Niels Rosas Valdez - Procesos del Poder

Como Kennedy y Kruschev – Niels Rosas Valdez

Hoy se marcará una fecha importante para las relaciones ruso-americanas: se reunirán los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin en Ginebra, Suiza. Más allá de las implicaciones de este evento, que son significativas para el globo, esta reunión arroja ecos de una reunión sostenida entre los líderes de las potencias mundiales durante la Guerra Fría (GF). ¿Qué apuntes destacan de la cumbre de hoy?

Previo a uno de los momentos más álgidos presentados durante la GF y de mayor incertidumbre que haya experimentado la humanidad, como lo fue la Crisis de los Misiles, los líderes de Estados Unidos de América (EUA) y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se reunieron en Viena, Austria, en 1961 para atender un sinnúmero de cuestiones referentes a su influencia en distintas partes del globo.

La reunión entre John Fitzgerald Kennedy, presidente de EUA, y Nikita Kruschev, secretario general del Partido Comunista de la URSS, fue trascendental por una variedad de cuestiones. Primero que todo significó el primer contacto directo entre los líderes en turno de las superpotencias mundiales, pero no destacó sólo por eso. Se trataba de la primera reunión entre líderes diferentes a Dwight Eisenhower y Josef Stalin, cuya guía agravó de manera vertiginosa la relación entre EUA y la Unión Soviética.

En este contexto, a raíz del contacto en Viena y considerando la personalidad de Kennedy y Kruschev, la relación entre las superpotencias podía comenzar a reestablecerse a través de la política exterior del segundo mencionado, es decir, la “Coexistencia Pacífica”. No obstante, a pesar de las buenas intenciones de ambos líderes, los ocho puntos de la política exterior emanada de Moscú y aceptada por Washington no fueron suficientes para evitar la serie de acciones que conllevaron a los dos gobiernos a desatar la Crisis de los Misiles en 1962.

La relación actual entre EUA y Rusia (país heredero de la URSS) está alejada de esa tensión durante la GF descrita arriba. Sin embargo, eso no significa que hoy en día no exista. Desde hace un par de décadas, y prominentemente desde hace unos siete años, la relación ruso-estadounidense se ha deteriorado, situación que se alimenta por el contraste de pensamientos, políticas y acciones entre sus gobiernos, pero también por la posición antagónica que han adoptado entre sí en sus acciones domésticas e internacionales.

Hace cuarenta años se celebró la reunión entre Kennedy y Kruschev con el ánimo de generar diálogo, entendimiento y cooperación entre las superpotencias mundiales. Pero un año más tarde, entre ellas desataron un caos en el que el globo pendió de un hilo. Hoy en día el régimen internacional es multipolar, pero sigue habiendo ese jaloneo constante de intereses, influencia y poder. Para generar una estabilidad en el planeta, se comprende que Biden y Putin, líderes de dos de los tres países hegemónicos en la actualidad, deben dialogar y cooperar. No obstante, justo como sucedió hace cuatro décadas, ¿la cumbre, ahora en Ginebra, originará un camino similar?

Es muy difícil que podamos regresar a un escenario como el que se recuerda en 1962, a pesar de que la Casa Blanca y el Kremlin tienen el poder de decisión de alrededor del 90% de las armas nucleares del mundo. Pero eso no significa que la relación pueda seguir deteriorándose. De esto último hay más probabilidades. Durante la administración del Donald Trump, no sólo EUA perdió protagonismo y liderazgo internacional, sino que consintió a Putin y la mayoría de las decisiones que emanadas desde Moscú.

Sin embargo, hoy en día Biden busca restaurar la imagen, alianzas y liderazgo internacional del país de las barras y las estrellas, y eso significa ser una roca en el zapato de Putin, puesto que conllevará vigilarlo e intentar forzarlo, en la medida de lo posible, a rendir cuentas ante la comunidad internacional, algo que la historia nos dice Rusia se ha mostrado reacio a hacer.

Invariablemente, la posición de Biden se ha reforzado de cara a esta cumbre y la razón es simple: en la reciente junta del G7, EUA logró recuperar sus alianzas con otros países de Occidente. De esta manera, un bloque unido representa un mayor peso con el cual lidiar si uno es Putin, o en su defecto, Xi Jinping, de quien, por cierto, habrá que estar atentos a su reacción tras la cumbre en Ginebra: si Rusia cede en algo, China podría ser la siguiente.

Niels Rosas Valdez
Escritor, historiador e internacionalista
@NielsRosasV (Twitter)
[email protected]

¿Quieres dejar algún comentario?

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top