Historias de la Metrópoli

En Residencia Acacias, trato digno, profesional y humano a adultos mayores, constatan familiares

Reportaje: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Fotos: César Gómez Reyna/EnLaLupa.com

Gloria, Martín y Víctor recuerdan con claridad el 26 de julio de 2015, fue el día que no pudieron retrasar más la decisión de llevar a su mamá a un asilo. Gloria llora al recordarlo, porque “nuestra generación no es de eso, quisiera tener fuerzas para atender a mi mamá”, pero acepta que no era suficiente la atención que la familia podía darle. Su mamá necesitaba apoyo de tiempo completo y atención especializada; de no ser así, le daban poco tiempo de vida.

A punto de cumplir seis años en Acacias, una residencia para el adulto mayor, su mamá, Cristina Badillo, no sólo se mantiene con buen ánimo, sino que se ve más tranquila y los hermanos preparan los festejos para su cumpleaños 88. El Covid-19 los obligó a separarse y ya no llevarla de paseo o a misa cada semana; tuvieron que conformarse con hablar por teléfono, luego desde la reja del asilo y finalmente pueden pasar a verla con varias medidas sanitarias para evitar riesgos.

“Ya pasaron casi seis años, la trajimos a esta residencia un día después de su cumpleaños. Ella tenía 82 años. Aquí se adaptó, está muy tranquila, muy animada. Cuando ingresó fue porque a principios de ese año, en 2015, estuvo muy mal de salud, la operaron por una estenosis pilórica, ya no la contaba. Tras la intervención quirúrgica, mi hermana Gloria se encargó de la recuperación, pero necesitaba más atención y aquí nos apoyaron mucho, con mucha paciencia y hoy se le ve mejor con atención las 24 horas al día”, cuenta Martín.

“Yo quisiera tener fuerza para atender a mi mamá”

Además de la operación del estómago, Cristina padece Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) que la llevaba a tener crisis frecuentes de tos, “a veces hasta por seis minutos, alguna vez hasta media hora, le cuesta mucho trabajo respirar, había crisis tremendas y aquí se ha controlado”, explica Gloria.

Al principio de la pandemia, Cristina preguntaba por qué ya no la querían sacar a pasear y era difícil explicarle que existía un virus. Eso hizo que los hermanos recordaran lo complicado que fue aceptar ingresarla al asilo. Después de su operación a principios de ese año, tuvo complicaciones, ella quería estar sola y como se negaban, pidió que la llevaran a un asilo.

“Yo no quise venir el día que la dejaron. Le preparé su ropita, pero nuestra generación no es de eso, yo quisiera tener fuerza para atender a mi mamá, pero apenas puedo conmigo, porque nosotros todavía somos de los que nos mandan y obedecemos y ahora que pasó la pandemia, le di gracias a Dios por tenerla aquí, porque la cuidaron”, cuenta Gloria entre lágrimas.

Gloria, Martín y Víctor también recibieron apoyo psicológico para entender que los adultos mayores necesitan atención especializada, cuidados que les permitan mejorar su calidad de vida. Después de la operación, Cristina pesaba 28 kilogramos, llegó al asilo de 32 kilos. “Se hizo chiquita, le daban poco tiempo de vida y lleva seis años aquí, con mejor peso, con rehabilitación, hace un año pasó su cumpleaños aquí, le hicieron pastel, partió piñata”.

Antes de la pandemia, los hermanos pasaban por su mamá tres días a la semana, para llevarla a comer a casa o a la iglesia. El Covid-19 acabó con eso y Gloria, Martín y Víctor tuvieron que acoplarse a las nuevas condiciones, que asumieron al pie de la letra para poder verla de nuevo y evitar contagios dentro del asilo.

A pesar de sus temores iniciales, los tres consideran que tomaron la mejor decisión posible, porque su mamá perdía independencia con gran velocidad, necesitaba apoyo y una atención completa y eso no significó alejarse de ella ni abandonarla. “Es muy duro al principio, por la cultura y la educación, yo sufría por la separación, pero hoy estoy tranquilo porque sé que está bien”, confiesa Martín.

Incipiente, la discusión sobre el cuidado del adulto mayor

Parte del sentimiento de culpa y abandono que sufren los familiares cuando llevan al asilo al adulto mayor, surge de la idea de que son los responsables de su cuidado, sin pensar que no están preparados para atenderlos de manera integral y que muchas veces pueden causarles más daño.

El especialista Hugo Aguado Fernández, colaborador de Acacias, residencia ubicada en Corregidora, Querétaro, agregó que para cada ingreso se pide una historia clínica del adulto mayor, para conocer las carencias y necesidades del paciente, para continuar con un periodo de prueba que puede ir de una semana a tres meses, a fin de determinar si la persona se adapta a la atención y si se tienen las herramientas para ayudarle.

“La función de cualquier centro geriátrico es muy complicado, más cuando se acepta gente con patología, no es lo mismo cuidar a un adulto mayor sano, que a un adulto mayor enfermo”, abunda el especialista, para quien es importante entender que hoy las condiciones exigen que se tenga un cuidado integral en esta etapa de la vida.

En parte, detalla, es que antes las familias eran más grandes y se acostumbraba que una de las hijas cuidara a los papás en su vejez, ahora las familias son más pequeñas y casi todos trabajan, así que o trabajas o cuidas a tu papá. A eso hay que sumar el desconocimiento que suele existir sobre las condiciones de la persona adulta mayor.

Por ejemplo, a veces llevan a una persona con diabetes, pero al hacer los diagnósticos adecuados se detectan otras condiciones como un trastorno neurocognitivo leve y eso pasa desapercibido para las familias porque deben trabajar, continuar con su rutina diaria y brindar un cuidado que se empieza a volver caótico conforme pasan los días.

La directora de Residencia Acacias, Carmen Jiménez Guzmán, resaltó que la población del asilo, mayoritariamente, sufre un trastorno neurocognitivo de leve a agudo y hay una población menor con gente consciente, pero con limitantes físicas que no pueden recibir la atención necesaria y suficiente por parte de sus familiares.

Carmen Jiménez advierte que apenas se empieza a hablar en México de la institucionalización de las personas adultas mayores, porque se cree que el cuidado le corresponde a la familia, aunque no siempre se le dé la mejor de las atenciones y muchos trastornos o problemas de salud no sean evidentes.

“En esos casos batallamos mucho más, porque a veces la familia no se da cuenta de que no comen, que no duermen, que tienen anemia, que tienen descuido en sus pies, en su piel, que se estriñen, que no descansan, necesitamos más información, más conciencia y preparación de las familias, porque muchos viven en el abandono, aunque estén con cuidadores o enfermeros”, insiste Jiménez.

“Es necesario entender el proceso fisiológico del adulto mayor”

Aguado Fernández resalta que la gente debe entender que una persona adulta mayor “va a ir para abajo en el deterioro de sus funciones” y muchas veces no les queda claro, así que tienen expectativas falsas sobre lo que va a suceder al recurrir a la ayuda profesional en un asilo.

“Hay gente que dice, después de 6 años: es que a mi papá lo veo más mal, pues sí, pero entró de 90 años y ahora tiene 96. Dicen: es que antes caminaba y era más lúcido, pero lamentablemente el adulto mayor vive un deterioro fisiológico global, empiezan a tener alteraciones de sueño, no tienen sed, aunque estén deshidratados. Ese es un proceso fisiológico común”, insiste.

Carmen Jiménez añade que en muchos casos la atención profesional tiene resultados muy positivos, porque algunos vuelven a caminar o a socializar con gente de su edad, así que sí hay mejoras cognitivas y en la motricidad.

Hugo Aguado puntualizó que hay personas adultas mayores que incluso piden que las lleven a los asilos, muchas otras “terminan haciendo aquí su casa. Algunos se adaptan aquí muy bien”.

Lo importante, agregan, es que las familias tomen decisiones adecuadas con base en sus propias realidades. “Si pueden pagar a un especialista que los acompañe en el día, está bien, si pueden traerlo a una institución especializada, está bien, pero que no esperan a que la situación los rebase ni se dejen llevar por las voces que cuestionan por qué lo llevan a un centro de atención”.

Aguado Fernández pidió a cada familia hacer un ejercicio de identificación de sus recursos familiares, económicos y de tiempo para determinar si pueden contar con el apoyo y las herramientas necesarias para cuidar al adulto mayor en su propia casa o si debe recurrir a una institución, siempre que se garantice la salud integral de la persona y sobre todo, el buen trato como se procura en las instituciones.

A seis años de que los hermanos ingresaron a su mamá, Martín reconoce que ella necesita atención las 24 horas al día, pero ninguno de los hijos puede darle ese tiempo porque deben trabajar. Lo intentaron, pero era muy complicado intentar turnarse entre los hermanos, como “si se tratara de una pelota”, cuando necesitaba un trato humano y digno, “como el que le brindan aquí”, remata Gloria.

“Nosotros amamos a mi madre, sólo ella sabe lo que está experimentando, pero la vemos bien. Mi mamá hoy ya nos recibe con una súper sonrisa porque sabe que no está sola, que si nos necesita nos contactan de manera inmediata, que estamos sus hijos para venir enseguida, que está bien cuidada, que esto no se debe tomar a mal porque es porque ella esté bien, nosotros tenemos que trabajar con todos los riesgos y ella está segura aquí”, concluye Víctor.

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