pasajeros en el transporte público; insuficiencia de los filtros sanitarios a la entrada de los colegios, ya que a través de la toma de temperatura no se detectarían los casos asintomáticos que, sin saberlo, se convertirían en un riesgo potencial de transmisión; pese a estar vacunados, se ha señalado que los docentes podrían contagiarse y contagiar.

Hay otros inconvenientes: el número de alumnos por grupo suele ser enorme, incluso alcanzando los 40 o más, lo que, a pesar de que se contemple asistencia escalonada, convierte al aula en zona insegura; no todas las escuelas cuentan con infraestructura y condiciones idóneas (en algunos casos ni con agua, o drenaje funcional, o sanitarios, o salones amplios, o buen sistema de ventilación para intentar evitar la concentración de aerosoles o de partículas de Covid-19 suspendidas en el aire, o los requeridos espacios al aire libre y techados, o presupuesto suficiente, o…).

Amén de la sobrecarga de trabajo docente que, al tener que laborar en presencial para quienes asistan a las instalaciones y en línea para quienes no (lo cual implicaría doble jornada), podría desembocar en una atención deficiente y superficial del educando. Por ejemplo: existen profesores de secundaria con dos turnos que entrarán a sus escuelas a las 7 de la mañana y saldrán a las 19:40 horas, ¿en qué momento atenderán las clases virtuales, o las constantes llamadas telefónicas, mensajes de WhatsApp y correos electrónicos de alumnos y padres de familia?, ¿o en qué momento realizarán las dobles planeaciones, incluyendo todas las que se acumulen en el caso de quienes imparten distintos grados y asignaturas?, ¿o qué momento dedicarán a los numerosos cursos, conferencias y encuestas que se les solicita? Todo esto sin contar otras actividades que suelen incrementar su carga administrativa; o sin tomar en cuenta el tiempo de traslado, pues hay maestros que viven muy lejos de su centro de trabajo o que laboran en dos o más colegios. Será una tarea humanamente imposible.

¿Si algún maestro quisiera no regresar de forma presencial sino continuar virtualmente o a distancia, se respetará su decisión?, ¿la reapertura de las escuelas será voluntaria?, ¿se respetará el consenso de la comunidad escolar de cada plantel, o, por el contrario, se impondrá —como ya sucede en algunos casos— la reapertura de las instalaciones?, ¿qué pasaría si, ante los riesgos, las imposiciones y la falta de actuales condiciones idóneas, los maestros optaran por hacer un frente común para detener actividades en cada colegio del país?, ¿no sería mayor el costo educativo si ocurriera esto último?

Se argumenta que es urgente el regreso a las aulas para proteger la salud emocional de los estudiantes y resarcir el rezago educativo. Y es innegable que ambos factores son importantísimos. Sin embargo, por decir algo, ¿por qué durante la pandemia no se ha invertido en crear grupos de apoyo emocional, terapias psicológicas o efectivos programas de ayuda para alumnos y padres de familia conformados por numerosos y suficientes especialistas externos (no tanto por los orientadores de los mismos planteles quienes, a su vez, son capacitados con cursos superficiales) que constantemente brinden una amplia —y bien difundida, para que todos se enteren y reciban el servicio— atención grupal y personalizada vía online, virtual o telefónica, complementada con conferencias a través de Internet? ¿Por qué, en cambio, mejor se han contratado infinitos, y muchos de ellos repetitivos o sinsentido, cursos en línea, encuestas o conferencias para los profesores?

La atención emocional no se ha puesto en manos de especialistas, sino que, comodinamente, se ha dejado el trabajo a los profesores que, sin ser expertos en la materia, han hecho lo que pueden robándole horas al sueño e incrementando, una vez más, su carga laboral. Sí, porque hay que decirlo: aunque es a distancia, los docentes no han parado de trabajar y han continuado firmes en su misión educativa, a pesar de que ha crecido significativamente el tiempo que dedican a ella.

Veamos alguna información que implica aspectos emocionales en las escuelas y que se publicó previo al Covid-19: “México es el primer lugar de bullying a escala internacional” (Milenio, 23 de mayo de 2014); “México, primer lugar en bullying escolar a nivel mundial; revela OCDE” (El Heraldo de México, 30 de enero de 2020). Y la historia se repite este año: “México, primer lugar en bullying: OCDE” (El Heraldo de México, 30 de enero de 2021).

Ahora veamos ejemplos, también pre pandemia, de pruebas que miden habilidades académicas: “México, el peor de la OCDE en educación” (Animal Político, 3 de diciembre de 2013); “OCDE: México, 15 años en el último lugar de educación” (El Universal, 6 de diciembre de 2016); “PISA 2018: México, penúltimo país de la OCDE en nivel de lectura” (La Jornada, 3 de diciembre de 2019); “México, lugar 53 de 71 países evaluados por la PISA” (El Demócrata, 3 de diciembre de 2019).

¿Esto se ha debido a la actual emergencia sanitaria? ¿Por qué no se ha resuelto efectivamente el problema a lo largo de tantos años? Ah, es que los gobiernos anteriores… ¿Por qué no se ha invertido en dotar de computadoras y conectividad a Internet absolutamente a todos los alumnos que lo requieren para que puedan acceder a sus clases virtuales durante la pandemia? ¿Hay verdadera preocupación por el desempeño académico y el bienestar emocional?

Al parecer se carece de condiciones seguras para una vuelta a las aulas. No obstante, autoridades han mencionado el posible regreso incluso desde semáforo epidemiológico amarillo; y no en verde como inicialmente habían estipulado. Esto, además, sin tomar en cuenta los señalamientos que, en ocasiones, se han hecho sobre la manipulación gubernamental de colores y cifras.

Por otro lado, y quizá contradiciéndose nuevamente con lo expresado al principio, aparentemente ahora las autoridades han sugerido que ya no se cerrarán las escuelas si se detecta algún caso con Covid-19 entre la comunidad escolar. Aquí lo dicho por Hugo López-Gatell:

Hay una regla general que viene de los tiempos de la pandemia de Influenza, por haber tenido la oportunidad de trabajar en ese momento en el campo de la epidemiología conozco esa regla cuando la establecimos, y se trataba de que si en un salón se presentaba un caso se cerraba el salón y si se presentaban casos en más de un salón se cerraba la escuela. Esto lo hemos reanalizado a la luz de lo que está ocurriendo con Covid, las diferencias entre Covid e Influenza, y hemos considerado que en este momento no sería procedente porque podría ser que muy rápidamente regresáramos a tener escuelas cerradas y que no tuviera un beneficio neto el haberlas reabierto. Entonces hemos decidido, es un lineamiento técnico, que tenemos la posibilidad de estudiar y controlar los brotes con los mecanismos convencionales con los que opera el personal de salud pública coordinado por las jurisdicciones sanitarias.

Espero que únicamente sea una interpretación errónea la mía, pues de lo contrario sería una decisión irresponsable porque quienes se infecten (contando los casos asintomáticos y de difícil detección) seguramente habrán tenido contacto con otros miembros de la escuela, incluyendo alumnos de diversos salones. Lo preocupante es que, sobre la suspensión de clases presenciales en Campeche, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo: “No se debe exagerar. Hay que aislar si se encuentra un contagio o un brote, se aísla, pero no cerrar por completo, no parar”.

Ojalá sindicatos y líderes magisteriales tomen una decisión responsable, digna y que priorice la integridad de la comunidad escolar y de sus familiares; y no, por el contrario, lleguen a oscuros acuerdos con el gobierno a cambio de prebendas, favores, puestos, beneficios políticos, dinero.

Tal vez, a sabiendas de los enormes riesgos, por eso se solicita que los padres de familia que envíen voluntariamente a sus hijos a clases presenciales firmen una carta responsiva y, así, las autoridades evaden cualquier responsabilidad. Lo cual no hace descabellado pensar que, si se detectaran contagios, probablemente el gobierno se lavaría las manos diciendo: no hay “evidencia científica”, prueba o garantía de que hayan sido dentro de las escuelas o propiciados por su apertura. ¿Acaso indemnizarán a quienes se infecten o puedan sufrir pérdidas familiares, las autoridades se harán responsables económica, social, jurídica y moralmente?

¿Qué pensarán los profesores (no sus líderes o sus máximas autoridades educativas), alumnos y padres de familia, que son quienes verdaderamente estarán dentro del aula o que vivirán de primera mano el retorno? Más allá de encuestas que pueden ser manipuladas por los que las aplican, basta asomarse a lo que expresan lectores y usuarios (entre quienes, justamente, figuran millones de maestros, estudiantes y padres de familia) en el apartado de comentarios de notas periodísticas o videos que circulan por Internet al respecto para darse cuenta del amplio desacuerdo en la reapertura.

O basta advertir las manifestaciones contra la vuelta a las aulas organizadas por La Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez”, quienes han señalado que un “regreso a clases sin inmunidad colectiva es homicidio” y que “si se regresa a clases con menos del 70% de la población vacunada surgirán rebrotes y más complicaciones para los mexicanos, sobre todo para las familias humildes”. O basta echar un vistazo al rechazo a la reapertura en este momento expresado por La Unión Nacional de Padres de Familia al afirmar que, a su juicio, se requiere una inmunización en la población del 80 por ciento para evitar riesgos de contagios.

Resulta curioso que varios legisladores del país siguen sesionando virtualmente para protegerse del virus, ¿por qué, entonces, se insiste en llevar a los alumnos a las aulas? En Crónica de la pandemia (Confinamiento Covid-19) escribí lo siguiente respecto a cuando, el año pasado, una parte de dichos funcionarios volvió a legislar presencialmente:

Igual se dará la pauta para que algunos senadores regresen a sesiones presenciales, a las cuales no acudirán más de 50 ya que las personas vulnerables y quienes no tendrán actividades de asistencia indispensable se mantendrán en casa hasta el semáforo en verde.

En la cámara invertirán 6 millones y medio de pesos para implementar medidas de protección como las siguientes: tapetes desinfectantes de calzado en los accesos, toma de temperatura, cubrebocas y caretas, gel antibacterial, señalizaciones para guardar la sana distancia, lámparas ultravioleta que filtrarán el aire acondicionado de posible Covid-19, uso de generadores de niebla sanitizante, intensificación del trabajo de limpieza, acrílicos tanto en el pleno como en las salas de reunión para dividir los asientos.

¿Cuántos mexicanos contarán con esa protección sanitaria en sus trabajos? ¿A las escuelas se les destinarán los mismos recursos para llevar a cabo medidas similares y no poner en riesgo a alumnos o profesores? Es improbable. De hecho, en mayo el titular de la SEP dirá respecto a imágenes que circularán en medios sobre las cabinas de acrílico instaladas en bancas escolares de colegios de Wuhan, China: “Esos videos están hechos para que se vea lo bien que se hacen las cosas, pero no creo que sean masivos. O sea: no todas las escuelas lo tienen”. ¿No sería una acción que contribuiría a prevenir o minimizar contagios? ¿Por qué se pondrán en la cámara de senadores y no en planteles escolares?

Decido llamar telefónicamente al escritor Élmer Mendoza, al teórico de la educación Hugo Aboites y a la doctora en ciencias médicas Laurie Ann Ximénez-Fyvie (quienes se desempeñan, o se han desempeñado, como docentes en distintas universidades) para, entre otras cosas, conocer su opinión sobre el regreso a clases presenciales. Veamos lo que dicen:

Élmer Mendoza: «Ya jodieron a los adultos y a los pobres, y ahora quieren seguir con los niños. Se me hace una injusticia.»

Las personas que han decidido la propuesta del regreso a las aulas no han sido maestros, porque el trabajo de grupo es muy especial y es una actividad de mucho contacto. Creo que es un atentado. Ya jodieron a los adultos y a los pobres, y ahora quieren seguir con los niños. Se me hace una injusticia.

Pienso que no ha sido bien estudiada la propuesta del regreso a las aulas y, en México, aún no se puede. En Estados Unidos lo intentaron una vez, y el programa universitario duró unas semanas porque todos se empezaron a infectar. Entonces, en México sería exponer a los niños, a los maestros, y afectar a toda la comunidad escolar.

Además, se me hace muy demagógico volver el 7 de junio, un día después de las elecciones. ¿Qué les cuesta esperar, si se consiguiera realmente un ritmo de vacunación deseable, a lo mejor para finales de agosto en que pudiera intentarse el regreso a clases presenciales? Pero ahorita no. Llevamos muy pocos vacunados. Entonces, ¿qué pasa?, ¿a qué estamos jugando? Me parece muy grave que quieran meter a los niños en ese agujero venenoso.

Hugo Aboites: «Mientras no se vacune también a los estudiantes estamos apresurando las cosas.»

Para el 30 de marzo de 2020 el sistema educativo, casi 40 millones de personas, 32 por ciento de la población, estaba cerrado. Fue un cierre radical. ¿Cuántos casos del virus había el 30 de marzo de 2020? Según la agencia noticiosa Reuters, al final de marzo en un día había 130 nuevos casos diarios y 4 fallecimientos. Y el 6 de mayo de 2021 teníamos, ahora que ya entrecomillas estamos saliendo de la pandemia, 2 846 contagios diarios y 166 muertos. Entonces, estamos abriendo el sistema cuando todavía hay cifras de contagios y muertes mucho más altas que las que tuvimos cuando lo cerramos. Y claro, el epidemiólogo nos dirá: lo que pasa es que ya va de caída. Y uno ve la curva y, efectivamente, es una caída drástica.

Sin embargo, uno ve el 10 de abril de 2021 y encuentra un repunte extraordinario que llega hasta 6 356 contagiados y 2 192 decesos en un día. Y uno dice: ah, caray, si todo va para abajo, ¿por qué de repente surge este pico de cerca de 7 mil contagiados diarios y más de dos mil fallecidos? La razón es porque días antes terminó la Semana Santa; y durante esa fecha, decenas de miles o cientos de miles de personas se fueron de vacaciones, estuvieron relajadas, amontonadas en las playas, no usaban cubrebocas, etcétera.

Uno se pregunta: ¿qué va a pasar cuando no sean decenas o cientos de miles sino 40 millones de estudiantes y maestros los que vuelvan a los salones hacinados, y no por una semana sino de manera permanente? Esa es la preocupación que tengo. Lo que va a suceder es lo que pasó en algunos lugares: inmediatamente empezaron a reportarse casos porque sí estamos vacunados los maestros, pero los jóvenes y los niños no. Y aun vacunado, a uno le puede dar el virus. Quizá a uno no le hace nada, pero uno contagia a otros. Entonces, mientras no se vacune también a los estudiantes estamos apresurando las cosas. Yo esperaría un poco más.

Laurie Ann Ximénez-Fyvie: «Vacunar a los maestros no es suficiente; hay riesgo de muchos contagios.»

Me parece fatal la propuesta de las autoridades del regreso a clases presenciales, es un error terrible. Se está hablando de volver simplemente porque quieren tener alguna retórica que ayude a las elecciones, o qué se yo. Todo se está politizando tanto que no les importa la vida de la gente. El regreso a las aulas es un tema muy complejo que debería ser abordado con seriedad. No tienen un plan para el retorno seguro. El gobierno piensa que es suficiente con vacunar a los maestros, desinfectar las aulas, tomar controles de temperatura, tener gel antibacterial, poner tapetes sanitizantes. Y nada puede ser más falso que eso.

Este virus se transmite por el aire, se respira. Y el problema es que la estrategia del gobierno ha sido negacionista de la ciencia y de la evidencia. Aun cuando había cúmulos de evidencia científica que demostraba lo contrario, López-Gatell dijo durante meses que los asintomáticos y los niños no transmitían la enfermedad, o insistía en que el cubrebocas no servía de nada, Y hoy hacen lo mismo. Toda la retórica es “guarda distancia”, “lávate las manos” y “ponte cubrebocas”. Eso no es un retorno seguro a las aulas. La propia Organización Mundial de la Salud ya lo reconoció hace más de un mes: el virus se transmite por el aire en espacios cerrados, primordialmente. Y las aulas son espacios cerrados.

Si se pretende un retorno seguro, el gobierno tendría que estar hablando de la vigilancia de la calidad del aire dentro de los salones de clases. Esto sabemos cómo hacerlo: con monitores de CO2, filtrando el aire y ventilando las aulas para garantizar que exista bajo riesgo de contagio. Y, desde luego, usando cubrebocas. Esos cuatro elementos son las patas que sostienen la mesa llamada retorno seguro.

El gobernador del Estado de México dijo: “con los maestros vacunados en nuestro estado ya podemos volver a las aulas con seguridad”. El señor gobernador no tiene idea de lo que está hablando. Vamos a ser muy claros: una persona vacunada puede no padecer la enfermedad de forma grave, no morirse de Covid-19 o tenerlo de manera asintomática, pero sí puede infectarse del virus y transmitirlo a los demás.

Entonces, los maestros pueden estar vacunados, pero eso no quiere decir que no puedan transmitir el virus a los alumnos; y los alumnos no sólo entre sí, sino ir a casa a transmitir la enfermedad a los padres y familiares no vacunados. Por eso vacunar a los maestros no es suficiente. Cuando estén vacunados los niños, adolescentes, jóvenes y padres de familia será otro cantar.

Y ojo: en México al día de ayer (2 de junio) sólo el 9.8 por ciento de la población estaba con esquemas completos de vacunación, y el 8.4 con esquemas a medias. Vamos a decir: el 20 por ciento de la población mexicana ya tiene por lo menos una dosis de vacuna. Sí, pero el 80 por ciento restante no está vacunada.

Deben tomarse realmente medidas y dejar de engañar a la gente, porque imagínate el riesgo que se tiene ahora. Puede haber muchos contagios. Y esto no es hipotético, ya se vio en países como Canadá o Reino Unido. Es más: ya se vio en varias partes del mundo que hay demasiado riesgo cuando se regresa a las aulas sin que el grueso de la población esté vacunado. Los únicos lugares donde han podido volver sin vacunación masiva de toda la población son aquellos en los que nunca han tenido índices altos de contagios, que siempre han mantenido muy vigilada y controlada la propagación del virus como Taiwán, Nueva Zelanda, Vietnam, Corea del Sur o Australia.

Uno piensa: ¿por qué van a retornar a las aulas un mes antes de cerrar el ciclo escolar?, ¿ese mes puede sanar el más de un año sin clases?, ¿qué van a hacer con todos los chicos que ya se dieron de baja o que no tuvieron clases a distancia? Pero no se habla de eso, sino de gel antibacterial y de maestros vacunados. Incluso hay escuelas saqueadas. Mejor deberían invertir ese mes y todo el verano en hacer los espacios seguros, en restaurar las escuelas, en tener un plan serio de retorno a clases presenciales.

Todo lo expresado hasta aquí lleva a preguntarse: ¿qué habrá realmente detrás del intento de regresar a las aulas?, ¿habrá una preocupación legítima por el desarrollo y el bienestar de los estudiantes?, ¿usted qué piensa al respecto, querido lector?

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