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Dunet: cuando la danza se convierte en ejercicio liberador, en herramienta contra el encierro

Historia: Patricia López Núñez/EnLaLupa.com

Dunet Pi Hernández lleva la danza en la sangre. Hija de bailarines cubanos que llegaron a Querétaro en 1992, decidió que la pandemia por Covid-19 no condenaría a sus alumnos a no poder bailar y convirtió sus salas, cuartos y espacios pequeños en un salón de danza que los llevó a ganar el tercer lugar del concurso coreográfico Dancecoreo International convocado por Lizt Alfonso Dance Cuba.

Llena de simbolismos que representan el tiempo, el encierro y el colapso de las almas de los bailarines, la coreografía “Confinados” es también un ejercicio liberador, donde los estudiantes se rescatan a sí mismos de las cuatro paredes en las que se encuentran, para utilizar su cuerpo como una herramienta contra el encierro, como un instrumento de esperanza.

“Confinados” es un ejercicio liberador, donde los estudiantes se rescatan a sí mismos de las cuatro paredes en las que se encuentran, para utilizar su cuerpo como una herramienta contra el encierro.

El baile se consolidó como un ejercicio liberador durante la pandemia, sostiene Dunet. En algunos países se hicieron coreografías en los techos de las casas y de los edificios, pero para muchos bailarines fue muy frustrante no contar con un espacio amplio, así que tuvieron que recurrir a la imaginación.

“No se había dado que pudieras tener una clase de ballet en tu cocina, en tu comedor, en el patio de la casa, que el perro se atraviese, que levantes la pierna y tires un florero, no habíamos concebido que podíamos entrenar de esa forma, nos dimos cuenta de que no hay límites, que todo es acostumbrarse y adaptarse a la situación, continuar ejercitando el cuerpo y dándole rienda suelta a las emociones”, afirma Dunet, quien también es profesora de la UAQ.

“40 días que se convirtieron en un año”

La profesora recuerda que un día se dio cuenta de la desesperanza de sus estudiantes porque el confinamiento se alargó por un año, así que empezó a planear videodanzas, proyectos que los unieran en favor del baile. Todos los bailarines de diferentes partes del mundo pasaban por lo mismo, era urgente exponerlo con el cuerpo.

“Estaba trabajando con los muchachos de manera virtual y los veía desmotivados, gente joven en una situación de pandemia y se veían cabizbajos. Se me ocurrió montar la coreografía inspirada en el confinamiento, me inspiré en la música de Coldplay con dos chelos, para hablar del tiempo, del encierro, del sentir que no te puedes trasladar. Uso la parte teatral, expresar con un monólogo cómo el tiempo es efímero, que pasa entre las manos, 40 días que se convirtieron en un año, con las almas de los bailarines colapsadas”, explica Dunet.

En un primer momento intentó grabar a todos los bailarines desde sus pantallas, pero el jurado de Dancecoreo no le permitió hacerlo con videodanza, así que grabó nuevamente con la presencia de algunos bailarines de la compañía universitaria “Fernando Jhones”, que fundó su padre, en las instalaciones de la academia Cubaladanza.

La coreografía logró el tercer lugar. “Un tercer lugar que me sabe a primero, porque es como ganar bronce en las Olimpiadas, porque participaron 200 coreografías, más de 600 artistas de México, de Estados Unidos, Cuba, Panamá, Haití, Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Venezuela, España, Alemania, Rumania. Hubo una gala que se transmitió, como si fuera la gala del Oscar, pero del ballet”.

Los estudiantes están felices, pretenden presentar la coreografía en el siguiente semestre en autocinema o en teatro, aunque dependerá del semáforo epidemiológico. Lo que le queda claro es que el ejercicio fue liberador y reencontró a los jóvenes con la danza.

Una herencia de danza

Dunet Pi es hija de dos bailarines cubanos que llegaron a Querétaro en 1992 invitados a formar una academia de danza, que se convirtió en la compañía de Ballet Clásico de Querétaro, al que se le agregó el nombre “Fernando Jhones”, en honor a su padre, quien murió en 2007.

Dunet con sus padres

La compañía quedó bajo la dirección de Dubia Hernández, con todo el repertorio clásico y se complementa con la academia Cubaladanza. Ambos espacios, la compañía y la academia, el taller de ballet de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) son semilleros importantes de bailarines.

A los 11 años bailando la variación de la alegría en Don Quijote

La compañía “Fernando Jhones” tiene presencia en la UAQ desde hace casi tres décadas. Fernando y Dubia, padres de Dunet, eran bailarines en Cuba. Fernando fue primer bailarín del ballet nacional de Cuba y Dubia era solista del ballet nacional de Cuba. Llegaron a los 38 y 40 años a este país.

Bailando la coreografía Mitades, a los 13 años

“Yo llegué a los 10 años a México, a Querétaro a los 11 o 12 años, en la UAQ entré a los 13 años con ellos (con sus padres) como alumna de la compañía y apoyándolos. A los 17 me contrataron en la UAQ como maestra, porque tenía una buena base de formación de Cuba, a la vez bailaba con la compañía, hasta que a los 24 años me hicieron primera bailarina con el ballet Giselle y estudiaba mi licenciatura en Docencia del Arte Escénico, después la maestría en arte Moderno y Contemporáneo y el doctorado en Artes en la Universidad de Guanajuato”, detalla.

Giselle II acto

Dunet es ahora directora artística de la compañía “Fernando Jhones”, pero no olvida las bases de sus padres, que llegaron a Querétaro cuando pretendían retirarse de la danza y convertirse en maestros. La UAQ los conoció, los contrató y les propuso hacer la compañía dentro de la universidad.

Ahora, como codirectora de la compañía, Dunet habla del compromiso de mantener la calidad en la enseñanza, de hacer la diferencia frente a muchas opciones que no tienen bases dancísticas fuertes.

Cisne negro

“Cada vez vienen más chavos de diferentes partes de la república a estudiar la licenciatura, porque somos la única universidad pública que tiene la licenciatura en ballet clásico, además del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), cada vez llegan más por el nivel”, añade.

El compromiso de la academia es brindarles las bases metodológicas a los bailarines y garantizar un buen nivel de danza, para que cada generación tenga una calidad muy alta y sea capaz de demostrarlo en escena.

En las calles de La Habana

Su segundo compromiso, es mantener viva la llama de la danza en los estudiantes, mantenerlos motivados y comprometidos con su propia formación, sobre todo después de los 40 días de pandemia que se volvieron un año, para que todos sepan que “no pasó en balde todo este tiempo, fue aprendizaje que se queda para siempre”.

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